Layla no hizo comentarios hacia la prensa, simplemente caminó hacia su auto, el cual no tenía permiso de transitar. La mujer vio al general encargado de dicha decisión y se acercó a él. El hombre realizó un saludo militar y ella preguntó: —¿Puedo ir a casa, con mi marido? —Señora, no tengo autorización para permitir la movilización hacia el palacio. —Yo soy su superiora, así que puede escoltarme o puede despedirse de su cargo. Layla le hizo una señal al chofer para que saliera del auto, tomó asiento y reajustó la silla y los retrovisores. Viaje le advirtió que podía ponerse en riesgo, pero ella lo ignoró. En su lugar, abrió la puerta del copiloto para él y se ajustó el cinturón de seguridad. —Majestad… al rey. —Vijad, que te quede muy claro; yo soy tu reina, trabajas para mí y, lo más

