Regreso a la oficina y llamo a Eriko, necesito hablar con él. Acordamos vernos en la tarde y me siento algo aliviada, la conversación con Oliver me dejó en una nube, pero aún tengo mucho qué pensar. No sé si creer su arrepentimiento sincero y de cierto modo, por mí busco ese trabajo nuevo, pienso. —¡Miranda! —dice César desde la puerta de mi oficina. —¿Si? —Necesito que vengas a mi oficina —me dice serio. Sigo a César y me pregunto de qué va todo. Tengo miedo por un momento, César no sabe de Oliver y de mí, mentí a Daniela sobre mi sexualidad para que no hiciera escándalo por haberlo llevado a San Martín, ahora César sabe una parte de la verdad y Daniela, sabe otra información, comienzo a sudar y maldigo mi torpeza. Si hablaron entre ellos, saben todo, no me importa lo que opine César,

