CAPITULO V - APRENDER A PERDONAR (primera parte)

2388 Words
Valentín se despertó al otro día luego de que un balde de agua helada le impactara en el rostro, por "suerte" se había dormido en el suelo, así que no se mojó la cama, abrió los ojos lentamente, porque sentía que se le partía la cabeza. - ¡Qué bonito! – una mujer un poco mayor que él le hablaba desde arriba – el señorito viene después de tantos años y lo primero que hace es emborracharse – lo golpeó suavemente con una toalla – arriba y a bañarse así se saca la resaca – Valentín no sabía que decir, aun sentía el cerebro dormido, y un dolor le martillabas las sienes de manera constante y brutal - ¿Se quedó sordo? ¡Arriba! – le gritó ocasionando que el dolor de su cabeza fuera mayor todavía. - Ya – dijo sentándose como pudo, y con un hilo de voz, el más mínimo esfuerzo le representaba más dolor, juró en ese momento no volver a emborracharse jamás – pero deja de gritar que me duele la cabeza. - Pobrecito le duele la cabeza – dijo la mujer y comenzó a golpear un cucharón en un tapa metálica cerca de su oído, logrando que corriera al baño para alejarse del ruido – se apura que el desayuno está casi listo – le gritó antes de salir de la habitación. Valentín se metió bajo el chorro de agua caliente y se quedó unos minutos allí, definitivamente esa era la última vez que bebía en su vida, se sentía fatal en todas las maneras posibles. Al terminar se observó al espejo, la barba comenzaba a asomarse pero no iba a afeitarse, no tenía ganas y Victoria ya no estaba para quejarse de que la pinchaba, se deprimió un poco más al darse cuenta de ese pequeño detalle. Antes de poder vestirse y bajar tuvo que vomitar todo el contenido de su estómago y con eso se sintió un poco mejor, al salir del baño notó que había ropa en la cama, lo cual agradeció porque él no tenía nada. Se vistió, solo con un pantalón, y bajó, afuera estaba soleado y la vista que le ofrecían las ventanas era preciosa, pero él no tenía ánimos de disfrutarlo, simplemente quería dejarse morir en aquel lugar que tantos malos y amargos recuerdos le traía – ya era hora – dijo la mujer cuando apareció en la cocina, a pesar de que no la veía desde que era un niño la reconoció en seguida, no dijo nada solamente sonrió y se sentó en su lugar – no has cambiado nada – le dijo ella mirándolo unos minutos – si estas más alto y grande – dijo acercándose a él – y viejo – le dijo divertida – pero esos ojitos y esa sonrisa siguen igual – se abrazaron fraternalmente. - Vos estas más gorda – le dijo ganándose un golpe en el hombro – y mucho más vieja que yo. - Es que aquí disfrutamos de la vida no como en la ciudad que todos se preocupan por la apariencia. - Yo nací perfecto, no me preocupo por como luzco – dijo altanero logrando que ella riera. - Cuando te reís te pareces mucho a tu abuelo – le dijo con melancolía, el suspiró. - Eso dicen – comentó desviando la mirada, y sintiendo la amargura que lo llenaba cada que vez que lo recordaba - ¿Cómo te ha tratado la vida Raquel? – cambió de tema inmediatamente, ella comenzó a servirle el desayuno. - Bien – le dijo sonriendo – me casé, tengo dos hijos hermosos, que me hacen renegar de vez en cuando pero son buenos chicos. - Me alegro – dijo él sintiéndose feliz porque una de sus pocas amigas tuviera una vida plena. - Me dijo mi papá que tenés siete hijos – le comentó, Valentín asintió sin mirarla a los ojos - ¿Cuándo llegan así preparo las cosas? – un largo suspiró fue todo lo que obtuvo de su viejo amigo – ya suponía que no iban a venir, le dije a mi viejo pero él insistió en preparar todo para los niños, está eligiendo a los caballos más mansos para que aprendan a montar si quieren. - No van a venir por ahora – dijo sin mirarla. - Para mí fue muy obvio cuando te encontré desmayado en el piso, ¿Qué hombre viaja tantas horas solo, para emborracharse en un lugar al que no venía en años? en mi experiencia eso significa que tu esposa te dejó. - Que observadora – dijo él con una amarga sonrisa. - ¿Y qué hiciste? – le preguntó seria. - Simplemente asumís que yo hice algo, ¿Por qué no pudo ser ella? – dijo haciéndose el ofendido, la mujer sonrió. - Porque el que está solo y con resaca eres tu – dijo segura, él bufó. - No quiero hablar de eso – dijo y se dedicó a comer su desayuno. - Buenos días mi reina – un hombre mayor que Valentín ingresó al lugar, era de gran contextura y se notaba que trabajaba en el campo por como su piel lucia, la saludó con un beso en los labios y luego situó su vista en Valentín, que desayunaba ignorándolos, pero el esposo de Raquel no pudo dejar de notar que su mujer estaba en presencia de un hombre semi-desnudo y para su desgracia bastante guapo. - Cariño – dijo ella alegre notando como su esposo miraba a su jefe – él es el dueño de todo, el famoso Valentín Guzmán – cuando Valentín escuchó su nombre elevó la vista y se encontró con unos penetrantes ojos negros que lo miraban algo molestos, le sonrió nada más y se limpió las manos antes de saludarlo – Valentín él es mi esposo David – siguió ella – él se encarga de los animales y los campos. - Un gusto David – dijo Valentín poniéndose en pie y estirando la mano hacia el hombre que la estrechó con algo de recelo – gracias por cuidar todo tan bien. - Es mi trabajo – dijo David con amabilidad – cuando quiera le muestro todo. - No hay apuro – dijo Valentín volviendo a su comida – el campo no es lo mío en realidad. - ¿Y qué es lo tuyo? – preguntó algo molesta Raquel, Valentín lo meditó unos segundos, ya que realmente no había encontrado nada que lo apasionara, salvo las peleas, la fotografía o tocar la guitarra, pero Armando no consideraba apropiado que un hombre no trabajara y mucho menos el esposo de su hija, así que para evitar reclamos había fundado esa compañía, pero el realmente solo figuraba como el dueño y ponía la firma cuando era necesario, porque no se hacía cargo realmente de nada. - No quieres saberlo – le dijo luego de meditarlo. - El señor se cree demasiado importante para ocuparse del negocio que su familia tiene desde hace siglos y que le permitieron vivir como un rey toda la vida sin mover un dedo – dijo indignada, ella no podía concebir que Valentín despreciara años de trabajo y el legado familiar de esa manera. - No todos nacimos para el campo – dijo él algo molesto también. - Se nota que te falta madurar muchísimo – le dijo ella y Valentín golpeó la mesa sobresaltando a ambos. - Vine aquí para estar tranquilo así que avísame si vas a seguir con los sermones para que me busqué un hotel – le dijo elevando algo el tono de voz y se retiró. - Que carácter – dijo ella a su marido – le hace falta un buen tirón de orejas, con razón la mujer lo dejó. - ¿Lo dejó? – preguntó su esposo que nunca se negaba a un buen chisme, ella asintió y le contó lo poco que sabia y lo mucho que deducía. Valentín se fue a dormir de nuevo, pasó la siguiente semana encerrado en la habitación, Raquel le dejaba una bandeja de comida en el pasillo, pero no volvieron a dirigirse la palabra, él no quería hablar y ella estaba molesta. Despertó una noche y sintió que ya no quería estar más tiempo encerrado y sintiendo pena de sí mismo. Bajó las escaleras lentamente, y a medida que lo hacía escuchaba voces y sonidos extraños, al llegar a la sala vio que el enorme plasma que colgaba en la pared mostraba un juego de carreras, suspiró y se acercó, en el piso, frente al sofá divisó a un par de niños que jugaban hipnotizados, sin notarlo, carraspeó y ellos voltearon unos breves segundos a verlo y luego siguieron jugando como si nada, así que se dirigió a la cocina de dónde provenía un aroma exquisito. - Señor – dijo Ramón con una sonrisa - ¿si va a cenar con nosotros hoy, verdad? – le preguntó emocionado. - Si no es molestia – dijo Valentín mirando a Raquel que lo ignoraba. - Claro que no – dijo el hombre – si es su casa ¿Cómo nos va a molestar? - A tu hija no le caigo bien – dijo y Raquel sonrió sin querer hacerlo, no podía pasar mucho tiempo enojada, y tenía cierta debilidad por su amigo de la niñez. - Porque le gritaste – dijo el hombre – y la pobre es un poco malcriada y consentida – los dos rieron. - La mesa está lista – dijo David ingresando - ¿durmió bien? – le preguntó a Valentín. - Si – dijo él – ahora tengo hambre. - Vamos a comer entonces – dijo Raquel - ¡niños! – gritó llamando a sus hijos y no obtuvo respuesta – si no apagan eso y vienen ya, después no se quejen – los amenazó desde la puerta y los niños inmediatamente apagaron el juego y se dirigieron a la mesa – Valentín ellos son mis hijos – señaló a dos adolescentes que se sentaban mirando al extraño que estaba en la mesa – él es Daniel – señaló al mayor – tiene 18 años y es un desastre – el chico frunció el ceño – y él es Andrés – el otro niño de unos quince años – también es un desastre y les encanta pasarse el tiempo libre jugando en tu sala con tu televisión – los niños se sorprendieron – niños él es el señor Valentín, el dueño y señor de todo y no le gusta que toquen sus cosas – les dijo seria, Valentín no dijo nada, la verdad no le molestaba para nada que los niños jugaran, pero al parecer su madre quería asustarlos. - Lo sentimos mucho señor – dijo el mayor, Valentín rió. - No hay problema – dijo divertido – pueden jugar todo lo que quieran siempre y cuando no molesten cuando yo duerma – los niños sonrieron y se burlaron de su madre que miró molesta a Valentín – no te enojes que son chicos y no tienen otra cosa para hacer. - Tienen que estudiar – dijo ella indignada. - Claro – dijo Valentín – pero pueden hacer las dos cosas. - ¿Cuántos años tienen tus hijos? – preguntó ella mientras comían. - Elena tiene 15 recién cumplidos – dijo y observó la reacción de los adolescente que sonrieron – y ahí si se aplica lo que su madre les dijo sobre lo que me pertenece – les habló serio – Alicia tiene 13 años, Emilia 11, Matilda y Manuela 9 años, Candela 5, a punto de cumplir 6 y Bautista todavía no nació – completó con marcada tristeza, los demás hicieron silencio – va a nacer el mes que viene – dijo algo ilusionado – por fin un hijo varón después de tantas niñas. - Felicidades – dijo David para romper un poco el ambiente que se estaba instalando, Valentín le sonrió agradecido, pero sus ojos estaban tan apagados que no podían ocultar su pesar. - ¿Y tus hijas juegan a los vídeos y estudian al mismo tiempo? – preguntó Raquel intentando animarlo también, él lo pensó. - Elena odia esas cosas – dijo melancólico – es excelente en todas las materias, toca el violín perfectamente, habla tres idiomas, practica natación y equitación – se llenó de orgullo al hablar de su hija mayor – es perfecta – dijo a la mesa que asintió queriendo saber más – Alicia es más rebelde, ella está más preocupada en la moda y los chicos que en la escuela, pero no reprueba nunca, o por lo menos yo no me entero – dijo reconociendo que que no entendía muy bien como eso sucedía – Emilia es un desastre, ella heredó todo lo malo de mi esposa y de mí, se pelea, se copia, maltrata a sus compañeros, no cumple con los trabajos, Victoria y yo tenemos que hacer grandes donaciones todos los años para que no la expulsen del colegio, pero no podemos cuestionarla, nosotros dos nunca fuimos los alumnos ejemplares ni mucho menos. - ¿Por qué no me sorprende saberlo? – dijo Raquel riendo, Valentín elevó los hombros. - Las mellizas son algo extrañas – dijo él – estoy seguro que se meten en problemas porque son traviesas, pero siempre consiguen la manera de salir bien paradas, la gente no puede enojarse con ellas. Y Candela es – pensó como definir a su pequeña hija – es un genio – dijo sin más y todos de sorprendieron – su maestro del jardín de infantes nos dijo que podía estar en cuarto o quinto de primaria pero ella prefirió quedarse con sus compañeros, y en mi opinión lo hizo porque le encanta dirigirlos y tener un ejército de niños haciendo lo que ella les ordena. - Guau – dijo Raquel – se nota que tenés una familia maravillosa – le dijo con muchas ganas de conocer a esas niñas - ¿y tu mujer? – Valentín suspiró y sintió una puntada en el pecho. - Se llama Victoria – dijo sin mirar a nadie – y es la mujer más perfecta y maravillosa del mundo – sonrió amargamente – y me odia – todos se miraron. - Niños vayan a hacer las tareas – dijo la mujer a sus hijos y ellos se retiraron.
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