CAPITULO VIII - PUNTO DE PARTIDA

3731 Words
- ¿Qué necesitas? – Valentín abrió la puerta a Casandra en la mañana del día domingo pero sin dejarla pasar, ella le sonrió y se metió igual. - A mí también me da gusto verte – dijo con sarcasmo mientras inspeccionaba el lugar, estaba lleno de juguetes y ropa por toda la sala y la escalera que llevaba a la planta de arriba – me gusta tu casa – dijo sonriendo, el bufó. - Si venís a burlarte por lo que hicieron Victoria y Luciano, guardatelo – dijo comenzando a recolectar un poco el desorden – mis cuñados y sobrinos ya se aburrieron de hacerlo. - No tengo que burlarme de vos – dijo ella sin mover un dedo – el aspecto miserable que tenés es más que suficiente – dijo con malicia - ¿hace cuánto no te afeitas? - No es tu asunto – dijo sin mirarla – tengo muchas cosas que hacer – dijo sin ninguna paciencia - ¿Qué querés? - Ayudarte – le dijo y el simplemente sonrió. - No necesito tu ayuda, gracias – dijo él. - A mí me parece que si – dijo ella – por empezar deberías contratar a alguien para que limpie este lugar – señaló el desorden que los rodeaba – tengo una muy buena agencia – él la ignoraba – mujeres muy bonitas. - Nada de mujeres – dijo tajante y la rubia rió. - ¿Estas por explotar verdad? – le dijo divertida, la observó con el ceño fruncido - ¿hace cuánto que no estas con una mujer? - No es tu asunto – dijo serio – no molestes por favor. - No puedo evitarlo – dijo ella – pero me parece muy noble de tu parte que te abstengas, así no seguís sumando puntos negativos con Victoria. - Si, si – dijo el sin ánimos de seguirla escuchando. - Lo que tenés que hacer es sumar puntos positivos – siguió Casandra - ¿Cómo vas con eso? – Valentín la miró. - No sé de qué hablas – dijo confundido. - ¿Qué estrategias estas usando para que mi amiga te perdone y vuelva a caer rendida a tus pies? – él se rascó la cabeza pensando que decir. - No la molesto – dijo tímidamente. - Es el mejor método si querés que Victoria piense que pasas de ella y te interesa menos que esta mesa – golpeó el mueble con la mano - ¿eres o te haces? - No sé qué hacer – dijo sintiéndose atacado – no quiero acosarla ni presionarla. - Ignorarla no es la solución, ella cree que ya no estas interesado – Valentín suspiró. - ¿Qué hago? – preguntó luego de analizarlo unos minutos, Casandra le agradaba pero no confiaba en sus métodos, la rubia sonrió con malicia. - Tenés que hacer lo que yo te diga – dijo seria – sin peros. - Está bien - dijo él. - ¡Sácate la ropa y hazme tuya ahora mismo! – Dijo con dramatismo, el hombre abrió la boca incrédulo y ella rió – tendrías que ver tu cara – le dijo secándose las lágrimas de sus ojos. - Estás completamente loca – dijo él sonriendo aliviado - Vamos a comenzar entonces – dijo ella – podrías hacerme un café para que termine de despertarme. - ¿Se divirtieron anoche? – preguntó entrando a la cocina. - No sabes cuánto – dijo la rubia – los strippers que contratamos estuvieron geniales, lástima que tu mujer se quedó con los dos mejores, como siempre – le mintió y notó como Valentín se tensaba – es tan divertido hacerte enojar. - Tu sentido del humor no es nada divertido – dijo él. - Para mí si – dijo ella – empecemos entonces, punto número uno contratar una mujer bonita para limpie el lugar – Valentín quiso protestar – bonita y lesbiana – aclaró y él asintió – desde que tu vídeo salió a la luz que las mujeres heterosexuales mueren por una sesión de sexo con vos y no quiero arruinar más las cosas con Victoria, solamente ponerla un poquito celosa. - No sé si sea buena idea – dijo él. - Vos no tenés que pensar, solamente hacer lo que te digo – siguió ella de forma autoritaria – segundo punto, tenés que demostrar que seguís interesado pero de forma sutil. - ¿Yo, sutil? – dijo él. - Lo primero que tenés que hacer es golpear a Luciano – Valentín sonrió ante la idea – pero no buscarlo vos, deja que él te provoqué y yo me encargo que ella se entere. - Muero de ganas de golpearlo – dijo Valentín – pero no quiero más problemas, a Abel no va a gustarle que golpeé a su hijo – Casandra rió. - Abel te pagaría porque lo golpees – dijo segura – no sabe cómo ponerle límites y le encantaría que lo pusieras en su lugar. - Tendría que pensar cómo hacerlo – dijo él. - Yo me ocupo – dijo ella – vos prepárate para darle una lección a ese mocoso. - Yo estoy listo y deseoso no te preocupes – dijo con media sonrisa en el rostro. - Sigamos – dijo la rubia emocionada – tenés que pasar más tiempo cerca de Victoria, y tratarla con una mezcla de indiferencia e interés. - Simple por favor – pidió, Casandra blanqueó los ojos. - Por ejemplo – dijo la rubia armándose de paciencia – si vos vas a tu casa a cenar esta noche y ella esta hermosa, tenés que hacerle saber que te gusta mucho lo que ves, pero sin ser demasiado obvio, sutil. - La palabra sutil no va conmigo – dijo serio – estoy tan al límite que si Victoria cruza esa puerta luciendo un pijama de ositos me le tiro encima como un animal – Casandra rió. - Eso también puede servir – dijo sonriendo – voy a arreglar para que te invite a cenar a casa esta noche, arréglate y ponte lindo – le dijo sonriendo y se fue, Valentín suspiró y siguió levantando un poco el desastre que sus hijos menores y Enzo habían dejado. - Mamá – Elena se dirigió a su madre que terminaba unos trabajos en su computadora – me salió mucha comida y tenía pensado invitar a papá a comer – dijo sin mucho interés, Victoria no le prestó atención, realmente no la estaba escuchando - ¿no te molesta verdad? - No amor, para nada – dijo nada más. - Tendrías que cambiarte – dijo acercándose a ella que todavía llevaba su pijama – viene el maestro de Candela también ¿te acuerdas? - La verdad no sabía nada – dijo Victoria cerrando los archivos. - Si – dijo Elena – y creo que viene Enzo también, el amigo de papá. - Si sé quién es Enzo – dijo ella - ¿vos crees que son novios? – le preguntó y su hija sintió que si fuera una caricatura su quijada habría golpeado el piso. - No son novios – dijo algo consternada – no sé de donde sacas esas ideas – no podía creer que ella pensara eso con la vida s****l que ambos llevaban, pero sus padres no se caracterizaban por pensar demasiado, así que solo suspiró y se retiró a seguir con la comida. Victoria se dio un baño y al salir encontró un vestido sobre su cama, lo consideró extraño, además no tenía ganas de buscar otro, se cambió y Alicia ingresó con Candela en brazos que apenas vio a su madre se le colgó del cuello. - Mi bebita hermosa – dijo besando a la niña por todo el rostro - ¿lo pasaron bien con papá? – Candela solamente asintió sonriendo, pero aun no emitía palabra. - Siéntate – Alicia la guió hasta su tocador y la hizo sentar – te voy a peinar un poco – Victoria se dejó hacer mientras jugaba con Candela – lista – dijo Alicia admirando a su madre – ahora un poco de mascara para las pestañas – le colocó el producto – rubor – hizo lo propio – y brillo para labios – eso se lo colocó Victoria – ahora vamos a comer que muero de hambre – tomó a su hermana y salieron de la habitación. Victoria pasó por la habitación de Bautista y luego de controlar que estaba bien bajó las escaleras sin darle mucha importancia a su apariencia, pero se veía realmente bien, sus hijas habían elegido un hermoso y elegante vestido azul oscuro con algunos detalles en plateado, con el largo y el escote justos para hacerla lucir sexy y sofisticada al mismo tiempo. Valentín se encontraba en la entrada del comedor y apenas la vio sintió que le faltaba el aire, estaba bellísima y no dudo en recorrer su cuerpo entero, sin ningún pudor, Victoria sonrió por dentro, no se esperaba esa mirada pero le daba gusto saber que no le era tan indiferente y tampoco pudo evitar notar que el mismo estaba muy guapo, con un pantalón de jean semi-oscuro y una camisa blanca que lucía increíblemente bien sobre su escultural cuerpo, se acercó a él para saludarlo. - Hola – le dijo con timidez, pero Valentín se había quedado tan embobado que no podía articular palabra, ella lo observó extrañada – por lo menos me podes saludar – dijo algo molesta y él volvió a la realidad, le sonrió encantadoramente. - Hola – le dijo con dulzura y se acercó a ella, la rodeó por la cintura con delicadeza y besó su mejilla - ¿Cómo estás? – Victoria estaba roja como un tomate, Valentín la desconcertaba totalmente y ese simple contacto le había hecho sentir miles de millones de mariposas en el estómago. - Muy bien ¿vos? – le dijo cuándo la soltó, aunque ella quería seguir respirando de su aroma tan varonil que le nublaba todos los sentidos. - Ahora mucho mejor – le dijo con su típica media sonrisa y le guiñó un ojo para luego dirigirse al comedor de la casa. - Dichosos los ojos que te ven – dijo Enzo cuando ella apareció – eres una visión. - Gracias Enzo – dijo algo avergonzada – te ves muy bien también. - Si – dijo el chico – nací perfecto y no puedo evitarlo – ella rió y Valentín bufó. - Pasemos a la mesa – Elena ingresó con la comida y todos se ubicaron en sus lugares. - Pensé que venía el maestro de Candela – dijo Victoria a su hija que elevó los hombros. - ¿Por qué vendría el maestro de Candela? – dijo Emilia fingiendo no saber de qué hablaba. - No sé – dijo Victoria confundida – me pareció que Elena me lo dijo. - Te dije que mañana tenés reunión con él – dijo su hija – no que venía hoy. - Entendí mal – dijo la mujer sonriendo - ¿Cómo estuvo el fin de semana? – preguntó a las mellizas y le contaron todo lo que habían hecho en casa de su padre. Siguieron la cena en medio de historias y risas, realmente la tensión entre Valentín y Victoria era casi nula, y sus hijas y Enzo ayudaban a ello. - Nosotras cocinamos, vos lavas – dijo Elena al terminar, las mellizas y Candela ya dormían. - No hay problema preparen sus cosas para el colegio – dijo Victoria comenzando a recoger la mesa, Valentín y Enzo se quedaron en la mesa y luego de unas miradas el enfermero entendió que era su momento de hacer su salida. - Aprovéchalo – le dijo a Valentín en un susurro mientras salía de la casa. El hombre recogió las cosas que faltaban y fue a la cocina, Victoria estaba lavando platos tarareando una melodía y moviéndose al compás, y la imagen le pareció absolutamente tentadora, se acercó a ella y la sujetó de la cintura haciéndola girar y elevándola en el aire, sujetó su mano y comenzó a bailar. - Pensé que no sabías bailar – dijo ella sin dejar de reír. - Nunca dije que no sabía – dijo el sin dejar de moverse – simplemente no me gustaba hacerlo. - Oh – dijo ella - ¿y ahora? - Ahora me doy cuenta que a vos te gusta mucho bailar, en realidad siempre te gustó – la depositó en el piso, y ella asintió – lo cual reafirma lo egoísta que fui durante nuestro tiempo juntos. - Realmente la vida de campo te hizo bien – dijo sin poder creer que el hombre que estaba frente a ella era el mismo que tantas veces la había lastimado, él sonrío. - Muchísimo – dijo él y le besó la mano – y es por eso que sé que nuestra relación fue de un solo lado casi todo el tiempo – ella lo observaba interesada – siempre se trataba de hacer lo que a mí me gustaba o dejar de hacer lo que no me gustaba. - Es verdad – dijo ella. - Pero si me dejas, quiero cambiar eso – ella entrecerró los ojos – empecemos de nuevo mi amor – le dijo casi suplicando – déjame intentar hacer las cosas bien desde el principio. - No entiendo – dijo ella algo confundida, el rió. - Nuestra relación nunca fue normal – dijo él – cuando ambos nos dimos cuenta de que queríamos estar juntos yo estaba en un reformatorio – ella asintió recordando – tuvimos unos malos entendidos que llevaron a que el día que salí vos me encuentres en la cama con otra. - Para variar – dijo ella con sarcasmo. - Pero inmediatamente después de eso nos confesamos nuestro amor y comenzamos un escandalosa, alocada y lujuriosa relación – ella elevó una ceja – no me estoy quejando – dijo sonriendo – vos sabes que cualquier cosa que signifique tenerte desnuda en mis brazos me encanta, pero nunca hicimos cosas de novios, ni una cita, ni nada. Después lo del secuestro, mi amnesia, y todo lo demás. - Creo que sé a dónde estás yendo – él le guiñó un ojo. - Intentemos salir como una pareja normal, como si recién nos conociéramos y dejemos que las cosas fluyan. - Va a ser difícil porque tenemos siete hijos juntos – dijo ella sin darle mucho crédito a la propuesta. - Pero podemos pretender que somos un hombre y una mujer que se gustan y comienzan a salir – elevó los hombros y le suplicó con la mirada – no perdemos nada con intentar. - ¿Vamos a salir en citas de verdad? – Dijo algo emocionada - ¿y vas a intentar conquistarme y enamorarme? – él asentía notando el brillo en sus ojos. - Te voy a demostrar que cambie y que puedo ser el hombre de tus sueños otra vez – le dijo de manera dulce abrazándola por la cintura, ella rodeó su cuello y Valentín aprovechó para acercarla más a su cuerpo, pegándola por completo a él y Victoria pudo notar la prominente erección que su esposo tenia – ignóralo es involuntario a estas alturas – dijo algo apenado. - ¿Involuntario? – preguntó fingiendo estar ofendida, él pensó como corregirse. - Amor – le dijo con ternura – vos sabes lo que producís en mi – ella asentía divertida, pero sin separarse – pero en estos momentos estoy en algo así como una crisis. - ¿Una crisis? – le preguntó y lo observó con falsa inocencia mordiéndose el dedo, de una forma que sabía lo volvía loco, el abrió los ojos de par en par y buscó refugio y cordura en el techo de la cocina. - Si chiquita – dijo y le sujetó la mano que juguetonamente acariciaba su torso – y no me estas ayudando a contenerme. - Ya no eres un adolescente Valentín – lo regañó burlona – deberías controlar tus impulsos – él la miró elevando una ceja. - Cuando vos llegues al tiempo que llevó yo en abstinencia me avisas si te podes controlar – le habló sobre el rostro con la voz ronca, demasiado erótica, ella sintió que las piernas le temblaban y cerró los ojos unos segundos. - No pensé que vos conocieras la palabra abstinencia – dijo ella cuando se recuperó. - Mi amor – le acarició el rostro con el dorso de su mano, ella seguía con los ojos cerrados y ese simple contacto le hacía hervir la sangre – yo por vos soy capaz de cualquier cosa, y si tengo que esperar años antes de volver a hacerte el amor lo hago – ella lo observó fijamente – tengo dos manos y una potente ducha de agua fría – le dijo sonriendo, Victoria sintió que se moría de amor en esos momentos, pero tenía que ser fuerte no se lo iba a poner tan fácil, si no el volvería a hacerlo – me voy a casa, después te llamó para arreglar nuestra primera cita – le besó la frente y salió antes de tomarla en la cocina sin importarle nada más. Victoria se quedó paralizada unos instantes, analizando si salir corriendo detrás de él, pero cuando estuvo a punto de hacerlo sus hijas mayores aparecieron por otra puerta. - Ni se te ocurra – le dijo Emilia y Victoria se quedó quieta – él es muy dulce y te morís de ganas de que vuelvan a estar juntos, pero tenés que ser más fuerte mamá. - Déjalo que se esfuerce una vez en la vida – le dijo Alicia – siempre lo tuvo todo demasiado fácil y por eso era como era. - Además sería una ofensa a todas las mujeres que fueron engañadas alguna vez que vos caigas en la primera – dijo Elena – a pesar de que la mayoría de los hombres no son tan lindos o encantadores como papá, pero tenés que ser fuerte. - El hombre tiene que sufrir – dijo Emilia imponente y ella asintió, le parecía vergonzoso que sus hijas tuvieran que controlarla, pero agradecía que fueran su cable a tierra. - Vamos a hacer que sufra entonces – dijo sonriendo y retomó su tarea en la cocina. A pesar de que eso de las citas no estaba en los planes de Casandra, decidió utilizar la impulsividad y creatividad de Valentín. Lo primero que hizo fue prohibirle que la llamara el lunes a primera hora como el pretendía, tenía que ponerle un poco de suspenso a la cita. Victoria no esperaba ansiosa la llamada el día lunes, pero cuando se terminó el martes y no tenía noticias todavía comenzó a impacientarse. Recién el miércoles por la tarde, Casandra "autorizó" a Valentín a llamarla, él estaba prácticamente desesperado, no había planeado muy bien que harían pero quería llamarla. - Hola – dijo ella tímidamente, intentando ocultar la emoción que le producía el llamado, sonando lo más indiferente que podía. Estaba en una reunión con Abel y su padre por lo que se alejó de ellos al ver el nombre de Valentín en la pantalla. - Hola – dijo él totalmente emocionado y nervioso, tal vez era ridículo estar nervioso, puesto que habían hablado por teléfono cientos de veces, pero no podía evitarlo - ¿Cómo estás? - Bien – dijo ella mientras se mordía el dedo, señal de que estaba nerviosa - ¿vos? - Muchísimo mejor ahora – dijo sincero, no entendía muy bien porque había obedecido a Casandra para esperar hasta el miércoles para llamarla, pero ya estaba hecho - ¿estas ocupada? - No mucho – dijo observando desde el balcón a su padre y amigo que la miraban sospechando algo – solo una reunión con papá y Abel, rutina. - Te llamo más tarde si querés – dijo él pensando que estaba molestando. - No hace falta – dijo rápidamente ella – pueden esperar unos minutos – Valentín sonrió. - Está bien – dijo con optimismo - ¿salimos el sábado? - Depende – dijo ella - ¿A dónde? - Eso sería una sorpresa – dijo él, aunque en realidad todavía no lo tenía definido – pero creo que te va a gustar. - ¿A qué hora? – dijo ella dudando, ya no sabía si era una buena idea, le daba miedo volver a equivocarse con él. - Te busco tipo ocho ¿te parece? – preguntó cruzando los dedos. - Tengo organizar quien va a cuidar a los niños – dijo ella – si les digo que es para salir con vos van a ser poco los voluntarios – Valentín suspiró, ya se lo imaginaba, pero afortunadamente Casandra había pensado en eso también. - Yo lo arreglo – dijo él, no muy convencido, no consideraba que Casandra fuera una buena influencia para sus hijas, pero no tenía otra opción, confiaba en que la mujer evitaría llenar la cabeza a sus pequeñas con sus ideas liberales con respecto a los hombres y el sexo, de solo pensarlo se estremeció. - ¿Alguien de confianza? – preguntó ella, él lo meditó y una idea surgió en su mente. - Muy de confianza – dijo sincero - ¿es una cita? – ella lo pensó unos segundos mordiéndose el labio, no perdía nada con salir en una cita con él, si no le gustaba como iba la cosa se subía a un taxi y volvía a casa. - Es una cita – dijo seria, sin ninguna emoción y él lo notó, pero no se desanimó ella tenía derecho a dudar y preocuparse por cómo se darían las cosas, era su trabajo despejar las dudas y la desconfianza. - Genial – dijo alegre – te veo el sábado preciosa, vuelve a trabajar. - Nos vemos – dijo ella y colgó, luego de un gran suspiró volvió a la oficina, Abel y Armando la observaban esperando una explicación – vamos a salir el sábado – dijo volviendo a su lugar, ninguno de los dos dijo nada – como en una especie de primera cita – Abel asintió y Armando sonrió levemente retomando la lectura de los papeles que tenía en su mano – es tan extraño – pensó en voz alta, los hombres no comentaron nada, preferían guardarse sus opiniones hasta saber de qué iba todo el asunto.
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