- No quiero volver a casa todavía – le dijo finalmente, confiaba en sus hijas y no quería que Valentín armara un escándalo al ver que tenían una fiesta, él la observó con media sonrisa.
- ¿Querés conocer mi casa? – preguntó cruzando los dedos porque ella aceptara, Victoria se sorprendió por la pregunta pero al ver la hora y notar que eran las tres de la madrugada no tuvo más opción que aceptar, sin dejar de pensar que era una muy mala idea. La casa de Valentín era en realidad un departamento de dos plantas ubicado en el centro, en un lujoso edificio ultra moderno que la constructora de Victoria había hecho. Estacionó el coche y bajaron, todo en silencio, se podía cortar el aire de la tensión que había. Él estaba emocionado por volver a estar a solas con ella, y ella tenía miedo por estar a solas con él. Ingresaron al lugar, lo conocía de fotos, y porque lo había diseñado, pero le gustaba la decoración que tenía - ¿te gusta? – le preguntó, ella se acercó al gran ventanal por donde se veía la ciudad iluminada y hermosa.
- Es genial – dijo ella – como todo lo que hago.
- Es verdad – le respondió sonriendo – la vista es increíble.
- Esa era la idea – dijo orgullosa de su trabajo.
- ¿Vino? – le ofreció, ella lo pensó.
- No, ya bebí demasiado por hoy – dijo sonriendo – vamos a ver arriba – dijo emocionada y subieron las escaleras.
- Son tres habitaciones – le mostró – la de Enzo – quiso abrirla pero tenía llave – que cierra con llave – esta es para las niñas – abrió la puerta de una habitación amplia con seis camas bien distribuidas, con muchos juguetes – y esta es la mía – ella sonrió al verla e ingresó.
- Es casi igual a la que tenías en casa de Cinthya – le dijo mirando los detalles – incluso tu bendita e intocable guitarra – dijo observando el instrumento rojo brillante que resaltaba en toda la habitación.
- Los mejores momentos de mi vida los viví en esa habitación y quise recrearla un poco y algún día voy a tocar algo para vos – le dijo sonriendo, ella no le creyó, recordaba que para él tocar la guitarra era algo sagrado que solo hacía en plena soledad y se ponía como loco si alguien se acercaba cuando tocaba – vos espera y te vas a sorprender.
- Si, si – dijo sin dejar de observar todo, tenía una repisa llena de fotografías, algo nuevo porque según recordaba a él no le gustaban. Algunas eran de ellos dos, varias de sus hijas, de Bautista - ¿eres vos? – le preguntó sosteniendo un cuadro donde un niño salía montando un caballo y una mujer llevaba las riendas sin dejar de sonreír.
- Si – le dijo – ella es mi madre, Alba.
- Nunca vi una foto de ella – dijo analizando a la mujer.
- Porque no tenía ninguna – se paró detrás de ella.
- Era muy hermosa – comentó Victoria – creo que Elena se le parece – Valentín sonrió porque lo notara.
- Yo también lo creo – dijo y tomó otro cuadro donde la mujer salía más cerca – se parecen mucho, Elena tiene el color de mis ojos, pero en lo demás es igual – Victoria asintió y miró a su esposo que miraba a su madre con ojos llenos de amor y no pudo evitar abrazarlo.
- No sabes el gusto que me da verte así – dijo sincera con el rostro en su pecho, el dejó el retrato y le devolvió el abrazo – me pone muy feliz saber que ya no estás tan resentido con tu pasado.
- Me costó – dijo acariciando su cabello y su espalda – pero pude hacerlo al fin y me siento muy aliviado.
- Se te nota – lo miró a los ojos – en los ojos – él sonrió.
- He cambiado Victoria – le dijo serio – tuve que tocar fondo y perder lo más importante de mi vida para poder hacerlo, pero mejor tarde que nunca ¿verdad?
- Si – dijo ella – yo también cambié – se sentó en la cama, él la siguió – antes me sentía en la obligación de hacer todo lo que vos o nuestras hijas querían y aguantarles cualquier cosa, pensando que es lo que correspondía, a pesar de que me sentía muy mal algunas veces – él la escuchaba atento – pero me di cuenta que eso no era saludable, ni para mí ni para ustedes.
- Fui un terrible esposo – dijo resignado y se recostó con la cabeza en sus manos, ella se giró para observarlo – y es verdad lo que decís, no sé cómo aguantaste tanto, si soy sincero tendrías que haberme mandado a volar desde hacía tiempo.
- El amor nos hace estúpidos supongo – dijo y se recostó a su lado – si algún día me cruzo a cupido voy a asesinarlo muy lenta y dolorosamente – él rió por el comentario.
- Hizo un buen trabajo con nosotros – se colocó de lado para observarla – el idiota fui yo, pero tienes que reconocer que nacimos para estar juntos – ella lo pensó.
- Yo no tengo mucho con que comparar como para decir que eres el hombre perfecto para mí – el rió y se acercó más a ella.
- Amor – le habló en un susurró – tenías a medio colegio detrás de ti, pero jamás miraste a ninguno, te aseguro que ni siquiera recuerdas el nombre de la mayoría, mientras para ellos eras su primer amor – Victoria negó con la cabeza – no lo niegues porque yo asistí a varias reuniones de tu club de fans.
- Eso no te lo cree nadie – dijo riendo divertida.
- Si es verdad - afirmó - se reunían en el sótano a contar cosas sobre tu vida y mirar tus fotos de f*******:, un poco raros la verdad.
- ¿Y vos que hacías ahí? – le preguntó con genuina curiosidad, iba a consultar con Blanca esa información.
- Ese no es el punto – dijo serio, para evitar responder – a donde iba, es que a pesar de tener tantos pretendientes vos te fijaste en mi – se señaló con orgullo – y en nadie más que en mi – ella elevó una ceja – Damián no cuenta – le dijo con el ceño fruncido – y Bruno fue algo físico, vos lo dijiste.
- ¿Según vos mi atracción por vos no fue física? – le preguntó.
- No – respondió seguro – es obvio que te encanta mi cuerpo – siguió – pero recuerdo que una vez me dijiste "Estas buenísimo Guzmán, lástima que no tengas nada en la cabeza" – imitó muy mal su voz, ella lo recordó – así que no fue algo superficial, por más que te empeñes en decir que sí.
- ¿Desde el bar que piensas en eso verdad? – el asintió – pero tenés razón – le dijo – el físico no fue lo que me atrajo hacia vos, es más – se enderezó un poco – hasta se podría decir que era una de las cosas que menos me gustaba – el entrecerró los ojos no entendiendo – crecí rodeada de chicos lindos – dijo en referencia a sus hermanos y a Bruno – y sé de primera mano cómo trataban a las mujeres y yo no quería ser una más en la lista de nadie – el comprendió – por eso no me fijaba en los galanes.
- ¿Y te gustaban los hombres mayores?
- Pensé que Damián al ser mayor sería más maduro que los idiotas de mi edad, pero me equivoqué – dijo sincera – ahora si es muy maduro, pero cuando estuvimos juntos era un tonto, casi tuve que obligarlo para que hagamos el amor – Valentín abrió los ojos como platos, definitivamente eso era algo que no quería escuchar.
- Cambiemos de tema – dijo y se puso de pie, ella rió.
- ¿No querés saber cómo fue mi primera vez? – le preguntó tímidamente.
- Dios no – dijo casi con un gruñido – cualquier cosa que tenga que ver con vos y otro hombre que no sea yo, no quiero saberlo.
- Que nena – le dijo y salió por la puerta, al pasar por su lado le rozó el pecho con sus dedos – yo vi tu vídeo y no hago un escándalo por ello – le lanzó y el abrió los ojos de par en par, salió tras de ella que lo esperaba apoyada en la pared del pasillo.
- ¿Lo viste? – preguntó con temor, ella asintió sonriendo.
- Todo el mundo hablaba de ello y quería saber porque tanto alboroto – dijo como si nada.
- ¿Y? – dijo él interesado en saber qué opinaba y si con eso había restado muchos o poco puntos.
- Realmente no me pareció la gran cosa – le dijo seria, el sintió que le lanzaban un balde de agua helada a su ego – es decir – siguió – conmigo tuviste mejores actuaciones – se le acercó insinuante y Valentín se preparaba para celebrar - ¿me haces un café? – le preguntó al oído y se alejó de él dejándolo con la boca abierta a la espera de cualquier cosa menos lo que acababa de suceder, cuando terminó de reaccionar bajó las escalera y se la encontró sentada en la cocina sonriendo de manera perversa, él negó con la cabeza.
- Eres cruel – dijo resignado – muy cruel.
- Cada uno cosecha lo que siembra – le respondió sin dejar de reír mientras él le servía el café, bebieron en silencio, mirándose a los ojos, como estudiándose. Valentín comenzaba a impacientarse, no iba a presionarla pero con cada cosa que ella hacia se sentía menos racional y su lado salvaje iba ganando terreno.
- ¿Te llevo a tu casa? – le preguntó un rato después de que terminaron, porque ella no se movía.
- Si querés que me vaya – dijo con fingido pesar, el no aguantó más y se puso de pie para situarse detrás, la rodeó con sus brazos.
- No quiero que te vayas, pero estoy a punto de volverme loco – le dijo al oído, totalmente excitado, respirando entrecortadamente, ella se estremeció y no pudo decir nada más, Valentín la giró para que lo mirara - ¡basta de provocarme! – la regañó, ella rió.
- Yo no te hago nada – le dijo divertida – vos ves cosas que no son – le sonrió de medio lado, tan sexy como siempre, con los ojos cargados de deseo.
- No te hagas la inocente que te conozco bien – le dijo con la voz ronca – me estas provocando y no lo niegues – ella sonrió con malicia, con esa sonrisa que ponía cada vez que alguien descubría sus travesuras.
- Yo voy a hacer lo que quiera – le dijo desafiante – y vos te lo vas a aguantar – le tocó el pecho con la punta de los dedos, el cerró los ojos y gimió ante el contacto – estas tirando humo – le dijo muy cerca del rostro - ¿Cuánto tiempo más crees que podes seguir con lo de la abstinencia?
- Si vos no haces estas cosas – dijo casi gruñendo – todo el tiempo que sea necesario – seguía con los ojos cerrados, buscando muy en su interior un poco de cordura, ella se mordió los labios al verlo, le encantaba tenerlo así, por primera vez sentía que ella tenía el control.
- Te propongo algo – le dijo al oído, casi besándolo – dado tu estado al límite – le tocó suavemente la entrepierna que estaba dura como una roca, Valentín lanzó un grito ahogado al sentirla – y considerando que yo no te lo voy a poner fácil ni voy a dejar de torturarte – se puso de pie y sus cuerpos quedaron separados por una distancia mínima – abramos un paréntesis esta noche – el al miró sorprendido – solo por esta noche, así descargas un poco de tensiones y podes seguir con tu plan de reconquistarme.
- ¿Es en serio? – le preguntó incrédulo, desconfiaba de ella, la creía capaz de dejarlo con las ganas en el mejor momento.
- Si – dijo decidida – nos olvidemos de todo por unas horas y después seguimos con nuestras vidas, más relajados y con la cabeza fría ¿Qué te parece? – preguntó y como respuesta obtuvo un feroz beso sobre sus labios que le quitó el aliento, Valentín la aproximó a su cuerpo lo más que podía y ni siquiera la llevó a la habitación, en el piso de la cocina la desvistió desesperado y se adueñó de su cuerpo – de verdad estabas desesperado – dijo cuándo acabaron, más de dos horas luego de comenzar, él no dijo nada, simplemente con su brazo la aproximó a su cuerpo.
- Y recién fue el primer round mi amor – le dijo con una sonrisa de oreja a oreja, ella abrió los ojos como platos y se enderezó.
- Esto fue todo – dijo segura – yo me voy a mi casa – y quiso ponerse de pie pero Valentín fue más rápido y la apresó bajo su cuerpo.
- No chiquita – le dijo suavemente – te dije que me tenías que sacar todas las ganas y todavía me quedan así que de aquí no te vas.
- No estás en condiciones de exigir nada – dijo intentando sonar segura y firme, él sonrió.
- Piénsalo mejor la próxima vez que me quieras distraer para que tus hijas hagan una fiesta en casa – ella se sorprendió porque él lo supiera – Enzo me lo dijo – le confesó – pero como tiene todo controlado decidí aprovechar el momento.
- Eres un descarado – le dijo molesta, odiaba que la manipulara cuando tenía que ser al revés – salí ya de encima mío, no te soporto.
- No te enojes – le dijo acariciando su rostro – si lo estamos pasando bien.
- ¡No es el punto! – le gritó molesta y él se sentó, estaba claro que iban a comenzar una pelea – se supone que yo tengo el control de la situación, porque vos estas en falta y seguís manejándome a tu antojo y no lo ¡soporto! – gritó histérica y se puso de pie, el suspiró, contó hasta diez buscando paz y paciencia y se levantó también, la sujetó suavemente de los hombros.
- Mírame por favor – le pidió porque ella tenía los ojos cerrados – amor, por favor – suplicó con dulzura, ella lo miró – yo no tengo el control de nada bebe, ¿de que estás hablando? – quiso responder algo y él no la dejó – es verdad que tiempo atrás nuestra relación se trató de hacer casi siempre lo que yo quería, pero no porque yo sea un autoritario dictador, si no porque asumía que vos querías lo mismo que yo – ella lo escuchaba atenta pero sin cambiar la expresión seria – ahora veo que las cosas no son así, vos tenés tus necesidades que no siempre son las mismas que las mías y tengo que respetarlas y complacerlas y creía que lo estaba haciendo.
- Me engañaste de nuevo – le dijo con un hilo de voz – para tener sexo conmigo – el rió por el comentario.
- Amor – le dijo abrazándola – no te engañé, no tenía pensado hacer nada, vos me lo propusiste.
- ¡Vos me trajiste aquí con esas intenciones! – le reclamó un poco menos enojada.
- No – dijo firme – yo quería ir a casa para asegurarme que ninguno mocoso se sobrepasara con mis hijas, pero me pareció que no debía contradecirte si vos no querías que volviéramos, además se supone que tengo que confiar en ellas y quise evitarnos una pelea.
- ¿No se te cruzo por la cabeza que íbamos a tener sexo cuando me trajiste aquí?
- No – dijo sincero – no sabía a donde más ir por la hora, definitivamente no iba a llevarte a un club así más hombres se te tiraran encima – pensó que había hablado de más.
- Seguís con lo mismo – dijo más calmada.
- No puedo evitar que me moleste que otros hombres te miren – dijo firme – pero ya no voy a hacerte problemas por ello a vos, simplemente cuando este en mis posibilidades voy a evitar que vayas a lugares con muchos hombres – habló agachando al cabeza, algo avergonzado por su confesión, pero ya no tenía sentido ocultarlo.
- ¿Vos vas a evitar ir a lugares con muchas mujeres? – le preguntó sorprendiéndolo, sonrió ampliamente.
- Si querés me quedó encerrado aquí hasta que vos me digas – Victoria rió con ganas.
- ¿Vas a hacer todo lo que yo te diga? – le preguntó divertida, el asintió un poco asustado.
- Excelente – dijo con una mirada maliciosa - ¿todo está en orden en casa? – Le preguntó, él asintió con la cabeza y se acercó más a ella – pero sigamos en la cama, porque el piso esta duro.
- Como quieras – dijo y la tomó en sus brazos para llevarla a su habitación donde volvieron a hacer el amor hasta quedar rendidos.
- Estas en periodo de prueba Valentín – le dijo cuándo por la tarde regresaban a su hogar – no sé si puedo perdonar lo que hiciste y no te aseguro que volvamos a tener intimidad en un futuro cercano – el asintió comprendiendo – y todavía no hemos vuelto lo que significa que yo soy dueña de hacer lo que quiera, con quien se me dé la gana, y vos no podes decir nada al respecto – Valentín simplemente suspiró – pero me gustó lo de ayer y lo de esta mañana, pienso que vamos por buen camino para reconstruir lo nuestro.
- Que bueno saberlo – le dijo él con una tímida sonrisa – y estoy muy agradecido de la oportunidad que me estás dando y te prometo no fallarte, si querés poner cámaras en mi casa para controlarme no hay problema – Victoria rió.
- Por ahora no hace falta, tengo que intentar confiar otra vez – dijo sincera – pero si no puedo voy a considerar lo de las cámaras.
- Te amo – dijo dulcemente en la entrada de la casa.
- Yo también – respondió ella y se abrazaron.
- ¿Ya volvieron? – la puerta se abrió y sus hijas aparecieron detrás, ambos rieron.
- No volvimos – respondió Victoria y saludó a las niñas mientras ingresaba, Casandra la esperaba detrás con Bautista en brazos – mi bebé hermoso – dijo tiernamente y cargó a su niño que apenas la vio comenzó a reír y sacudirse.
- Bueno me voy – dijo Valentín – estamos en contacto – saludó a sus hijas y a Casandra y salió con Enzo.
- ¡Habla! – Dijo la rubia – queremos detalles de todo lo que hizo.
- ¿Cómo te sentiste? – preguntó Emilia.
- ¿Te trató bien? – siguió Elena
- ¿Dónde fueron? – dijo Alicia, y así subieron las escaleras siendo acosada a preguntas que de a poco iba respondiendo.
- ¿Y? – le preguntó Enzo a Valentín, que le sonrió ampliamente – entonces te fue bien – dijo el hombre sintiéndose feliz por su amigo – tenés que planear la próxima salida.
- Si – dijo seguro – y me tenés que ayudar en ello.
- Claro – dijo Enzo y siguieron el camino charlando de sus respectivas noches.