No sé si Theo ha estado vigilando mi puerta para saber en qué momento regreso, o solo es una coincidencia que él aparezca frente a mi puerta poco después de que yo llego a mi apartamento. Su rostro está serio y parece como si ha venido preparado para una gran pelea, por la que ni siquiera tengo que pensar en la razón, ya que la sé, es porque me he negado a devolverle los gatos, pero sigo considerando que estarán mejor conmigo que con él. —No te los voy a devolver —digo sin darle tiempo de hablar. —Aldair —se queja —son mis gatos, fui yo quien los encontró, no puedes quedártelos —hace un mohín —además dijiste que no te gustaban. —No dije eso —corrijo —además, tengo más tiempo que tú para cuidarlos, están mejor conmigo. Theo no parece tener demasiada paciencia hoy, porque cuando me esc

