Somos jóvenes, no tenemos nada que perder

1719 Words

Estando en casa, era muy difícil que pudieran mantener las manos quietas, apenas pisaron la propiedad, Lana se fue encima de Frederick, a duras penas llegaron a la habitación de ella, la manera en que ese chico la poseía la volvía loca, solo quería tenerlo dentro, con sus manos recorriéndole el cuerpo, probar todas las posiciones que existieran y ser su mujer, principalmente sentirse su mujer. Ella reposaba sobre su pecho, escuchaba los latidos de su corazón, alzo la vista para ver esos preciosos ojos azules mirarla con detenimiento, se acerco a besarlo y él correspondió, la envolvió en sus fuertes brazos, la coloco bajo su cuerpo, al separarse recorrió su cuello con besos cortos. —Aun no me das mi regalo— dijo ella juguetona —Tal vez porque me ves y me quieres arrancar la ropa —¿Me di

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