Obsesión y Decisión

1137 Words

El penthouse de Osvaldo Lombardi se alzaba sobre Vancouver como un coloso de cristal y acero, reflejando las luces de la ciudad y la luna que asomaba tras las montañas. Dentro, el silencio era solo interrumpido por el murmullo de la música suave que provenía de un sistema de sonido cuidadosamente elegido. Pero aquel silencio no tenía nada de paz: Osvaldo caminaba de un lado a otro, con las manos cruzadas detrás de la espalda, repasando mentalmente cada detalle de Kendra. No podía concentrarse en sus asuntos empresariales ni en los documentos de sus inversiones. Su mente estaba completamente atrapada en ella. Recordaba cada gesto, cada mirada desafiante, cada sonrisa que no le había dado a nadie más. Esa bailarina no era como las otras. Ella tenía fuego, algo que se resistía a su control,

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