La habitación parecía tener mucho tiempo sin usar, tenía un gran armario con prendas de diseñador, todas sin usar.
Ayleen no preguntó nada, se había dado cuenta de que el hombre se sentía incomodo con aquel interrogatorio.
-Sé que me has visto desnuda, pero no me cambiaré de ropa en frente tuyo, dijo ella sonriendo.
El hombre salió de inmediato de la habitación dándole espacio a la chica quien se sentó en la cama suspirando fuertemente.
-¿Ayleen, qué demonios estás haciendo?, estás jugando con fuego.
En el armario había un traje de baño de dos piezas en color n***o y un wetsuit, que le quedaba perfecto, lo dejó abierto en la parte de arriba, dejando tapado solamente de la cintura hacia abajo.
Liam había hecho lo mismo, se había puesto su traje y la esperaba en el corredor de la casa, al ver salir a aquella espectacular mujer con un traje que resaltaba toda su figura, el hombre tosió torpemente, con el traje de bajo en la parte de arriba, él pudo ver la pequeña cintura de la chica y los senos más perfectos que había visto en su vida.
-¿Listo?
-Sí, listo, espero ser buen profesor.
Caminaron hacia el mar, Liam ponía sus brazos bajo el vientre de la chica quien ya tenía su wetsuit cerrado por completo, el agua era algo fría, así que era lo que tenían que utilizar.
En menos de treinta minutos la chica ya daba sus primeras brazadas sin ayuda.
-Eres buen profesor Liam, ahora soy toda una profesional, dijo ella sonriéndole.
-Tengo una buena alumna, dijo el hombre guiñándole un ojo.
-Ven, vamos a comer algo, dijo él tomándola del brazo y caminando hacia la playa.
La mujer en aquel traje dejaba ver el cuerpo perfecto que tenía, cada una de sus curvas se veían perfectas.
-¿Puedo cocinar yo? Pregunto la chica dando saltitos, creo que te lo debo.
-Claro que sí, creo que ya han dejado el mercado, dijo él sonriendo.
Al llegar a la casa, varias bolsas de mercado estaban en la entrada, en las bolsas había de todo.
-¿Qué harás para almorzar?
-Te gusta la paella? Preguntó la chica después de ver todo lo que había en las bolsas.
-Mi madre es española, imagínate si no me va a gustar.
-Pues será nuestro almuerzo, me ducharé y me convertiré en toda una chef, dijo riendo.
En la habitación en donde estaba toda la ropa de mujer, la chica tomaba una ducha.
-Ayleen, acá te dejo algunos productos de belleza, dijo él dejando un tratamiento para cabello completo, crema hidratante, perfume y todo lo que necesitaba para sentirse como en casa, él había comprado todo de una muy alta gama.
Salió, tomó los productos e hizo su rutina de belleza.
Buscó un short, los que había eran bastante cortos, una camiseta de tirantes en un tono blanco, unas sandalias y estaba lista para la cocina, tomó un delantal y comenzó.
Liam no estaba en la casa, cuando regresó venia con algunos cocos en sus manos, parecía que él los había bajado de la palma, eso se veía bastante sexi.
-Creo que ahora si me ducharé, dijo dejando a la chica en la cocina, pero no sin antes mirarla de arriba abajo por la parte de atrás, vaya que las prendas que había elegido le quedaban muy bien.
-¿Liam, Liam, que demonios estás haciendo?, es la esposa de tu jefe, tienes ética, vamos hombre, no lo arruines, no lo arruines se repetía el hombre para sí mismo.
Estuvo un buen rato bajo el agua fría, él estaba perdiendo el sentido con aquella mujer en su casa.
Al salir de la habitación, el aroma era exquisito, la chica sabía de cocina, eso era más que evidente.
-¿Quieres? Preguntó ella ofreciéndole una limonada.
-¿Puedo preguntar? Dijo él siguiéndole el mismo juego que ella le había hecho en la mañana.
-Claro, soy tu amiga, dijo guiñándole un ojo.
-¿Dónde aprendiste a cocinar?
-No sabes si aprendía a cocinar, no has probado lo que cocino.
-Buen punto, ¿Hace cuanto te casaste?
-Mañana hace un año que me casaron, ¿Qué te parece?
-¿Te casaron?
-Listo, dijo ella a mientras ponía una perfecta mesa, era más que evidente que la chica tenía una educación bastante buena.
La paella con una ensalada de tomate, aceitunas y lechuga, dos copas, dos platos y las herramientas perfectamente distribuidas en la pequeña mesa de la cocina.
-¿Un vino rosado? Prometo que no es tan fuerte como el tinto de ayer, dijo Liam sonriendo.
-Bueno, ya están las copas aquí, así que te toca encargarte del vino.
Liam fue por la botella de vino a la parte trasera de la casa.
Se sentaron a la mesa y él probó la paella.
-Santo cielo mujer, está exquisita, dijo llevando otro bocado a su boca.
-Mi madre, dijo ella, ella me enseñó a cocinar desde muy chica, solo que hace mucho tiempo que no lo hacía, pero este lugar me ha devuelto las ganas de entrar a la cocina.
-Salud por tu madre, dijo el hombre levantando la copa.
-Ella ya no está, se fue acompañada de mi padre cuando tenía doce años.
-No lo sabía, lo siento, dijo él mirándola detenidamente.
-Está bien, ya lo he superado ¿y tú, tus padres?
-Mis padres ahora viven en Alemania, tienen algunos años de estar por allá, los veo al menos una vez al año, generalmente para las navidades nos reunimos en España, junto con mi hermana.
-Solo tengo a mi tío Roberth, él es el responsable de que esté casada con Aldo, no sé cuánto dinero le pagó él por mí, pero de ser una niña, pasé a ser la esposa de alguien mayor que yo y que prácticamente no conozco.
-¿A qué edad te casaste?
-Al día siguiente de cumplir mis dieciocho años, dijo ella mirando al horizonte.
-Entiendo, dijo él al darse cuenta que la chica pasado mañana estaría de cumpleaños.
-Bueno, dejemos de historias del pasado, también hice un postre, espero y te guste, el preferido de mi padre, dijo ella sonriendo y levantando los hombros.
Fue a la nevera y sacó un tiramizú de limón.
-Ayleen, si algún día decides que quieres abrir un negocio de comida, cuenta conmigo como socio, estoy seguro de que el éxito sería eminente.