Adeline caminaba hacia el hospital con un paso firme que no había sentido en días, como si las sombras que la habían retenido en su propio laberinto de dudas se disiparan al ritmo de sus pisadas. La charla con Nathan había sido un bálsamo para su alma, sus palabras habían logrado perforar las barreras de sus prejuicios y temores, obligándola a mirar la situación desde una perspectiva que, hasta ese momento, había decidido ignorar. Ahora, con la tarjeta de crédito en su bolso y una renovada determinación en su interior, sentía que, por primera vez en mucho tiempo, estaba avanzando hacia algo más grande que ella misma. El aire frío de la mañana se colaba por el cuello de su abrigo, mordiendo ligeramente su piel y avivando su mente, inspiró profundamente, dejando que el a

