Julia, que había estado observando la interacción desde un rincón con una sonrisa divertida, decidió intervenir en el momento justo. — Nathan tiene razón, Adeline. No quiero meterme, pero ese lugar suena como un paraíso comparado con este pequeño apartamento. —Hizo un gesto alrededor, señalando las paredes estrechas del espacio. —Y, lo más importante, tu mamá estará mucho más cómoda allí. Sus palabras, aunque dichas con suavidad, cayeron con un peso inesperado sobre Adeline, quien dejó escapar un largo suspiro, sintiendo cómo su resistencia comenzaba a desmoronarse lentamente, como un muro que se derrumba ladrillo a ladrillo. Su mente, casi contra su voluntad, empezó a considerar las palabras de sus amigos. Por primera vez, la idea de la vi

