El silencio que siguió fue como un muro invisible entre ellos, lleno de emociones contenidas que ninguno podía expresar completamente. Henry avanzó un paso más, como si al acortar la distancia pudiera recuperar algo de control, algo de dignidad, pero su proximidad solo intensificó la tensión. — ¡No digas eso! Yo no quería dejarte, pero estaba atrapado. Tú no entiendes la presión que tenía encima. Mi familia... mi prometida... —Las palabras escaparon de sus labios como una confesión rota, cargada de una desesperación que él mismo no podía controlar. Su voz temblaba, como si decirlas en voz alta fuera un peso que llevaba arrastrando durante años. Adeline levantó una mano, un gesto airado que detuvo en seco cualquier intento de Henry por acercarse más. Su cuerpo enter

