El sonido de la bofetada reverberó en las paredes, haciendo que todo en la sala se detuviera de golpe, el impacto fue seco, contundente, como un trueno que rompiera el silencio. Clara retrocedió un paso, tambaleándose ligeramente, mientras su mano volaba instintivamente a su mejilla. Por un instante, la incredulidad se apoderó de sus ojos, era como si su mente no pudiera procesar lo que acababa de suceder, lo que Adeline acababa de hacer. La sorpresa y la indignación se mezclaban en su rostro, haciendo que su figura altiva y arrogante pareciera por primera vez vulnerable. Adeline, sin embargo, no había terminado. La furia seguía ardiendo dentro de ella, cada vez más fuerte, como un fuego que no podía ser apagado. Su mirada se posó de inmediato en Lucía, quien pe

