Adeline parpadeó, sorprendida por la sugerencia de Nathan. Era como si sus palabras hubieran caído en un abismo dentro de ella, un vacío lleno de dudas y emociones que no sabía cómo ordenar. Su mente estaba enredada, revuelta como una tormenta que amenazaba con desbordarse, pero que permanecía contenida tras un frágil muro. Se mordió el labio inferior con fuerza, tratando de encontrar algún tipo de estabilidad mientras sus ojos se fijaban en un punto inexistente en la pared, su respiración se volvió pausada, pero pesada, como si cada inhalación cargara con el peso de las decisiones que se apilaban sobre sus hombros. Sin querer, su mirada se deslizó hacia el bolso que estaba a su lado, donde descansaba ese pequeño rectángulo de plástico, había intentado ignorarlo desde

