La pluma temblaba ligeramente en la mano de Adeline, pero se obligó a trazar su nombre con cuidado, sintiendo un peso en cada línea que parecía aplastarla, y cuando terminó, sintió como si hubiera entregado una parte de sí misma a ese papel. Sin mirar demasiado, pasó el documento a Jonathan, quien lo recibió con la eficiencia impersonal de alguien acostumbrado a este tipo de trámites. Jonathan revisó el documento con una mirada rápida y experta antes de deslizarlo hacia Theodore, este tomó la pluma sin vacilar y apenas miró el papel, como si los detalles fueran irrelevantes, antes de firmar con la misma rapidez con la que probablemente cerraba cualquier contrato empresarial. El acto fue tan mecánico y frío, que Adeline sintió un nudo formarse en su garganta por la inco

