Al cruzar el umbral, el aire del interior acarició sus rostros con una frescura reconfortante. El vestíbulo principal se desplegaba ante ellos en un esplendor de mármol bruñido, tan liso y brillante que casi parecía un espejo. Dos escaleras gemelas se curvaban hacia la planta superior, enmarcando una pared central donde pendía un enorme espejo con marco dorado. Desde lo alto del techo, candelabros de cristal arrojaban destellos prismáticos, como un baile de luces que se reflejaba en paredes y suelos. — Vaya… —murmuró Nathan con un tono de admiración reverente, inclinando un poco la cabeza mientras observaba el espacio. —Esto es como entrar a un museo. A unos pasos, Julia giraba sobre sus talones, asimilando cada ángulo del vestíbulo con una curiosidad insaciabl

