La furgoneta de mudanza rugía suavemente mientras se acercaba a la enorme reja principal, recortada contra el brillo cálido del atardecer. Adeline, sentada en el asiento del copiloto, notaba cómo los latidos de su corazón se aceleraban ante la inminente vista del lugar que ahora llamaría “hogar”. Durante todo el trayecto, había intentado imaginarse el aspecto de la villa, pero ninguna de sus fantasías se acercaba a lo que vería. El zumbido de la reja eléctrica al abrirse pareció marcar un antes y un después para Adeline como si estuviera dándoles la bienvenida a un mundo completamente nuevo. Ella contempló, con un ligero temblor en las manos y el corazón acelerado, cómo la pesada verja de hierro forjado se deslizaba lentamente hacia los costados, liberando la imponente entrad

