Adeline se puso de pie con cierta brusquedad, intentando componer el gesto y pasar desapercibida. Cuando alzó la cabeza, notó que Jonathan ya había fijado sus ojos en ella, estudiándola con esa mirada aguda de abogado acostumbrado a situaciones complejas. Llevaba un elegante traje gris oscuro y sostenía un maletín con aparente naturalidad, aunque su postura denotaba la tensión de quien no ignora el ambiente cargado de emociones. Mientras estiraba un brazo hacia su mejilla para retirar los últimos vestigios de lágrimas, Adeline se percató de lo evidente: los ojos irritados delataban que había estado llorando. Aquello la hizo esforzarse en enderezar la espalda y contener la respiración, casi imaginando que Jonathan debía haber llegado con asuntos de importancia, qu

