Capítulo 1

2067 Words
Había pasado un mes, y mi madre seguía siendo esa señora rara de siempre, aunque me alegraba ver que estaba cada vez mejor con su relación. Al menos durante una semana. En esos días me sentí muy feliz por ella: jugaba, reía y parecía más que dichosa. Pero después llegó la peor de las rachas. Todo se vino abajo y fue por culpa de él… o de eso que fuera. Algo le dijo, o tal vez terminó con ella; no lo sé. No me cuenta nada. Está cerrada, y cada vez que intento preguntar, se calla o se va sin decir una palabra. Eso me desespera cada vez más, porque la veía llorar y hundirse poco a poco en una depresión más profunda. Vale, si lo piensas, quizá todo tenía algún sentido con ella… o al menos eso intentaba creer. Pero no soy del todo tonto. Sin querer, presiento que todo esto empezó un día cualquiera. Llegué muy tarde de la universidad y la vi de lejos. La vi subir dos veces a unos carros muy lujosos, negros; parecía una prófuga del viento. Pasó una vez… y la otra fue a la salida de su trabajo, cuando fui a verla por un asunto. Todo era cada vez más raro. A decir verdad, aquel día aparcaron justo frente al edificio. El chófer bajó, le abrió la puerta, y ella se metió como una ráfaga de viento. Y, siendo sincero, me dio muy mala espina. ¿Quiénes eran? ¿Por qué ella parecía tan nerviosa? ¿Estaba metida en algo malo? Esas eran las preguntas que me rondaban constantemente, porque ella estaba envuelta en cosas muy raras. Pero no dije nada, por respeto. Toda clase de preguntas sin respuesta me rondaban la cabeza, todas relacionadas con esas personas y sus misteriosos encuentros con mi madre. En ella era más que evidente que su nuevo amor era alguien muy importante… o muy mafioso. Con todo lo malo que ya era estar preocupado por este tema, sin querer, la última vez vi una mano salir del auto y ella la tomó sin pensarlo. Luego se fueron, y yo me quedé peor que antes. Pero ella no ha querido hablar, y eso me da más rabia que nunca. Hoy acabo de llegar y la encuentro llorando, como siempre, hablando con esas viejas locas. Debe aguantar tanto para poder saber la verdad de esta señora misteriosa que últimamente me parece alguien muy distinto a la de antes. La verdad es que me dolió mucho, muy en el fondo. No me gusta verla sufrir, ni mucho menos oírla llorar como una quinceañera. El odio brotó en mí por ese hombre que no conozco, pero que desde ya me da mala espina. Ojalá lo conociera para ponerle los puntos sobre las íes. Esperaba que al menos fuera un buen hombre con ella, pero ha sido todo lo contrario. La verdad es frustrante. Sin embargo, es ella quien no quiere entender que, si un hombre te hace sufrir, no es bueno para ti; lo mejor es alejarse sin decir nada. A este paso, es mi madre la que está mal. Parece una adolescente. Estaba a punto de entrar en su habitación, ya cansado de ver lo mismo de todos los días. Quería que cambiara, que dejara ese mal de amores. Quise hacerlo, pero no pude, porque justo cuando iba a entrar me llamó Jhons. Contesté a mi pesar y me quedé sin decirle nada. —¡Olis! —habló muy alegre y me cambió el humor. Mi amigo está de cumpleaños hoy y él ni se entera. —¡Lian, por Dios! ¿Dónde estás? ¿Sabes que la fiesta empieza en tres horas? —me reclamó el descarado, como si lo hubiera olvidado. -—¡Jhons, cálmate, sí! Calma, por Dios, falta mucho. Ya me empiezo a cambiar —le digo. Él pega un grito del otro lado, haciéndome retumbar el tímpano, como si fuera algo bueno o malo que me hiciera olvidar la fiesta. —¡Apúrate, hombre, no me falles! Ya verás que te lo advertí.—Él es imposible, pero me río y me siento tan bien con él, siendo mi amigo desde hace tanto tiempo, sabiendo cosas de mí… y otras no. Así que le corté y me dirigí a mi habitación, dejando todo encima de la cama. Me despojé de la ropa, listo para darme un baño y disfrutar de todo lo bueno de las sales y los aromas de la tina. Decidí poner música cuando vi que mi madre empezaba a pelear con el tipo X por el móvil. Dios, ¿será que nunca se cansa de joderle la vida a mi madre o será al revés? No pongo más atención a sus histerias. Termino de arreglarme y, al salir de mi cuarto, listo para irme con mis amigos, con algo de ropa desencajada —si se puede decir así—, la veo sentada en la sala, con cara de póker, observándome de arriba abajo. Presiento algo malo. Sale a la defensiva, algo que ya esperaba. —¿Vas a salir, hijo? —me pregunta, pero hay algo en su voz que no me gusta. —Sí, mamá. ¿Por? —respondo. Ella me mira muy mal; solo quiero no saber nada de sus histerias. —Hijo, yo pensé que tal vez quisieras estar en un día de madre e hijo —dice. Debe estar bromeando justo ahora. —¡Ah! ¿Ahora sí quieres tener uno de esos días? —digo con sarcasmo—. Qué bella madre, después de todas esas noches en las que me dejaste solo mientras te hacías la vida con tu no novio. ¿Ahora sí te importa tu hijo? Qué bonito, madre… No, ahora la señora se acuerda de que tiene un hijo. No me quedo callado, porque mi reclamo es justo, y más aún con los ejemplos de madre que ella misma ha dado. —¡Hijo, basta! —grita—. No me levantes la voz ni me hables así. Respétame.— Debe estar en esos días, y juro que en ese momento tengo ganas de lanzarla por la terraza. —Madre, basta tú —respondo—. Busca a alguien más a quien arruinarle la vida y la noche.— Eso le dolió. Me vale. Que se joda. No me importa. —¡Jimin…! —no termina la palabra cuando el teléfono empieza a sonar en su cuarto. Claro, casi se mata por contestar. A mí me pica la curiosidad por saber quién era, el origen de todos sus tormentos. Mala idea. Cuando ella terminó de hacer lo que estaba haciendo, entró a su baño. Yo aproveché y empecé a ver qué decía su bello amorío. Busqué en el registro de llamadas: nada. Luego revisé los chats: nada. Hasta que entré en la agenda de mensajes… y ahí los encontré. Mensajes llenos de todo lo malo que había para mí. _ Novio _ lo siento, pero hoy no puedo salir estoy en una reunión muy importante. _ Amelia _ que pena amor, ¿pero después? di que sí _ Novio _ no lo siento, nos vemos después te llamo más tarde, busca a tu hijo él también te necesita más que yo. _ Amelia _ pero amor yo te quiero a ti, además él está grande y ya. _ Novio _ rose basta si, tienes un hijo y yo con mi vida, basta o terminamos _ Amelia _ ya mi amor, te dejo hablamos después. No podía creerlo. Estaba tan obsesionada con ese hombre que era capaz de dejarme a mí por él. ¿Está loca? ¿Acaso qué le hice yo? Ella salió del baño con una sonrisa falsa. Yo ya sabía que era él quien le dejaba claro quién era yo para ella. Pero su expresión cambió al verme con el celular en las manos. Me miró mal. —¿Por qué coges mis cosas? Eres un metido, hijo —dice. Está loca si cree que así va a cambiar el tema. —Pues dímelo tú… madre —respondo. Eso último le dolió. Jamás le habló así a mi madre, pero esto ya se salió de control. —Jimin… cuidado con lo que dices. Basta, me lastimas —dice. Está loca. Me deja por un hombre, a mí, a su hijo, solo por placer. —Basta tú, madre. Estás loca. ¿Por qué te rebajas así, por Dios? —le digo, pero ella está más a la defensiva que nunca. —Él me da vida, Jimin… Él me ama —dice. Claro que te ama, pero no lo suficiente como para hacerte su prioridad. —Claro, como tú digas, mamá —respondo.No esperé más. Salí de ahí sin decir nada más. Le lancé su móvil sobre la cama y no miré atrás. Me sentí dolido, muy dolido, al ver la reacción de mi madre, y más aún al saber que ella sabía que yo había leído sus mensajes. Estaba loca, totalmente descarada, como si no le importara nada. ¿Qué cree que soy yo en su vida? Me deja solo un mes y, cuando él le dice que no puede estar con ella, vuelve a buscarme. Me siento utilizado, de verdad que se pasa. Qué madre me tocó. Ese hombre debe estar ya cansado de toda esta situación; lo compadezco, en verdad. La conozco: ella persigue, cela, controla. Así era también con mi papá. Está loca, de atar, y ahora lo confirmo mucho más. Después de todo, me despabile y olvidé todo por un momento, porque era el cumpleaños de mi amigo y tenía que poner buena cara. Al llegar a la disco donde quedé de verme con Jhons —porque su insistencia para que fuera era más fuerte que cualquier otra cosa— empecé a buscarlo entre la gente. Esta disco se había hecho famosa en todo Internet, todo el mundo hablaba de ella. Los chicos estaban con la idea de que todo lo nuevo hay que estrenarlo. La verdad, la disco era preciosa. Por fuera se veía lujosa, de esas que prometen calidad, y así lo confirmé al entrar: me quedé con la boca abierta por el lujo que tenía por dentro. Este hombre debe ser el más rico del mundo, pensé, algún millonario que no sabe en qué gastar su dinero. Y aun así me pregunté qué más debe tener para poder darse estos lujos. Entre la multitud distinguí la cabeza morena de mi amigo y me le abalancé de una. Empezamos a hablar de todo un poco, entre uno que otro trago, hasta que terminé contándole todo. Él me dio su consuelo, muchos mimos…En verdad, me encanta este hombre. Todo lo que quería era dejarlo atrás. Dejar de ser el santo, el estudiante ejemplar, el bueno con todo y con todos. Estoy harto. Solo quiero perder esa maldita imagen. Quiero vivir mi vida. De ahora en adelante ya no más el Lian sumiso y obediente. Ahora quiero ser un Lian alegre, uno que vive, que siente muchas cosas más. Y así pasamos la noche, mientras el tiempo avanzaba y yo, poco a poco, iba olvidando mi mal. Después de unas copas de más, el ambiente se nos subió a la cabeza. Unos hombres se nos acercaron y empezaron a cortejarnos; no estaban nada mal, la verdad… estaban muy buenos. Bailamos de forma sensual en medio de la pista, y los hombres se volvían locos con nuestros movimientos. De un momento a otro me quedé solo. Me di cuenta de que Jhons se había escapado con… no sé quién. No le di mucha importancia ni me preocupé; él siempre era así. Me cansé de bailar y me dirigí a la barra para tomar algo y descansar un poco. El mesero se acercó y me ofreció un cóctel. No le presté mucha atención y lo acepté sin pensarlo demasiado… pero me dejó sin palabras con lo que me dijo. —Este detalle es cortesía del señor Brown. Si gusta, puede ir a su oficina; lo estará esperando encantado —dice, mirándome como si ya supiera mi respuesta—. Sígame por aquí, señor— Lo sigo como un tonto. Mala idea. Pero la verdad es que los tragos ya hacen efecto en mí y obedezco sin pensar, sin saber que me estoy metiendo en un laberinto del que jamás podré salir.
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