Estaba acostado en su bello pecho, sintiendo el calor de su piel contra la mía, me encantaba cómo sonaba su respiración, un ritmo suave y constante que me arrullaba y después de una ronda de hacerme el amor. Era un sonido que me transmitía seguridad y protección, como si nada malo pudiera pasarme mientras estuviera a su lado Le encantaba jugar con mi cabello, enredando sus dedos entre mis mechones con delicadeza. Y sus manos... Sus manos eran mi perdición, le encantaba recorrer mis piernas con sus dedos, trazando caminos invisibles que encendían cada terminación nerviosa, esos pequeños gestos, esas caricias sutiles, me daban mucha paz. Era como si, por un momento, el mundo exterior desapareciera y solo existiéramos nosotros dos, conectados por un lazo invisible pero indestructible, esa pa

