Tensión Incómoda
Yaina estaba sentada frente al tocador de su habitación mientras Lucy y Mia terminaban de arreglarla para la cena.
Durante la tarde, un sirviente trajo un mensaje del emperador pidiendo su presencia para cenar con él. Sus doncellas habían comenzado a preparar todo, sonriendo y hablando de una cena romántica y de la pareja, esperanzadas.
La joven había compartido por un momento su alegría hasta que vio el lugar de reunión. Era el comedor formal del palacio del león.
Si Kairon hubiera preparado con cuidado la cena, habrían comido en el salón familiar que se encontraba en el palacio de la emperatriz o en un lugar privado para hablar como pareja. Esperaba que su esposo hubiese preparado un evento especial para poder pasar un tiempo a solas sin la agenda y responsabilidades de sus cargos. Sin sirvientes o vasallos interrumpiendo por trabajo.
Yaina suspiró decaída. Era una comida de trabajo para él.
- Ya casi terminamos, majestad. - le dijo Mia entregándole unos broches a Lucy - Sir Arak vendrá a escoltarla pronto.
La joven asintió queriendo decirles que no hicieran tanto ya que solo iba a comer y regresar, pero no tuvo corazón para romper sus ilusiones. Ellas parecían más emocionadas que ella.
En ese momento, un golpe en la puerta las alertó haciendo que Lucy se acercara a abrir.
- Sir Arak ya está aquí, majestad. - exclamó, pero se quedó quieta, sorprendida por un momento.
El que estaba en la puerta no era otro que el emperador escoltado por Don y Arak a su espalda.
- ¡Majestad! - dijo haciendo una rápida reverencia para después dejarlo pasar.
- He venido a recogerte. - le dijo Kairon a Yaina haciendo que esta ladeara la cabeza confundida
¿Qué estaba pasando? Kairon no había venido al palacio de los Lirios desde la noche en que la había tomado estando ebrio.
Controlando sus emociones y expresión, la emperatriz se levantó e hizo una reverencia para saludarlo.
- Saludos, majestad. - le dijo formalmente haciéndolo moverse incómodo.
- No es necesario tanta formalidad, esposa. - le dijo acercándose para besar el dorso de su mano.
Yaina respiró hondo.
Desde el baile de máscaras, Kairon se dirigía a ella formalmente en público y en privado incluso con sus escoltas o sus doncellas presentes ¿Por qué le decía eso, la llamaba esposa si al mismo tiempo la trataba como a una extraña?
Se llevó la mano al rostro repentinamente cansada y Arak y las doncellas se preocuparon.
El cambio había sido tan brusco que extrañaba cada vez más al Kairon de Odea, quién no dejaba de mimarla y expresarle afecto, independiente de las personas que los rodeaban. Eso se sentía real. Esta conducta parecía estudiada, como en un arreglo político.
Buscó, temblando, la marca del león en su muñeca pensando en que no la encontraría. Que la conexión de la que todos hablaban y que ella misma había sentido había desaparecido, pero el glifo estaba firmemente grabado en su piel.
¿La de Kairon estaría aún en su muñeca? Se preguntó
- ¿Todo bien, esposa? - la voz de su compañero la sacó de sus pensamientos.
La joven pestañeó y asintió en silencio tomando la mano que Kairon le extendía, dejándose escoltar.
Salieron de la habitación seguidos de Arak y Don a la vista de los guardias.
Mientras caminaban admiró lo atractivo que se veía Kairon con las ropas formales para cenar. Su perfil, su aroma. Se sorprendió a sí misma aspirando su aroma para calmarse. Kairon le había explicado en Odea que podía liberar estelas de feromonas para ella como su compañera, las que producían un efecto calmante y de seguridad. Era diferente al aura que se usaba en combate. Eso era posible debido al vínculo y Yaina podía asegurar que funcionaba ya que le había permitido tener menos crisis por la magia del guardián, menos pesadillas. Cuando dormía con él era maravilloso.
Sonrió.
¿Era adicta al aroma de su esposo? Se sonrojó violentamente pensando en su cuerpo y su aroma.
- ¿Hay algo divertido, esposa? - escuchó la voz de Kairon a su lado en tanto caminaban por el amplio pasillo que conducía a la galería de cristal.
- No. - dijo Yaina con rapidez - Solo me preguntaba si era adicta a tu aroma.
Kairon la miró sorprendido levantando la ceja.
- ¿Por qué dices eso, emperatriz? - preguntó - ¿Hay algo en mi perfume?
- No es tu perfume. - aclaró la joven - Es el aroma que desprende tu cuerpo el que me gusta. Las feromonas que mencionaste tal vez…- miró a Kairon quien tosió incómodo con las orejas rojas.
- Me alegra oír eso, esposa. - le dijo sonriendo - Tú también te ves muy hermosa esta noche.
Yaina agradeció el comentario mientras las puertas que conectaban con la galería de cristal se abrieron, permitiendo disfrutar la vista nocturna de los jardines interiores iluminados con piedras mágicas.
La joven vio asombrada como varios caballeros y personal del palacio estaban bajo la galería para ver a los emperadores pasar.
- Creo que la programación de la cena corrió rápido. - escuchó decir Don a Arak, divertida.
- Sigue caminando, Don. - pidió Arak mientras llegaban a las puertas que conducían al palacio del león las que fueron abiertas por dos guardias después de hacer una reverencia.
Cuando había llegado al palacio, la pareja se había quedado en una habitación cercana a la del emperador hasta la coronación y luego habían dormido la noche de ese día en la habitación imperial.
Después Marcus había movido sus cosas a el palacio de Los Lirios según la etiqueta imperial a la habitación que Kairon había ido solo un par de veces, la última vez, borracho y celoso.
Yaina no se sentía cómoda en el palacio del león, se sentía una extraña considerando como fue su cambio al otro palacio y la distancia que se creó después entre la pareja. La joven se había preguntado porque el emperador, quién tenía consigo el espíritu del león y que había elegido a la compañera por un vínculo tan intenso, más allá de los sentimientos, estaba a palacios de distancia.
Todo el mundo hablaba del vínculo y la necesidad física y emocional de cercanía que el león ejercía sobre el contratista hacia su compañera y ahora Kairon parecía inmune a ella.
Hasta llegar al Yamain, Kairon parecía siempre cercano, llevándose las burlas de sus hermanos de que no podía sacar las manos de ella, menos dormir separados.
¿Había sido parte del espectáculo del que había hablado cuando llegó la promesa del emperador Darion a la mansión? Que se comportaría como un amante enamorado frente a los demás y que ahora, que se había vuelto emperador ya no era necesario...
Si fuese así, el tiempo en que la acompañó en las misiones, podría haberse comportado distinto ya que nadie los veía, pero su cercanía se mantuvo. Era después de su llegada a Yamain donde todo cambió.
Suspiró abatida cuando Kairon la condujo por un pasillo hacia la escalera que daba al primer piso y bajaron a la vista de numerosos sirvientes y caballeros quienes se inclinaban ante ellos.
Sin darse cuenta, Yaina apretó la mano de Kairon debido al malestar que sintió quien la miró con curiosidad.
- ¿Te sientes bien, emperatriz? - le preguntó solo para que ella lo escuchara.
- Si, todo está bien. - le dijo mintiendo.
Se estaba sintiendo indispuesta cada vez más. Iba a desmayarse en cualquier momento. Tenía que resistir.
- Todo está listo, majestad. - dijo Marcus quien los aguardaba, haciendo un gesto para que las puertas del comedor se abrieran.