Los Primos del León Cuando el sanador terminó, le dio un elixir para calmarla un poco y controlar los espasmos antes de salir y ambos jóvenes se acercaron a ella. Saros se sentó en la silla y Arak se sentó en el borde de la cama a su lado. Esperaron pacientemente a que la joven se moviera para poder observarlos cubierta por las mantas como una niña... Sus ojos vidriosos por las lágrimas y sus suspiros abatidos los conmovieron. Ahora Saros entendía por qué todos regañaban a Kairon, la poderosa y fuerte mujer, estaba tan frágil como la escarcha por la conducta impulsiva e imprudente del emperador. El también quería golpearlo ahora... - ¿Puedes escucharnos antes de tomar una decisión? - le preguntó Saros - ¿Escucharás calmada por tu bien y el de tus bebés? Si tu te estresas, ellos lo s

