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1493 Words
Saliendo Sin Permiso Yaina atravesó el portal que se abrió en su habitación en el palacio de los Lirios. Era muy tarde y estaba cansada después de trabajar con los magos de la Torre para sellar las medicinas enviadas por los alquimistas. Había preparado por separado lo que les iba a entregar a los caballeros que iban con Kairon y que participarían en la expedición. Había trabajado mucho en el diseño y estaba segura de que les ayudaría mucho durante las jornadas. - Vaya. La voz de Kairon se escuchó junto a la puerta desde el sector más oscuro, lo que la sobresaltó. - Ahora te escabulles del palacio. - Su majestad... - le dijo sin ánimos para rebatir. Le había dicho hace tiempo que debía trabajar en la Torre. Era la maestra incluso antes de casarse. - Tenía trabajo en la Torre. - le dijo cerrando el portal tras ella y tocando el anillo para cambiar la ilusión del Maestro de la Torre a un sencillo vestido de interior. - ¿Y sales sin informar? - No sabía que debía reportar a un tutor. - le dijo desafiante, avanzando hacia la puerta que llevaba al baño junto a su cama - Tú estás trabajando. - Soy tu compañero. - exclamó Kairon tomándola por el brazo, molesto. Yaina lo miró fijamente soltando su agarre, lo que lo sorprendió. - ¿Compañero? - repitió con ironía - No he tenido noticias tuyas por un mes y solo por venir ahora para acostarte conmigo, no te hace mi compañero. No uses esa palabra tan a la ligera. - He estado con mucho trabajo. Soy el emperador. - se defendió el joven. - ¿Podrías dejar de usar tu estatus para justificar tu comportamiento? - dijo molesta, sacándose las horquillas para liberar su cabello - Como Maestra de la Torre trato con emperadores, reyes y todo tipo de gente del continente y no por eso dejo de preocuparme por ti. -le dijo finalmente, agotada - Estoy cansada. Regresa a tu trabajo, partes en dos días. - Vine a verte y me regañas. - le dijo, empujándola sobre la cama afirmando sus muñecas sobre su cabeza. -¿Debería estar agradecida de que mi esposo se acordara de mi después de un mes? - se burló Yaina dolida - ¿Sabes lo preocupado que estaba cuando no te encontré en la habitación? - le dijo a su vez. Yaina forcejeó para soltarse dejándolo sentado en la cama. -¿Quieres que te espere como un perro a su amo para recibirte cuando te acuerdes de mí? - le preguntó incrédula - ¿Qué te abra las piernas solo para aliviar tu frustración, emperador? - No quería decir eso de esa forma. - le dijo afectado. - ¿Y que debería entender con tus palabras, majestad? ¿Esperas que me quede aquí como una decoración hasta que se cumplan los días de prosperidad y vengas a tomarme para concebir un sucesor? ¿No te parece suficiente con enviar a ese sanador cada mañana a controlar mi ciclo cómo si fuera ganado? - ¿De que estas hablando? - le pregunto sorprendido - ¿Cuál sanador? - Vuelva a su trabajo, majestad. Ya di órdenes para que no lo dejen entrar al palacio de Los Lirios. No dejaré que me revise otra vez. - dijo masajeando su frente mientras caminaba hasta la puerta del baño - Estoy muy cansada para esta conversación. No vale la pena a estas alturas. - ¡Esposa! ¡Explícate! - dijo aferrándola por los hombros. -Tengo nombre, maldición ¿Qué quieres de mi? No puedo con esto. Déjame sola. - pidió forcejeando - ¡Sal de mi habitación! - ¡Necesito un explicación! - le gritó - No sé lo que está pasando... - Entonces debería hablar con el mayordomo y el secretario ¿No me dijo su majestad que ellos se encargarían de usted? Ya no es mi responsabilidad... - Yo... - Vete... La joven tocó un dije de la pulsera que llevaba mientras cerraba los ojos. La cabeza le dolía cada vez más. Sentía que iba a desmayarse. - ¡Explica tus palabras! - le gritó Kairon al mismo tiempo que la puerta se abría de golpe. - ¡Majestad! - exclamó Arak entrando apresurado para detenerse a medio camino, perplejo, cuando vio al emperador. - Su majestad se retira, Sir Arak. - dijo tocándose la frente - ¿Puedes acompañarlo a la salida? - ¿Majestad? - la duda en su voz reflejaba lo difícil que era sacar al propio emperador de la habitación de su compañera como si fuese un intruso. - Volveré al trabajo. - dijo Kairon caminando hacia la puerta - Descansa, emperatriz. Cuando la puerta se cerró tras él, Yaina se apoyó contra la puerta agotada. - Todo está bien, Sir Arak. Gracias por venir. - ¡Majestad! - la llamó cuando la vio tambalearse, sujetándola para que no cayera. - Solo estoy cansada. - dijo abriendo la puerta - Me iré a dormir en cuanto me cambie. - Estaré aquí hasta que salga, majestad. - le dijo inclinándose mientras la dejaba pasar al baño y cerraba la puerta tras ella. El caballero caminó hacia la ventana que estaba abierta para respirar el aire fresco. Estaba cada vez más preocupado. La irritabilidad de Kairon hacía su esposa era cada vez más volátil y la condición física de Yaina era extraña. Dormía mucho, parecía muy cansada. Primero lo asoció al trabajo derivado de la propuesta presentada por el brote, pero el que lo hubiese llamado a pesar de estar con el emperador, su propio compañero, lo confundió. ¿El león podría lastimar a su compañera? No había registros de ello. Al contrario, la compañera era lo más preciado para el león. Si la perdía el dolor era insoportable física y emocionalmente, no podía imaginar si la perdiera por su propia mano. El comportamiento de Kairon seguía siendo inestable. Esperaba que la expedición lo ayudase a aclarar sus pensamientos. Escuchó la puerta abrirse y vio a Yaina salir vestida con un largo camisón. La vio caminar hacia la cama y deslizarse entre las cobijas sin mirarlo. - Gracias por venir. -le dijo el voz baja sin volverse. - Es mi trabajo, majestad. - le respondió, distinguiendo su cabello desparramado en la almohada y la silueta de su espalda acostada de lado. Se veía muy pequeña en la gran cama - Descanse. Esperaré hasta que se duerma. - Gracias. - escuchó la voz de Yaina casi en un murmullo al tiempo que se apoyaba en el umbral de la ventana fijando la vista en el jardín inferior iluminado por la luz de la luna. "Espero que sepas que estás haciendo primo", pensó inquieto. Un Último Intento Para que Me Recuerdes Don caminó hacia la puerta del despacho cuando un toque la alertó. No deberían haber sirvientes a esta hora ya que faltaban cuatro horas para que la expedición partiera. El emperador se había quedado trabajando pues no había podido dormir por la anticipación de la partida. La joven maga lo miró antes de abrir. - Siga trabajando, majestad. - le dijo - Veré quien es... Kairon asintió, volviendo a concentrarse en los papeles. Escuchó a Don murmurar algo y luego silencio. Pasaron unos instantes y cómo no hubo más interacción, Kairon miró a la puerta - ¿Qué está pasando? - preguntó impaciente. - Majestad... - comenzó a decir Don mirando hacia la entrada y luego a él - Han traído algo para usted. - No quiero nada, que se lo lleven. - exclamó molesto - Estamos por salir en unas horas. - Majestad, creo que debe recibirlo. Es importante. Don dudó mirando la entrada haciendo varios gestos cada vez más frustrada. - ¡Maldición! Dije que se lo lleven. Nada es más importante que la expedición. Ni siquiera la emperatriz. A veces son tan molestos... Don miró al emperador, asombrada y luego a quien esperaba en la puerta antes de inclinarse avergonzada y llevando el carro hacia el interior para luego cerrar la puerta desalentada. Caminó y dejó el carro al costado del escritorio mientras tomaba el plato y lo dejaba sobre la superficie frente al emperador descubriendo la tapa. Un bello plato decorado con varios bocadillos y un pequeño ramo de flores Corelia lo acompañaban, haciendo que Kairon la mirara confundido. - ¿Y esto? - le preguntó. - Es para el emperador. - dijo haciendo una mueca. - ¿Quién lo trajo? - Creo que eso ya no es importante después de echarla, su majestad. - dijo inclinándose y volviendo a su posición cerca del escritorio, pero sin mirarlo. El joven miró las flores y las tocó con cuidado para aspirar su aroma y luego tomó un bocadillo que le recordó a la mansión del ducado en la capital de Odea. Con un suspiro, siguió trabajando en los documentos y comiendo poco a poco los bocadillos...
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