73

1683 Words
Ducalyon Los Escucha Saros miró a su primo en silencio e hizo un gesto a Arak y a Don para que salieran detrás de Ciro. - Me disculpo por no decirte lo del embarazo, León. Estaba herida y aún el sanador no había terminado de atenderla. Tuvo un sangramiento. - le dijo con suavidad. Lo vio asentir - Sé que no puedes sentir a Yaina. - le dijo viendo como su semblante se entristecía - Ella bloqueó la conexión. Ducalyon lo miró, sorprendido. - Alguien uso un hechizo para controlar al emperador lo que afectó el vínculo de compañeros y el que tienes con el emperador. - lo escuchó gruñir, molesto - Estamos por encontrar a quien lo hizo y te avisaré para que puedas regresar lo hecho. - lo vio sonreír con malicia, en acuerdo. - ¿Quién le hizo esto a nuestra compañera? - preguntó. - Kairon... - vio su expresión descolocada - Estaba siendo controlado... - Pudo matarla y a los cachorros... - Ya está sufriendo por eso... La magia que usaron al parecer hizo que la tratara mal. - No me escuchaba y tampoco podía usar su cuerpo para protegerla. - dijo enojado. - Sé que lo intentaste. Ahora necesitamos que vuelvan a sincronizarse. Yaina y los cachorros han estado sin ustedes y los necesitan. Sabes que el aura calma a la compañera y estabiliza el embarazo. Sobretodo si es una maga. Este período es delicado. - No puedo sentirlos y ya tienen diez semanas. Podríamos habernos enterado en días para estar a su lado. - Estaba bloqueada la conexión. No podían hacerlo, aunque quisieran. Necesito que puedas escucharlos para conectar el vínculo con Kairon y que sepa que los bebés están bien. No quiere acercarse por miedo a hacerles daño. - Pero ellos nos necesitan más que nunca... - Por eso te lo pido... Tienes que hacerlo entender. El joven ladeó la cabeza procesando la información y asintió mientras inclinaba la cabeza sobre el vientre de la joven y, utilizando sus sentidos aumentados, pudo escuchar los latidos de los cachorros lo que hizo que abriera la boca asombrado y conmovido. Su compañera llevaba a los cachorros del león. - Veo que ya los has escuchado. - dijo sonriendo Saros de pie a su lado - Ahora podemos dejar que Kairon los escuche. - Necesito papel y pluma... - le pidió y Saros se los entregó. Ducalyon escribió algo y luego inclinó la cabeza de lado para que Saros apretara el punto en su cuello. Sus ojos dejaron de brillar, pero mantuvieron el dorado claro del linaje. - ¡Maldición! -escuchó maldecir a Kairon - ¡No puedes bloquearme así sin avisar! No sabes si el león te sacará la cabeza. - Shhh. - le dijo Saros indicando a Yaina inconsciente a su lado y Kairon lo miró nervioso. - ¿Estás bien? - le preguntó cuando lo vio palidecer, de verdad estaba asustado por haberle hecho daño - El león te dejó eso. - le indicó la nota en su mano. "Necesitan nuestras estelas. Nosotros debemos estar cerca. No nos alejes de ellos" - ¿Yaina está bien? ¿El bebé? - Si, - le respondió Saros - los tres están bien. Kairon lo miró agradecido lo que lo hizo reír. - Vaya, parece que no me has escuchado. Yaina y los gemelos están bien. Kairon lo miró sin entender por un momento - ¿Gemelos? - repitió y abrió la boca sorprendido - ¡¿Dos?! ¿Son dos cachorros? Saros soltó una carcajada ante su reacción. - El león ya pudo escucharlos y recibió las indicaciones del sanador. Tendrás que vincularte con él para saberlas. - lo vio levantar las cejas sorprendido - ¿Quieres escucharlos? - Quiero, pero me da miedo. - confesó, acercando la mano temblorosa al vientre de su compañera, pero la dejó caer en la cama antes de tocarla. - Hazlo. -ordenó Saros - Ellos están bien. Tienes que tocarla. Ella necesita a su compañero ahora que tiene a tus cachorros en el vientre. Las estelas son esenciales para fortalecer la matriz y los capullos. La sangre fue una advertencia de que aún pueden ser frágiles. Kairon lo miró y suspiró, desalentado, antes de inclinar la cabeza sobre el vientre de su compañera cerrando los ojos para enfocarse en los sonidos. Primero suave, luego como el aletear de mariposas, los latidos rítmicos de dos pequeños corazones resonaron en su oído. - Puedo escucharlos. - murmuró, asombrado - Son muy rápidos. Son nuestros bebés, son nuestros cachorros. Creí que no sería posible. - murmuró bajo, pero Saros lo escuchó. - Tienen diez semanas. Parece que no lo esperabas. - La magia de Yaina es especial. - murmuró - El padre de Yaina dijo que podría no poder concebir por haber dañado su nucleo espiritual y por tener sangre de… no pensé que … - Tal vez la fuerza del espíritu del león ayudó. - le dijo con una sonrisa - Deberías estar feliz, pero pareces aterrado. - Por supuesto que estoy aterrado. Casi la mato. -le dijo Kairon. - Estabas siendo controlado. - El Sarlack y ahora quien quiera que sea la ha puesto al límite. He estado demasiado cerca de perderla otra vez - ¿De que estas hablando? - Te dije que Yaina no era una noble común. -le sonrió -No te pareció extraño el que fuera capaz de seguir a un caballero entrenado como tú en un territorio que no conocía. Supongo que viste la magia y sus habilidades... Sus conocimientos. - Si. - confesó - Son mayores a los de un egresado de academia. Cuando estaban peleando se convirtió en el Maestro de la Torre - Lo es desde los 14 años. - suspiró - Siempre me he preguntado que, si hubiera contestado de manera diferente esa noche, no habría tenido que asumir esa responsabilidad. - lo miró, poniéndose de pie - Parece que volveremos al combate. -le dijo caminando hacia las puertas - Que Arak se quede con Yaina. - ¿Qué vas a hacer? - preguntó. - Necesito liberar la energía del león para sincronizarla. Ambos estamos con las emociones a flor de piel, pero funcionando separados. - El campo de entrenamiento… - Estarán tus caballeros, podrán verlo. No quiero que nadie sepa que estamos aquí. - advirtió. Tocó una pequeña joya en un brazalete que llevaba en la muñeca izquierda y Don entró. - Majestad. - se inclinó. - Necesito un portal a la Torre. - pidió. - ¿Un lugar específico? - preguntó. - El campo de plata. - Wow, - la joven saltó de felicidad - ¿Vamos a entrenar? Kairon le sonrió viendo a Arak entrando a la habitación con ropa limpia ya curado, quien se inclinó junto a Ciro. - Quédate junto a Yaina. - ordenó Kairon a Arak - Don levanta una barrera de bloqueo en la habitación. Volveremos a los tiempos de la guerra. Saros lo miró, sorprendido cuando los dos escoltas imperiales se tensaron, obedeciendo. - Sus órdenes, maestro. - dijo Don activando su magia para desplegar varios círculos mágicos en el piso, paredes y en las ventanas de la habitación. - Si debes hacer explotar el aura puedo ser de ayuda. - dijo Saros curioso - Además creo que podría nivelar en fuerza. Kairon pareció dudar. La Torre era el territorio de Yaina. No podía llevar a nadie de manera descuidada ¿Y si Saros era un traidor como sus vasallos? Pero tenía razón en que ayudarlo con su propia aura disminuiría mucho el tiempo para poder regresar y Yaina confiaba en él. Saros vio el conflicto en el rostro de Kairon. - Pasarás la prueba de la Torre, si no eres digno, no podrás entrar. - miró a Don activando la magia de su anillo, el que apareció en su mano y unas ropas casi idénticas a las que Yaina había usado cuando canalizó la magia del maestro. Tenía un broche dorado cerrando la capa que albergaba una piedra roja que dejaba ver una silueta en líneas negras de una torre protegida por un escudo. Kairon vio como Saros miró la joya y el diseño, incrédulo. - La espada. - indicó a Yaina - El escudo. - se indicó a sí mismo. - ¿Qué más escondes, majestad? - preguntó, sobrecogido por conocer más telas de verdad de su primo y esposa. Es como si estuviera en un mundo paralelo. - No escondo nada. - reconoció con una sonrisa - Somos lo que somos. Solo que no lo mostramos a cualquiera. – dio un paso hacia el portal que se abría y se giró para verlo fijamente - Demostraré nuestro valor y que puedes confiar en nosotros para gobernar Yamain. - miró a su esposa en la cama - Cuando llegue el momento ella también te mostrará su valor y la seguirás sin dudar, como nosotros lo hacemos. Ciro miró a Kairon y a los dos escoltas sin hablar. ¿Podía haber una confianza absoluta con tal intensidad? Sus ojos y expresiones no mentían. Arak había demostrado su lealtad al punto de casi morir por ella, Don la reconocía como su maestro sin cuestionar y el emperador parecía respetarla y confiar en ella más allá del vínculo. Él respetaba y era leal a su propio maestro, pero una parte de él podía cuestionar o dudar en ocasiones. En ellos no había esa duda. Ninguna. La seguirían a la muerte sin dudar. Definitivamente la princesa Corelia mantenía más capas de las que podían ver. - Ciro. - escuchó que Don lo llamaba - ¿Vienes? El caballero pestañeó varias veces volviendo al presente en donde Kairon estaba en el umbral del portal con Saros tras él y lo miraban, esperando a que caminara. Avanzó unos pasos y vio en otro lado a lo lejos una sala de espejos con una fuente en el centro. - No se alejen de nosotros. - advirtió Kairon atravesando el portal, el que se cerró tras ellos cuando todos pasaron dejando a Arak de pie junto a la cama donde descansaba la emperatriz.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD