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1998 Words
Culpa Saros acomodó a Yaina en la cama de la habitación que estaba usando en el castillo la que gimió de dolor ante el movimiento. - Alteza. -dijo el sanador mientras entraba corriendo haciendo un gesto preocupado cuando vio la sangre entre sus piernas - ¿Qué ha pasado - Rápido, revísala. - ordenó Saros - Recibió un golpe fuerte. - Necesito revisarla, maga. - le pidió a Yaina con suavidad para no asustarla más. La joven obedeció mientras permitía que la jefa de doncellas y Don la ayudaran a desnudarse con cuidado mientras veía como Kairon entraba en la habitación en silencio. Saros caminó con los puños apretados hacia el emperador manteniéndose de espaldas a la gran cama donde yacía la joven. Oyeron gemir a Yaina cuando el sanador presionó la mano sobre el vientre. - No... - pidió tratando de apartarle con los ojos brillando con magia - Me duele. - Lo siento. Terminaré pronto. - se disculpó el sanador utilizando sus habilidades en ella -Traigan agua limpia. La jefa de doncellas asintió y corrió al baño. - Señorita. - escuchó llamar el sanador - ¿Señorita, puede escucharme? - Si. - murmuró con los parpados cada vez más pesados. - Necesito que doble las rodillas. Necesito examinarla. Yaina asintió moviéndose lentamente, pero casi al mismo tiempo se tensó y su respiración se hizo superficial cuando vino el dolor, tenía miedo. La joven vio entrar a la mujer con unas cosas en los brazos y a Don sonriéndole con suavidad a su lado sosteniendo su mano, pero pudo ver su preocupación. Trató de tranquilizarla, pero su voz y fuerzas fallaron. Volvió a cerrar los ojos, el dolor no ayudaba ¿Por qué Kairon actuó así? ¿Se había molestado por la propuesta que había puesto en los documentos? ¿Por escapar? Estaba muy cansada para encontrar respuesta ahora. Volvió a cerrar los ojos. Estaba viendo borroso. Lo último que vio fue a su esposo mirando al suelo de la habitación. Saros miró a Kairon inquieto cuando la oyeron gemir y la voz preocupada del sanador. El emperador no dijo nada, solo miraba a su esposa ser atendida, rígido, en shock - No sé qué te pasó, pero si vuelves a tocarla así, me aseguraré de que lo lamentes mientras vivas. - le dijo con los dientes apretados, pero fue interrumpido por la exclamación del sanador. - ¿Qué pasa? - preguntó Don a su lado. - ¡La joven está embarazada! - exclamó haciendo que los presentes soltaran gritos ahogados - Necesito trabajar a toda prisa. - explicó. Al escuchar esas palabras Kairon jadeó. Embarazada, pensó. Recordó la sangre y se estremeció. Un bebé, de él y Yaina. Debería estar feliz, pero lo único que sentía era miedo, de perderlo, de haber fallado. No sabía que estaba embarazada y había reaccionado con toda su fuerza. Caballeros entrenados como Arak tenían dificultades al enfrentar el aura completa del león. Reinos completos temían esa fuerza y la había usado contra su propia esposa, la mujer que amaba, su compañera. A la que juró proteger más que nadie. El joven cerró los ojos agotado. Estaba aterrado, sudaba frio por el miedo. Abrió los ojos lentamente para ver al sanador usando el poder divino de sus manos en el vientre de su esposa con los dientes apretados, estaba en total tensión. Kairon se dejó caer de rodillas como si le hubiesen dado un golpe en el estómago. Está confundido, conmocionado, pálido. Culpable. Ya estaba totalmente destrozado por haberle levantado la mano a su esposa en un arranque de ira que no lograba entender y el saber que llevaba a su bebé fue demasiado para procesar. Cuando la vio suplicar su mente pareció aclararse, pero no fue hasta ver la sangre que sus sentidos se despejaron. Toda el aura del león estaba activa y la había arrojado contra la pared sin medir fuerza. Podría haberla matado en ese momento y eso lo sobrecogió - Será mejor que reces para que los dos estén bien. - le escuchó decir a Saros a su lado. Kairon no pudo hablar - Ruega por Yaina y tu bebé. Si algo les pasa, te mataré. - Hazlo, - murmuró sin resistirse - No te detendré. Si como el león mato a mi compañera, merezco morir. Un Cliente Importante Alex se sentó en el escritorio del Gremio de Yamain. Había viajado a través de un portal para revisar las solicitudes y los ajustes a los procedimientos que tenía como base en todas oficinas del gremio Fénix. El jefe dispuesto para el gremio era un caballero retirado de los caballeros Imperiales, quien fue recomendado por Malik y los meses que llevaba a cargo había hecho un excelente trabajo. Estaba satisfecho por lo que estas reuniones periodicas sólo eran de coordinación. - Jefe. - llamó Sinclair a la puerta - Hay alguien que tiene una solicitud. Alex levantó la cabeza confundido. Sinclair era el jefe visible del Gremio Fénix en Yamain. Si estaba hablando de esa manera, debía ser importante. - Déjalo pasar. - le dijo activando el collar de transformación que Yaina le había diseñado para cambiar su apariencia. Su cabello se volvió rubio y sus ojos se tornaron azules. La puerta se abrió y el hombre se inclinó antes de dejar pasar a una mujer envuelta en una capa. - Tome asiento, Milady. - le dijo galante desde la dominadora - ¿Quiere un té? - Por favor... - le dijo con ansiedad visible cuando se sentó en la silla frente al escritorio. Alex hizo un gesto a Sinclair quien se retiró para buscarlo y el joven retomó su postura relajada en la silla. Observó con atención a la mujer frente a él, parecía noble, sus ropas lujosas aun cuando trató de ocultarlas con la capa sin bordados. Parecía asustada ¿Tal vez un marido abusivo?, pensó. El encargado entró con la bandeja y la dispuso en una mesa lateral. - ¿Le importa que el caballero se quedé con nosotros? Dos cabezas servirán más para ayudarla en lo que necesite. - Puede quedarse... - murmuró la joven haciendo que Alex le hiciera un gesto al cuidador en la puerta para que la cerrara mientras Sinclair se paraba junto a Alex. - Ahora puede hablar con tranquilidad, mi señorita. - dijo Alex sonriendo para darle confianza - ¿Qué trabajo quiere encomendarnos? - Necesito que me ayuden a escapar... La frase hizo que tanto Alex como Sinclair se miraran, pero se repusieron rápido para seguir escuchando. - Mi nombre es Brianna Moore. - les dijo descubriendo su rostro y pudieron ver lo hinchada que estaba su mejilla izquieda y los moretones en sus antebrazos. La estaban maltratando - No es necesario que les diga quien es mi padre... - la joven suspiró - Soy la segunda hija, mi hermano es profesor en la Academia. - ¿El marqués le hizo eso? - preguntó Alex con cuidado. Lo había visto en bailes y reuniones en Yamain, pero no esperaba esto de su parte. - Mi padre es alguien impulsivo e impaciente. No le gusta perder el control de lo que quiere o tiene. - la joven se movió inquieta ocultando sus brazos bajo la tela de la capa - Cuando el emperador abdicó tuvo miedo de no poder controlar al príncipe. A medida de que el nuevo emperador ha comenzado a hacer cambios, se pone más inquieto... - ¿Cree que el emperador está perjudicando a los nobles? - preguntó Alex. Conociendo a Kairon y según lo que habían hablado, los cambios que iba a instaurar eran radicales para la corte de Yamain. A diferencia de Odea, el imperio era más jerárquico y estructurado.Tomaría tiempo que el pueblo los asimilara. - Yo no lo creo así, pero mi padre no piensa lo mismo. Cree que perderá el poder que ha ganado con los años. - ¿Y la razón por la que la agrede a usted? - preguntó Sinclair. - Supongo porque soy la más débil a su alrededor y porque me negué a seguirlo ayudando. - ¿Ayudando? - Alex se estremeció. - Está haciendo algo para dañar al emperador y a su compañera... Alex se puso tenso. Era su hermana y su cuñado de los que estaba hablando y no lo sabía. Estaban en riesgo. - ¿Sabe que planea hacer? - preguntó con cuidado controlando su propia voz para que no notara su ansiedad. - No... - le dijo desalentada - Lo escuché hablar con uno de sus hombres sobre un espía en el palacio y volver loco al emperador. - ¿Volverlo loco? - preguntó Sinclair - La única manera de que el león enloquezca es... - Matando a su compañera... - terminó Alex con los nudillos blancos de furia - ¿Escuchó algo más? - Algo sobre el secretario..., pero no sé en detalle. - ¿Y usted quiere salir de la mansión o que su padre enfrente la justicia? - preguntó Alex directamente - Sabe que cómo noble, si su padre cae, toda su casa también caerá... La joven lo miró decidida y eso lo sorprendió. - Aunque es mi padre, sé que él no cambiará. Si ha podido ser capaz de planear atacar a la familia imperial, qué me protegerá a mi cuando ya no le sea útil. Estoy dispuesta a testificar frente al emperador y declarar lo que les he dicho a ustedes. Si debo recibir un castigo por mi propia cobardía, lo aceptaré, pero quiero vivir. De verdad quiero vivir y dormir con mi consciencia tranquila. No puedo quedarme y ver cómo el león y su compañera mueren por la codicia de mi padre... Por favor, si pueden hacer algo... Sé que tienen contactos en todos lados... Necesito que el emperador lo sepa. - ¿Qué está dispuesta a hacer para que el emperador la escuche? - Declararé, sólo quiero que me protejan de mi padre. Salir de su alcance. Mi hermano no tiene nada que ver y si pudiese asumir el marquesado para cambiar en lo que se ha convertido... Sé que es muy pretencioso, pero creo que lo haría bien. Alex se levantó y la observó antes de hablar. Parecía sincera. - ¿Sabe como funcionan los contratos con el gremio? - le preguntó y la joven negó. El marqués tuvo que reconocer su valentía. Entrar a un gremio, una mujer sola y con esa información sin saber nada más... Vaya. - El caballero presente le entregará papel y lápiz para que anote los nombres que recuerde de las conversaciones que ha escuchado. Si es posible fechas y ubicaciones. - le dijo - Con eso podremos recopilar más información y establecer el estatus. Necesita pagar la cuota de inicio que son 100.000 reales ahora y dentro de tres días debe regresar para firmar el contrato de trabajo. - Entiendo... No tengo dinero, pero traje las joyas que heredé de mi madre... Si pudiesen tasarlas y venderlas. - le dijo sacando una bolsa y Alex miró a Sinclair sorprendido. Eso era poco ortodoxo. Si fuesen otros, podrían quedarse con todas las joyas y la diferencia si valían más... La joven era inexperta e inocente con respecto a las negociaciones y los tratos. Debería haberlas tasado primero para saber el valor y no perderlas todas, pero pensó en una posibilidad que lo tensó. - ¿Cómo pudo venir hoy aquí, milady? - le preguntó. - No tengo permitido salir... - dijo bajo - Me escapé en una carreta del mercado que lleva la comida a la mansión. Debo regresar pronto... Alex intercambió miradas con Sinclair quien asintió. - Mi gente la llevará de regreso. No debe arriesgarse. Nos veremos en tres días en la mañana. - Gracias, señor... - Ha sido muy valiente, Milady. - le dijo dejando que el encargado la escoltara afuera mientras el sostenía la bolsa de joyas que la joven había dejado sobre la mesa. Tenía que moverse rápido. Su familia estaba en peligro.
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