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1456 Words
El Taller del Alquimista Yaina pisó el gran laboratorio del Maestro de la Academia de alquimia con una mueca. Seguía siendo un excentrico desordenado, pensó. Papeles en el suelo dispersos por todos lados, frascos con rocas y otros elementos llenaban los anaqueles en las paredes, libros por todos lados, una mesa de trabajo para experimentos y un escritorio a lo lejos que debía ser para preparar sus clases y documentos. También había una chimenea y un gran sillón gastado frente a ella donde estaba un anciano con una barba larga leyendo un libro. - ¡Vaya! - dijo Yaina moviendo un documento con el pie para abrirse paso - Y ustedes dicen que nosotros somos los desordenados... La voz masculina hizo que el anciano se levantara sorprendido con los ojos bien abiertos como platos dejando caer el libro que leía. - ¿Qué haces aquí, mago? - le gritó viendo como en circulo mágico se cerraba tras ellos dando un aspecto amenazante a los tres hombres - ¡No debes venir sin anunciarte! - ¡Oye! Maestro de la Torre y serás igual de educado... - ¡Casi me matas de un susto! - alegó. - Lo siento. - dijo Yaina en un tono burlón mientras se sentaba en una silla que estaba apoyada contra la pared cruzando los brazos en el pecho. La luz de la chimenea solo iluminaba la parte inferior de su rostro - Recordé que tenía que hablar contigo y vine. - No tenemos nada de que hablar. Te lo dije la última vez. - gruñó el alquimista caminando hasta quedar frente a él, pero se detuvo acobardado cuando los escoltas del mago se pusieron de pie detrás de su maestro haciéndolo ver más imponente. El Maestro de Magia chasqueó la lengua negando con la cabeza, ignorándolo. - Me enteré de que hay un brote en el imperio. - le dijo directamente - Vengo a hacerte una propuesta. Sé que debes trabajar para el emperador. - ¿Una propuesta? - se burló el alquimista - ¿Qué podrías ofrecer? ¿Humo y espejos? - escuchó un gruñido del hombre más bajo que fue aplacado por un gesto con la mano del Maestro de Magia. - Mmm...Humo y espejos... - dijo Yaina sarcástica - Podríamos entretener a los niños asustados mientras sus padres mueren y usaríamos a tus alquimistas para los fuegos artificiales. - ¡¿Cómo te atreves?! - le gritó - La alquimia es seria para nosotros. - Como la magia lo es para nosotros, los magos. - advirtió Yaina levantándose en toda su altura mirando hacia abajo al alquimista que era dos cabezas más bajo que el Maestro de Magia. - Es hora de que dejes esta competencia absurda, Orion. - Caminó un par de pasos y volvió a mirarlo. - Hablo en serio cuando te digo que tengo una propuesta. De ti depende escucharme y aceptar. - ¿Solo tengo esa opción? - Me temo que si. - dijo admirando sus guantes negros como si fuera lo más interesante - Ya hablé con el comerciante que presentó la propuesta al emperador de Yamain y ha aceptado mis términos. - Si ya lo hablaste con él, ¿Por qué debo escucharte entonces? - Porque quiere que trabajemos juntos. - dijo acercándose a la mesa de trabajo al tiempo que tomaba frascos y sustancias agitándolas en el aire con curiosidad - Además, es algo que te beneficiará a ti y a tu Academia. Orion corrió hacia el mago tratando de quitarle los frascos, pero Yaina, en la ilusión, solo tenía que levantar el brazo para dejarlo fuera de su alcance. - ¡Deja de tomar mis cosas! - le gritó frustrado al no poder alcanzarlo. El mago ladeó la cabeza y lo regresó a la mesa, divertido - Explícate de una vez y lárgate. - Buena decisión. - dijo Yaina apoyándose en la mesa cruzando los brazos sobre el pecho - Como leíste en la propuesta, ésta dice que se prepararán medicamentos mediante la espagiria y fitoterapia, disciplinas que tú manejas a la perfección. - Eso es cierto. - coincidió - Pero también sabes que esos medicamentos tienen una vida útil corta. Tú mismo no puedes asegurar que cuando lleguen a la gente en los pueblos afectados, serán de utilidad. Pudo observar cómo el alquimista apretaba los dientes. El mago tenía razón. No podía refutar sus palabras. - No creo que el emperador deje pasar algo como eso, no solo por el presupuesto perdido si no por la gente que no podrá ser ayudada. Por eso te propongo una cooperación entre la Academia y la Torre. - continuó Yaina. - ¿Qué clase de cooperación? - preguntó Orion con desconfianza. - Prepara kits de medicinas para uso individual para el grupo que viaje a los pueblos y grupos de medicinas en envases separados para los distintos síntomas para distribución de la población en las ciudades. Que puedan ser parcializados en el lugar. Yaina caminó hacia sus escoltas. - La Torre se encargará de sellarlos con magia de conservación para protegerlos. - ¿Qué ganas tu con esto? - preguntó el alquimista. - Alianza, cooperación mutua. - dijo con simpleza - Las cajas y envases tendrán el sello de la Torre y de la Academia. Enviarás un stock de las preparaciones a la Torre periódicamente para mantener la salud de mis magos y yo te apoyaré con los sellos y el transporte. Nuestra magia espacial les ahorrará mucho tiempo y dinero ¿No lo crees? La Academia se queda con los derechos de sus medicamentos, pero si tiene nuevos pedidos desde el Imperio o de los reinos vecinos, el despacho y la distribución será realizado por el gremio que la Torre te diga a fin de asegurarnos que los nobles no se queden con ellos y lo vendan a precios que la gente común no pueda pagar. Yaina le palmeó el hombro sabiendo que él era de origen plebeyo y sonrió cuando lo sintió tensarse ante la perspectiva de que los nobles se quedaran con todo sin hacerlo llegar a la gente. - Además, eso mantendrá al Templo lejos de ti y tus alquimistas por meterte en su trabajo. Los magos y los alquimistas trabajando juntos…- dijo divertida - Esos sacerdotes gruñones no lo esperan. Han rechazado la solicitud de ayuda del emperador y no lo dejaré pasar. -¿Y qué relación tienes con el emperador? - le preguntó Orion haciendo que Yaina se tensara. Había hablado como esposa, no cómo la Maestra de Magia. - Su esposa ha trabajado con la Torre algunas veces…Su familia es de magos poderosos. Ayudaré a Yamain porque ella lo solicitó de buena manera... - le dijo misterioso. Yaina se sentó en la silla mientras se inclinaba hacia adelante. - Por último, - le dijo pateando unos documentos dispersos en el suelo desviando el tema - creo que te hace falta un poco de ingresos por sus trabajos para mejorar las instalaciones, no solo de la Academia si no de tus alquimistas. - El dinero siempre es necesario. - dijo en tono de burla - Ustedes son expertos en eso.Venden todo lo que hacen. - ¡Por supuesto! - dijo Yaina en una exclamación - Cada herramienta o trabajo solicitado es tiempo y energía del mago. Deben pagar por eso. ¡Lo mismo pasa con tus estudios y combinaciones y las de tu gente! ¿Cuántas veces han dejado de dormir o comer para hacer una solicitud? Estás rocas o cosas que usan ¿Son baratos o fáciles de conseguir? Supongo que algunos de ellos debes mandar a traerlos a otros lugares. Es por eso que cobramos. Es el valor de nuestro trabajo. Creo que el de ustedes también es importante. La joven se paró y caminó hacia un portal recién abierto por Tamir. - Te dejaré meditar esta noche. Mañana al amanecer mis magos vendrán por la respuesta y el contrato. - ¡Quedan cuatro horas para el amanecer! - exclamó el anciano alquimista. Yaina se detuvo antes de cruzar y se rio por lo bajo. - Para demostrar mi buena fe, incluiré una clausula para que uno de mis magos entrene a uno de los tuyos en administración y comercio para que cobren el verdadero valor de su trabajo y no sigan perdiendo ingresos. - Yo… - comenzó a refutar el hombre. - Cuatro horas, Orion… No pierdas el tiempo. - tarareó el Maestro de Magia - Espero tu amable cooperación. - le dijo finalmente antes de atravesar el portal seguido por los escoltas para luego cerrarse tras ellos. - ¡Maldito bastardo! - gritó el anciano al aire, frustrado. Estaba perdido, aunque debía reconocer que esta cooperación no era una mala idea.
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