Autorización Trivial
Kairon alzó la cabeza de los documentos en los que trabajaba cuando escuchó que Arak buscaba al mayordomo de boca de un guardia en el exterior del despacho.
Miró al barón Torne con curiosidad antes de hablar.
- Que entre. - ordenó viendo al caballero de pie frente a él - Saludos al león del imperio, larga vida. - le dijo inclinándose.
- Levántate, Arak. - le dijo sonriendo - Estamos en privado.
- Me disculpo, majestad - dijo serio ignorando el comentario de su primo y mirando a Don quien estaba de pie tras Kairon - La emperatriz ha enviado una solicitud al mayordomo.
- ¿A mí? - preguntó Marcus sorprendido mirando a Kairon confuso y luego al secretario.
- Su majestad mencionó que necesitaba su respuesta de inmediato. - dijo entregando la nota.
Marcus la abrió y luego dejó que la leyera el secretario, quien alzó una ceja
- ¿Quiere otra doncella personal? - dijo sorprendido - ¿Esto es urgente?
- Le recuerdo al secretario que la emperatriz solo tiene a Lucy para atender sus necesidades. - vio cómo Kairon alzaba una ceja, sorprendido.
- ¿Sólo Lucy? - preguntó y su primo asintió. Recordaba haber dado la orden de enviar otras ayudas de cámara y doncellas cuando llegaron al palacio y de eso habían pasado más de dos meses ¿Qué estaba pasando?
- Debido a que la gestión de su personal aún está bajo el control del palacio del león, tuvo que hacer esta solicitud. - dijo Arak con una mueca mirando a Kairon quien a esas alturas había dejado los documentos y le prestaba total atención - Y cómo esta solicitud debe pasar al secretario y a su majestad, aproveché el que todos están aquí. - su voz fue desafiante. -Como comandante de los caballeros imperiales y su escolta personal, puedo dar fe de los antecedentes y comportamiento de la doncella que la emperatriz solicita por lo que el filtro de seguridad llevará mi sello.
- ¿Y Lucy? - preguntó Kairon sabiendo que ha sido su doncella por casi una década.
- Lucy la entrenará conforme a las necesidades de la emperatriz y trabajarán juntas ¿Usted cree que una sola doncella basta para servir a la emperatriz del imperio, majestad? La emperatriz no sólo es una esposa, es la compañera elegida por el espíritu del león. ¿No lo habrá olvidado, majestad?
Vio como Kairon se removía en su asiento, incómodo. Se conocían demasiado bien como para entender las palabras y mensajes entre líneas de ambos. Arak estaba molesto con su actitud y se lo había hecho notar.
- Dámelo, - ordenó Kairon a Marcus - lo firmaré.
- Pero majestad. - exclamó el Barón tomando la carta - ¿Cómo puede autorizar esto de manera tan imprudente?
- ¿Imprudente? - repitió Kairon con un gruñido bajo cambiando los ojos a forma felina. Ducalyon estaba presente - ¿Las necesidades de mi compañera me hacen imprudente? Recuerdo haber dado instrucciones claras cuando llegué ¿No es así, mayordomo? Desde que la emperatriz llegó, ha hecho todo lo que se le ha pedido, aunque no estuviera de acuerdo. Ha seguido todas esas antiguas reglas que me fastidian incluso a mi. - su tono era cada vez más fuerte y amenazante - Está pidiendo solo una doncella. - gruñó levantándose, haciendo que los dos hombres se encogieran en sus lugares - ¡Es la emperatriz, maldición! ¡Mi compañera! -gritó Ducalyon furioso con los ojos brillando. El león estaba hablando.
- Le recuerdo al secretario. - intervino Arak con una sonrisa irónica - que fue usted mismo el que le dijo a la Emperatriz que no molestara al emperador con "cosas triviales". Es por eso que su majestad se lo solicitó al mayordomo.
Disfrutó ver la cara confusa del secretario quien tosió nervioso y la mirada furiosa de Kairon.
- ¿Qué es lo que dijiste, Arak? – le preguntó acercándose al barón de manera amenazante con el aura activada que le hizo caer de rodillas - ¿Te atreviste a hablarle a mi compañera de esa forma? ¿Quién te autorizó a decidir por mí? - gruñó el león - En especial en lo relacionado a mi compañera ¡Soy el león! - gritó.
- Yo, yo, majestad, solo quise…- tartamudeó temblando - Usted no estaba.
- ¿Mi compañera estuvo aquí y no lo informaste? - le preguntó molesto.
- Fue hace algunos días, usted estaba en la reunión, yo...
Ducalyon caminó hacia la ventana ¿Por qué no podía sentirla? Tampoco podía enlazar a Kairon No podía comunicarse con ninguno de ellos. No podía sentir su aroma en el despacho, este habría quedado impregnado y el lo habría sentido sin dificultad ¿Qué le pasaba a sus sentidos? Era cómo si estuviera bloqueado para llegar a su contratista y a Yaina. Algo estaba pasando.
- Arak. - ordenó el león - Todo lo que solicite mi emperatriz lo traerás directamente a mi.
- Sus órdenes, maestro - le dijo reconociendo quien le hablaba.
- Si me llego a enterar de que alguno de ustedes o los que trabajan a mi lado vuelven a hacer algo como esto, los haré pagar. Primero tú y ahora Torne. Espero que aprecien sus cabezas o las perderán por mi mano. - gruñó molesto - Nada debe bloquear el que mi compañera venga a mi independiente de donde esté y con quien esté.
- Sus órdenes, majestad. - dijeron al unísono inclinándose.
Ducalyon se giró tomando una pluma del escritorio y firmando el documento estampando el sello real. Con eso, Arak no necesitaba nada más.
El león se lo entregó al escolta mientras se sentaba en la silla echando la cabeza hacia atrás mientras masajeaba las sienes. Tenía que hablar con Kairon, pero no podía enlazarlo. Tomó un papel y escribió algo antes de respirar profundo.
Cuando el emperador volvió a abrir los ojos, estos habían vuelto a la normalidad y Kairon miró a los demás con recelo. No podían saber que el león había tomado el control. No era el momento.
- Realiza las gestiones. - le dijo a Arak.
- Entonces me retiro, majestad. - le dijo haciendo una reverencia y girando hacia la puerta.
- La dejo a tu cuidado, Arak. - le dijo Kairon mirándolo serio.
- No se preocupe, majestad. Cumpliré su orden. - dijo Arak con una inclinación de cabeza para luego salir del despacho.
Don suspiró.
Ahora podía ver con sus propios ojos que Arak tenía razón.