Extraño
La noche estaba en todo su apogeo cuando Kairon salió de su despacho. Había encontrado la nota que Ducalyon le había dejado con cuatro palabras.
"No la dejes sola"
Había enviado a descansar a Don mientras firmaba los últimos documentos y ahora caminaba por el pasillo que daba a la galería de cristal abriendo las puertas por sí mismo sorprendiendo a los guardias por lo que les hizo una seña para que no le saludaran. Le dolía la cabeza y se sentía extraño. Cada vez era más frecuente que el león tomara el control de su voz y su cuerpo cuando había situaciones que involucraban a Yaina. Lo que escuchaba después siempre era en pos de protegerla.
Según lo que había aprendido y vivenciado en la unión con el espíritu del león, ésta era una sincronía. Era su cuerpo y pensamientos, pero podía escuchar al espíritu en su mente pudiéndole dar a elegir voluntaria y conscientemente usar o no su poder según la situación. También este podía tomar el control si el contratista o la compañera estaban en peligro.
En cuanto al vínculo de pareja con su compañera, tanto el león como él vibraban en total sincronía. Eso era desde que la habían vuelto a encontrar. Era un hecho. En esos momentos eran uno en emociones y pensamientos. No entendía porque las últimas semanas parecían estar en polos opuestos. Él se molestaba con ella en cuanto la veía o pensaba en ella y el león la defendía. No era normal. De eso estaba seguro.
Pero lo que le intrigaba más era que no podía hablar con él desde la noche en que tomaron a Yaina furiosos. Tampoco se materializaba. Primero pensó en que Ducalyon estaba enojado y le estaba dando una lección por su conducta, pero la nota le decía que Ducalyon tampoco podía contactarlo desde su posición.
Tal vez estaba muy cansado. No podía ser, negó a sí mismo. Aún en los momentos más difíciles siempre habían estado sincronizados por y para ella.
Miró hacia la izquierda al palacio del león e, inhalando profundo, giró en dirección contraria, a las habitaciones de su esposa. Caminó disfrutando la noche que se podía ver a través de las ventanas de cristal de la galería finamente unidas a arcos redondos que daban a un techo curvo iluminado con piedras mágicas. Podía ver los amplios jardines bajo él y guardias haciendo su turno.
Al llegar a las dos grandes puertas flanqueadas, vio a dos guardias quienes se inclinaron para saludar y le abrieron para dejarlo pasar. Subió las escaleras y cuando atravesó las puertas que llevaban a las cámaras de la emperatriz observó el gran pasillo tenuemente iluminado. Caminó un trecho y a la derecha vio una escalera bellamente tallada que terminaba en el vestíbulo que tenía una gran mesa al centro con un jarrón con flores. Un sector estaba diseñado con una saliente para que los que estaban abajo pudieran ver a la compañera antes de bajar y a su vez, el que estaba arriba tuviese una entrada imponente.
A la misma altura, a la izquierda estaban las puertas de un salón interior para recibir visitas externas de manera personal y a su lado un pasillo que daba a las escaleras que conducían al tercer piso. Allí se encontraban las habitaciones de los hijos del emperador y sus niñeras. Luego había varias puertas que llevaban a los vestidores de la emperatriz y antes de llegar a la gran puerta que daba a su habitación había otro pasillo que giraba a la izquierda hacia el ala de descanso de las doncellas exclusivas y sus escoltas.
A la derecha, después de la saliente de la escalera, había un salón de espera para las audiencias con la emperatriz, a su lado, un salón de audiencias más pequeño, gemelo al que estaba junto a su despacho en el palacio principal donde detrás de la cortina tras el gran sillón había una pequeña habitación de descanso con una mesa y un sofá que permitía que descansara sin necesidad de salir o regresar a su despacho. A su lado estaba el despacho de trabajo de la emperatriz, el que conectaba internamente con la habitación. Le habían informado que su padre había tenido especial cuidado de replicar todos los símbolos en el palacio de la emperatriz para mostrar que la pareja era igual en poder y en el trabajo hacia el pueblo de Yamain.
Mientras se acercaba a las puertas de la habitación de su esposa, vio a Arak de pie haciendo guardia sin otros guardias, lo que lo sorprendió.
- ¿Pasa algo con la emperatriz? - le preguntó - No recibí ningún reporte.
- No ha pasado nada malo, majestad. - dijo saludando con una inclinación - La emperatriz ha tenido un sueño inquieto por lo que me he quedado aquí por si me necesita. - Kairon se tensó. No había dormido con ella hacía algún tiempo y eso podía haber traído las pesadillas de regreso. No lo había pensado.
- Entraré a verla y me retiraré. Tengo que regresar a trabajar.
- Por supuesto, majestad. - abrió una de las puertas - Adelante.
Kairon caminó hacia el interior de la habitación y esperó a que la puerta se cerrara antes de avanzar, iluminado solo con la luz de la luna que entraba por el gran ventanal. Los colores azules, blanco y dorado dominaban la habitación, decorada por Darion pensando en su nueva hija. Siempre le había sorprendido el amor que su padre tenía por los hijos de su mejor amigo, más aún cuando se enteró que los había protegido desde las sombras cuando Quior murió. ¿Tan seguro estaba de que Yaina era su compañera? Soltó una risita frente a lo obvio ya que se imprimió de ella cuando ella cuando tenía ocho años frente a los padres de ambos. Su padre solo había esperado a que se diera cuenta.
Recorrió con la mirada la gran habitación y advirtió que Yaina la había modificado un poco para hacerla más suya. A la izquierda parado junto a la puerta estaba el tocador, a su lado una puerta que daba hacia al vestidor interior con ropa diaria y ropa de dormir y cerca de este, en la pared lateral, se ingresaba al baño el que tenía un gran estante de toallas mullidas y un área donde las doncellas la secaban y aplicaban lociones. Contiguo a ese sector del baño, pero separada por una puerta deslizante estaba la gran y espaciosa tina de dos por cuatro metros bellamente decorada frente al ventanal con flores y enredaderas trabajadas en el vidrio. Frente a la tina estaban dos lavamanos con un gran espejo y al costado un pedestal con un jarrón con flores que se podía ver cuando uno abría la puerta secundaria que estaba cerca a la mesa de noche junto a la cama en el lado izquierdo donde dormía Yaina.
En el espacio disponible aún en la habitación, a la extremo, había dos sofás enfrentados y una mesa en el medio y hacia la pared del fondo una chimenea con una alfombra gruesa y cojines dispersos.
A la derecha de su vista junto a la cama había una puerta que conducía al tercer piso, a la sala familiar (un lugar con sillones, mesas de laterales y un comedor más pequeño pensado en la familia compartiendo en privado). Ellos nunca lo habían usado desde su llegada. Comían en el comedor del Palacio del León
¿Por qué no lo habían hecho? se preguntó. Tal vez por la costumbre de comer en el otro palacio ya que su madre había muerto poco despues de nacer Maya y el palacio no se ocupó desde ese momento.
Miró hacia los grandes ventanales que dejaban entrar la luz a causa de las cortinas abiertas y una mesa auxiliar entre dos sillones para leer o disfrutar del sol. En la esquina a su derecha había un largo mueble esquinero con recuerdos y adornos. A su lado, la puerta interior que conectaba al despacho de trabajo de la emperatriz.
La amplia cama con cortinajes blancos y azules hacían que su compañera dormida pareciera pequeña. Había venido dos noches antes de que su esposa le pidiera irse. Pensó en venir a hablar con ella, pero el trabajo y todos los preparativos para visitarla según la etiqueta se hicieron desagradables. Caminó con cuidado hacia el lado derecho de la cama donde generalmente él dormía y se sentó al borde de la cama. Observó el largo cabello de su esposa disperso en su espalda y almohadas, sus labios entreabiertos y su brazo extendido hacia el colchón buscando su presencia. Suspiró al pensar que su esposa apoyaba la palma abierta en su pecho mientras se acurrucaba a su lado como lo hacía ahora.
Arak le dijo que había tenido un sueño inquieto por lo que liberó feromonas para calmarla mientras ponía un mechón de su cabello tras su oreja. La escuchó murmurar algo y sonreír entre sueños. Se inclinó con suavidad y besó su cabeza aspirando su aroma con una profunda respiración. Olía diferente, pero no reparó más en eso cuando las emociones negativas surgieron de improviso.
El sentirse molesto cada vez que la veía era demasiado confuso. Inquieto, se levantó y salió de la habitación donde Arak aún estaba de pie. Miró a su primo y suspiró.
- ¿Todo bien, majestad? - le preguntó Arak.
- Si, solo cansado. - murmuró masajeando su frente - Las propuestas se entregarán hoy hasta el atardecer. Necesito que mañana vayas a trabajar conmigo para analizarlas desde el punto de vista táctico y de la seguridad. Le enviaré un mensaje a la emperatriz para que sepa que no la escoltarás. Coordina un escolta para que te reemplace ese día.
- Sus órdenes, majestad. - dijo inclinándose y viendo marchar a su primo por el largo pasillo.