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1645 Words
Analizando a las Nobles Arak miró a Yaina preocupado mientras el carruaje avanzaba por la avenida hacia la mansión del marquesado de Aeros. Estaba muy pálida a pesar de que Lucy la maquilló. Desde hace algunos días, la mujer cerraba los ojos y se dormía a la menor oportunidad. - Majestad, podemos regresar si no se siente bien. - le dijo el caballero desde el asiento frente a ella. - No. - dijo Yaina abriendo los ojos y sonriendo con suavidad mientras se masajeaba la frente - Solo cerré los ojos un momento. Me siento cansada y con sueño. La propuesta... - Majestad… - Duermo toda la noche casi todos los días. - le dijo mirándolo - Sé que te quedas en la puerta de mi habitación por mis pesadillas. - Es mi deber cuidarla, majestad. - dijo avergonzado al ser descubierto - El emperador…debemos. Yaina miró por la ventana antes de responder. - El emperador está con mucho trabajo. - le interrumpió - Además su majestad mencionó que es adulto. Lo escuchaste. No es necesario importunarlo con cosas triviales. - Arak recordó los eventos previos e hizo una mueca. - Entiendo, majestad. - le respondió para no presionarle más. - Vuelve a mencionar a las asistentes a la fiesta. - le pidió - Sus casas e influencia en la corte. - Todas son mujeres casadas. - sacó una hoja de entre sus ropas y se la entregó - Es un resumen de sus casas y los cargos que poseen sus esposos. - Arak suspiró - En la fiesta de té estarán ambas facciones, los que apoyan al emperador y los que no. He marcado su afinidad junto a cada nombre. - Veo que la curiosidad es mayor que su desacuerdo. - le dijo Yaina divertida. - Supongo que quieren ver como se comporta la nueva emperatriz. - Entonces debemos dar un buen espectáculo. - dijo con una media sonrisa. Mentalmente trató de recordar la información que tenía de la anterior emperatriz. Se decía que era sabía, con un carácter más introvertido y reservado. Si bien era una mujer culta y capaz, educada en la academia, había tomado una posición más pasiva y sutil después de casarse con el emperador, a fin de dejar que su esposo brillara en cuanto a las acciones y la gestión frente a la corte, aunque todos sabían que su consejo era prioritario para las decisiones de su compañero. Por su parte, el mantener la imagen de niña mimada que había creado en Odea podría hacer que los nobles no la tomaran en cuenta o trataran de manipularla para poder influir en el nuevo león ya que, a la vista de los demás, éste estaba nublado por el deseo y podía hacer todo lo que su amante le dijera para mantenerla feliz. Podía jugar con el papel para hacer que los nobles, desconfiados por ser extranjera, bajaran la guardia y hablaran de más o influir en las señoras en las actividades sociales para trasmitir información que ella quisiera a sus esposos para desviar la atención. A diferencia de la anterior emperatriz quién tenía una imagen seria y digna, ella tenía la imagen de inmadura y mimada que controlaba los pantalones del emperador con sus encantos. Inocua ante la estrategia o poder militar como una muñeca hermosa que decoraba el brazo del emperador. Es por eso por lo que habían mantenido esa imagen con su esposo a fin de poder ver la realidad de la corte. Como era su primera salida oficial, no podía cambiar su conducta de manera imprudente y menos sin discutirlo con Kairon ya que no sabía lo que él estaba viendo en los nobles durante sus reuniones de consejo o en las audiencias diarias. - Solo estaremos un rato, Arak. - le dijo - Debo mostrarme. Necesito que observes y te mantengas firme, aunque mi comportamiento cambie. - Lo entiendo, majestad. - le dijo serio - La seguiré. - Hemos llegado, majestad. - les dijo un escolta junto a la puerta frente a las rejas del terreno de la mansión del marqués. - Avancemos. - ordenó Arak haciéndole un gesto. El carruaje siguió el camino desde las rejas hasta la fachada de la mansión donde les esperaba la anfitriona y los sirvientes principales quienes se movieron inquietos cuando Sir Arak bajó del carruaje y extendió la mano para que Yaina bajara. Con cuidado mantuvo una sonrisa estudiada al ver que todos hacían una reverencia. - Saludos a la compañera del león, larga vida. - dijeron al unísono. - Agradezco la bienvenida, marquesa Aeros. - le dijo con una sonrisa encantadora sin soltar el brazo de Arak. - Me alegro de que haya aceptado la invitación, majestad. - dijo la marquesa moviendo el abanico en su mano - Es un honor que su primera actividad social sea en mi hogar. - Su majestad ha estado muy ocupado en el trabajo y no le gusta que me aleje mucho. - soltó una risita - Se preocupa mucho por mi. - Vaya, - dijo la noble - es muy bueno que la cuide. Debe quererla mucho. -Así lo creo, marquesa. - dijo Yaina indicando a su escolta - Tanto que ha asignado a Sir Arak para que me escolte en todo momento. La mujer rio tras el abanico, alborotada. - Es un deleite a la vista poder ver a Sir Arak en una actividad de señoras. - le dijo coqueta - Es un caballero reconocido y muy codiciado por las señoritas por sus méritos y apariencia. - Siii - expresó Yaina entusiasmada, divertida al ver que el escolta se movía incómodo - Me han que es una celebridad en el imperio. - Lo verá cuando la lleve al jardín lateral, majestad. Las otras señoras ya están aquí. - Oh, vaya. - dijo la joven cubriendo su boca con una mano, avergonzada - La entretuve. La sigo. - Por aquí, majestad. - le dijo indicando hacia el costado del edificio limitado por un arco enmarcado de flores. Arak acompañó a la emperatriz mientras los otros escoltas permanecían cerca. Yaina escuchó los suspiros y comentarios dirigidos a Arak. - Definitivamente eres una celebridad. - le susurró divertida. - Me avergüenza, majestad. - susurró el hombre de regreso. - Oh, vamos. - le dijo - Eres un excelente caballero y estás en forma. Además, eres primo del emperador. - Ser un caballero es un trabajo serio. - le dijo. - Saludos a la compañera del león, larga vida. - saludaron las mujeres desde sus ubicaciones a lo largo de la mesa mientras se sentaba en el puesto asignado junto a la anfitriona mientras Arak permanecía de pie tras su asiento. - Las saludo, señoras. - les dijo Yaina con una sonrisa encantadora - Espero que pasemos un buen momento. A sus palabras, los sirvientes comenzaron a servir el té y distribuir los bocadillos. Varias de ellas comentaron que conocían Odea y mencionaron los lugares que habían visitado. Yaina opinó por algunos de ellos y preguntó por lugares en Yamain para visitar. Preguntó por los salones de té y postres, la moda y tendencias de vestuario enmarcada en su papel. - A su majestad le gusta verme siempre arreglada. - dijo ocultando el rostro tras el abanico fingiendo timidez - Aunque ahora está trabajando hasta tarde. - hizo un gesto de tristeza. - Las reuniones del consejo son necesarias considerando que el emperador no ha estado en el imperio. - dijo una mujer que reconoció como esposa del vizconde Wells, noble a favor del archiduque Ganhe - Todos nuestros esposos están llegando tarde por sus responsabilidades. Varias mujeres comentaron entre ellas a favor y en contra del comentario ya que parecía estar regañándola. - Es verdad, Vizcondesa Wells. - dijo Yaina bajando la cabeza - He sido desconsiderada con las señoras. Todas se están esforzando tanto al apoyar a sus esposos. - Majestad. - dijo Arak inquieto. - Estoy recién casada por lo que aún debo aprender...Espero que puedan enseñarme a ser paciente con su ejemplo - Oh, majestad. - dijo la marquesa Aeros tratando de tranquilizarla - Todas la entendemos… cada pareja debe aprender a trabajar junta. - Ya veo. - Yaina pareció pensar un momento y luego sonrió - Podría pedirle al emperador que termine más temprano la jornada para que sus esposos lleguen temprano a casa. - dijo como si fuera una gran idea - Si tiene trabajo puede hacerlo antes de ir a la cama. - ¡¿Cree que el trabajo del imperio es tan liviano como si leyera el periódico en la cama?! - exclamó a mujer noble. La mujer parecía cada vez más furiosa ignorando a las que trataban de calmarla. - Oh, vaya vizcondesa. - dijo Yaina ladeando la cabeza - El trabajo es muy importante, pero me preocupa que, por culpa de mi esposo, los honorables caballeros descuiden a tan preciadas señoras. Sé que trabajan duro, pero el emperador es capaz de ver por los intereses de su pueblo y la gente que trabaja junto a él. Sólo deben presentar los argumentos necesarios para ser apoyados. El comentario sonó lógico desde el punto de vista de una fiesta de té, pero tenía el trasfondo claro de que, si los nobles no hablaban, el emperador no haría nada por ellos. - Si mi idea no es suficiente puedo pedirle que sugiera algo, vizcondesa. Me aseguraré de trasmitirlo al emperador. Las señoras miraron a una y a otra cuando la mujer se tensó. - ¿Cómo me atrevería, majestad? - dijo con rapidez. - Tal como mencioné hace un rato, aún debo aprender de tan ilustres nobles damas del imperio ¿Quiénes más capacitadas que este selecto grupo elegido por la marquesa? – sonrió de la manera más encantadora por lo que las mujeres no supieron que contestar - Emperatriz… Una voz clara y firme las interrumpió.
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