La Visita Del León
La voz de Kairon la sorprendió y le hizo levantar la cabeza para verlo de pie al otro extremo de la mesa. Se veía imponente vestido formalmente a la usanza del imperio. Por un momento su cuerpo se tensó, pero logró ajustar su comportamiento.
- ¡Cariño! - exclamó cuando vio que caminaba hacia ella con los ojos brillando intensamente.
Kairon se inclinó y besó su cuello en vez de su mano haciendo que las damas lanzaran exclamaciones ahogadas.
- Te extrañé, compañera. - le dijo acariciando su clavícula y apoyando luego la mano abierta en su esternón sobre el escote. Era Ducalyon.
- Saludos, majestad. - dijo la marquesa Aeros incómoda junto a ellos.
El león levantó la cabeza después de aspirar el aroma de su esposa e inclinó la cabeza en forma de saludo.
- He venido a buscar a la emperatriz. - dijo extendiendo la mano para que su esposa se levantara - Espero que te hayas divertido, compañera.
- ¡Si, cariño! - dijo Yaina alegre consciente de que hablaba con el león - Todas han sido muy amables.
- Eso espero o haré que sus esposos sean castigados. - dijo el espíritu y las vio ponerse tensas.
- Oh,no cariño. - dijo acariciando su mejilla para obligarle a mirarla - Todo ha sido perfecto. - miró a la marquesa - Me retiro marquesa, agradezco la invitación, me divertí.
- Muchas gracias, majestad. - le dijo haciendo una reverencia al igual que las otras nobles mientras la pareja se dirigía al carruaje seguido de Arak y los otros caballeros.
El carruaje del emperador estaba listo para llevarlos por lo que Yaina entró seguida de Ducalyon y la puerta de cerró para avanzar y salir de los terrenos del marquesado haciendo que los escoltas y el segundo carruaje se movieran al tiempo que Arak tomaba un caballo y los adelantaba para ir a la cabeza.
Regresando al Palacio
Yaina observó a Kairon quien estaba sentado frente a ella mientras miraba al exterior en tanto viajaban de regreso al palacio.
Hacía semanas que no lo había visto y el que la haya ido a buscar a la fiesta de té era extraño. Sus ojos habían dejado de brillar y su semblante era muy serio. Ducalyon ya no estaba presente.
- No te esperaba. - le dijo calmada - me sorprendiste.
- Terminé el trabajo más temprano y me enteré de que habías salido. - le dijo Kairon sin mirarla.
- Oh, entiendo. - le dijo la joven con cuidado - ¿Todo bien en tus reuniones?
- Largas y aburridas.
Kairon no la miró.
-¿Hay algo en lo que pueda ayudar? - le preguntó.
- No tienes de que preocuparte. - dijo sin expresión.
- Ya veo
- ¿Cambiaste tu perfume? - le preguntó de repente - Tu aroma es diferente.
Yaina lo miró confundida.
- No, siempre uso el mismo. - aclaró.
- Entiendo. - murmuró el emperador.
- ¿Hay algo qué desees preguntarme o saber? - le preguntó extrañada - El que hayas venido a buscarme...
- Lideraré la expedición que va al territorio del brote. - soltó su esposo de golpe - Partiré en dos semanas.
- ¿Dos semanas? - le preguntó sorprendida - ¿Crees que sea posible partir luego?
- La propuesta ya ha sido elegida y los preparativos están en curso. - le dijo Kairon tajante - Soy el emperador. Es necesario que la gente pueda ver que puedo liderar a mi caballeros por mi mismo y que no solo estoy viendo papeles en el palacio ¿Hay algo que pase en esa fecha? - le preguntó mirándola directamente y vio como su labio tembló ligeramente y sus manos aferraron el vestido - ¿Emperatriz?
- No, majestad. - le dijo evitando su mirada.
Yaina bajó la mirada lastimada por sus palabras. En dos semanas se cumplía un año de su unión y había esperado pasarlo con él, pero ahora, debido a la expedición, no sería posible. Había revisado al detalle el plazo y no era ese rango. Kairon debería haberlo modificado y aún no se le informaba al comerciante. No le dolía el que saliera en una misión, lo entendía. Lo que la lastimó es que lo hubiese olvidado ¿Las palabras que había dicho en la fiesta de té eran una actuación para las nobles? ¿Tan pronto se había enfriado la relación? Estaba confundida y lastimada. Las lágrimas amenazaron con brotar y no quería eso.
- Hemos llegado, majestad. - informó Arak abriendo la puerta para que bajaran, pero se sorprendió cuando Yaina se adelantó bajando con rapidez sin mirar atrás pasando a su lado con las lágrimas deslizándose por sus mejillas - ¿Majestad?- le preguntó mirando de ella a Kairon quién parecía no haberlo notado - ¡Por favor, espere! - le pidió cuando la vio correr hacia la entrada del palacio de los Lirios donde los guardias la miraron con sorpresa - Lo siento, majestad. Me retiro primero. - le dijo el caballero a Kairon mientras corría tras Yaina.
El emperador miró a su esposa desde la escalinata del carruaje mientras sus ojos cambiaban a un brillo intenso con las mandíbulas apretadas y los puños cerrados visiblemente molesto.
-¿Qué estas haciendo, cachorro? - murmuró Ducalyon al ver a la joven marcharse.
- ¿Bajará, majestad? - le preguntó un guardia que se acercaba.
- No, vamos al palacio del león. - dijo al desaparecer el brillo de sus ojos y volviendo a sentarse en el interior del carruaje
- Sus órdenes majestad. - le dijo cerrando la puerta y ordenando la marcha.
Impotencia
Arak llamó a la puerta de la habitación de la emperatriz sin respuesta, pero podía escucharla llorar.
Se movió inquieto y confundido ya que la interacción de sus majestades había sido buena en el marquesado y no había oído una discusión en el carruaje mientras viajaban de regreso ¿Qué pasó para alterarla de esa manera?
- Majestad, - llamó - Necesito saber si está todo bien - la joven no respondió - ¿Puedo ayudarla en algo? - sólo pudo escuchar sus sollozos - Majestad...- la llamó, se estaba inquietando al escucharla llorar así ¿El emperador le había hecho daño?
Cuando Arak estaba evaluando entrar, una de las puertas se abrió y Lucy salió entrecerrando tras ella.
- ¿Su majestad está bien? ¿Esta herida? - preguntó frenético - La escucho llorar ¿Llamo al sanador?
- En este momento no desea ver a nadie. - le dijo con suavidad, desalentada - Démosle algo de tiempo para que pueda calmarse Sir. Le avisaré si pasa algo.
- ¿Te dijo si pasó algo con el emperador? - Lucy negó con la cabeza.
- Mi señora no suele llorar. - reconoció la doncella conmovida - No sé lo que pasó, pero debe ser algo que la lastimó mucho. Dele tiempo, Sir Arak. - le pidió - Haré que se cambie y que descanse un poco. Tal vez hable con usted en ese momento.
- Te lo agradezco. Estaré aquí por si me necesita.
- Gracias, Sir.- le dijo antes de volver a entrar a la habitación cerrando la puerta tras ella dejando al joven preocupado.
- Vayan a descansar un poco. - les dijo a los escoltas que custodiaban la puerta pasándose la mano por el cabello, ansioso.
Lo que menos necesitaba en este momento eran rumores extras.