Arak Informa Al Emperador
- ¡¿Qué estás diciendo?!
La voz de Kairon sonó fuerte.
- La maestra se desmayó cuando ayudaba en la mina de piedras mágicas. - dijo Arak a través de la esfera de comunicación.
El escolta sólo se había lavado la cara y cambiado una camisa limpia para poder comunicarse con el Emperador a la brevedad.
- ¿Está herida? - le preguntó tratando de sentirla, pero no podía hacerlo.
Solo sentía el dolor de cabeza que se producía cada vez que pensaba en ella. Eso lo hacía enfadar.
- El sanador la está revisando, el duque la acompaña.
- Pediré a Tamir que abra un portal. Iré de inmediato. Avisa al duque. - dijo masajeando el espacio entre los ojos para calmar el dolor.
- Si, Majestad.
Arak vio como Don lo miraba, preocupada desde su ubicación junto a Kairon.
- ¿Estás herido? - le preguntó antes de que apagara la esfera, lo que hizo que la mirara, sorprendido.
- Nada que no pueda manejar. - le dijo, evitando mirarla a los ojos.
Se sentía extraño qué alguien se preocupara por él. Los magos eran especiales.
- Lo esperaré Majestad. - le dijo el caballero a Kairon quien lo miró en silencio.
Don tenía razón.
Tenía el cabello con tierra y evitaba ciertos movimientos. ¿Qué les había pasado en el territorio? Sabía que Arak era fuerte. Sus habilidades eran excepcionales y estaba herido.
- Hablaremos allá. - le dijo el emperador serio.
Arak se inclinó en una reverencia, pero hizo un gesto de dolor cuando la camisa rozó la herida abierta, pero lo controló.
Don y Kairon se miraron en silencio.
- Si, majestad. - respondió y la comunicación se cortó.
En Territorio Ganhe
Horas después el círculo mágico se abrió en los jardines de la mansión ducal donde Saros los esperaba con Ciro, Arak y los sirvientes principales.
Kairon salió seguido por Don y caminó directamente hacia su primo.
- Saludos al león del imperio. - le dijo el archiduque inclinándose en una reverencia - Larga vida.
- Dijiste que la cuidarías. -le dijo amenazante ignorando el saludo - Si hubiese sabido que pasaría esto no habría dejado que se quedara en tu territorio.
- Nadie sabía que pasaría. - se defendió Saros - La mina se derrumbó sin aviso. Tu compañera fue a ayudar en cuanto se enteró y quedó atrapada en el segundo derrumbe.
El rostro de Kairon se endureció al escuchar eso.
- ¿Dónde estabas Arak? - dijo enojado mirando al caballero.
- Estaba con ella, majestad. - dijo Arak avergonzado - Su majestad usó su magia para protegerme. Fue mi error. Es mi responsabilidad.
Kairon lo vio apretar los puños impotente y se arrepintió de sus palabras.El emperador sabía que Yaina a veces era impulsiva, pero Arak no.
- Ambos están heridos ¿En que estabas pensando? - le preguntó molesto.
- No es el momento, Majestad. - detuvo Saros - Estuvieron encerrados en la mina hasta hace unas horas. No ha dormido ni comido protegiendo a la emperatriz. Si quieres desquitarte, no uses a tu caballero. Yo soy el señor del territorio. Es mi responsabilidad.
La voz tajante de Saros lo sorprendió.
-¿Tú defiendes a mi gente? - se burló el emperador - ¡Cuánto tuvieron que pasar para que vieras su valor! - exclamó Kairon frustrado - Mi esposa y su escolta fueron malheridos por tu soberbia y orgullo. - explotó - Mi compañera escapó del Palacio para ser escuchada y ahora dices que es tu responsabilidad lo que haya pasado. - Saros no dijo nada - Te dije que Yaina no era una noble común. Te lo advertí.
- Creí que era como decían los rumores. - reconoció el duque.
- ¿Rumores? - repitió Kairon y éste asintió en reconocimiento.
El también había creído en ellos al principio.
- Supongo que viste su magia. – Saros asintió - Cada vez que la usa tiene un costo para ella ¿Vas a pagarlo tú? – se estremeció - ¿Vas a pagar la vida de Arak? Él la protegería con su vida igual que Don. - miró a su primo, tenso - Llévame a ella. - ordenó - No vale la pena explicarte lo que mi compañera ha pasado.
- El sanador está con ella. - advirtió Saros.
- No me interesa, quiero verla ahora. - ordenó enojado - Debería haberla llevado de regreso en cuanto supe que había venido tras de ti.
Kairon se acercó amenazadoramente con los ojos brillando por el león. Se sentía irritado.
- Has hecho todo para acercarte a ella. Siguiéndola y vigilándola en el palacio y ahora aquí. Te lo dije. Es mi esposa, mi compañera. Es mia.
Saros se movió haciendo distancia y la tensión subió lo suficiente como para que los caballeros de ambos maestros se pusiesen en alerta.
- Tienes razón. - reconoció Saros - Cuando llegaron al palacio no confiaba en ella. Cada información que me llegaba decía que era una niña mimada e inmadura y que tu estabas totalmente cegado por sus encantos. Que te enfrentaste al rey de Odea y a su hermano por tus celos. - caminó a la defensiva activando el aura del león - Cuando la conocí se había escapado al mercado disfrazada de dama noble, jugando como una niña. No podía pensar de otra manera y quería saber si era verdad
- Nada de lo que Yaina hace es al azar. -gruñó Kairon activando el aura también.
- El baile de bienvenida…Su conducta.
- Fue apropósito. Trataron de matarnos cuando viajábamos a Yamain.
Saros abrió los ojos con sorpresa.
-¡¿Qué demonios estás diciendo?! - le preguntó.
- Ni siquiera sabes lo que están haciendo tus aliados a tus espaldas, primo. - se burló - Estás tan cegado por ver mis errores que no has protegido tu espalda. Tu gente nos emboscó. Me envenenaron.
- ¿Mi gente?
- Los nobles que quieren que tomes el trono.
- Nunca he deseado el trono. Lo sabes. - se defendió el duque - Y si eso pasó ¿Por qué dejaste venir a tu esposa a mi territorio? ¿Quién te aseguraba que yo no la mataría?
- Lo pensé. -se burló Kairon con una voz amarga - Pero Yaina confía en ti. Esa confianza me desespera y me enfurece. - reconoció - Me hace querer arrancarte la piel para que ella no te sonría.
- No puedes estar celoso. Es tu compañera. - se burló Saros - Sigues siendo un príncipe inmaduro.
Las palabras de su primo lo hicieron gruñir. Cada vez los impulsos del león tenían más el control.
- Soy el león y esa mujer es mía. -gruñó Kairon.
Arak y Don miraron a Kairon tensos al ver que una de las joyas que sujetaban la tela de la corbata en su cuello brillaba de un extraño color a medida que se iba enojando más.
- ¡Majestad! - gritó Don justo para ver como Kairon se abalanzaba sobre Saros quien lo esquivó con agilidad comenzando una pelea cuerpo a cuerpo. Trató de acercarse, pero Arak la detuvo.
- Sus auras están activas. - explicó - Su fuerza es demasiada para un caballero normal.
- Tú no eres normal. - le dijo Don con confianza haciéndole sonreír.
- Deben cansarse un poco y nos moveremos.
La joven asintió.
Ambos escoltas, estaban tan enfrascados en evitar que la situación escalara que no vieron aparecer a Yaina en la entrada principal.