Condiciones Para Quedarse
Saros observó a Yaina con los brazos cruzados negando con la cabeza.
- No la dejaré quedarse en el castillo si no habla con el emperador primero, majestad. Después de la situación en el jardín del palacio no quiero otro problema con el león.
- ¿No podemos evitarlo?
- No lo haré, majestad. Esa es mi condición. Si quiere que la ayude o la escuche.
- Lo haré, está bien. - se movió inquieta - ¿Tiene un círculo de comunicación con el palacio?
- Sí. - le dijo, indicando una esfera redonda en la esquina de su escritorio.
- ¿En serio? Pfft. - se rio Yaina - ¿Quién diseñó esto? ¿Una bruja? No es de un mago registrado en la Torre. Ni siquiera lo dejaría salir del taller de diseño.
- Maestra... - llamó Arak.
- Oh, cierto...- se excusó, negando con las manos - Soy muy meticulosa al observar herramientas mágicas. Familia de magos, ya sabe...Lo siento.
Saros tocó el dispositivo y este se encendió llamando al palacio.
- Soy el archiduque Ganhé, necesito hablar con el emperador. - solicitó - Sé que está en expedición...
- Ya regresé... - la voz del joven se escuchó, sorprendiéndolos - ¿Qué quieres, Saros?- su voz sonó agotada y ronca, pero no encendió la visibilidad - No es el momento.
- Necesito hablar con usted, majestad. - pidió Saros.
- De verdad, no es buen momento... - le dijo y luego se escucharon fuertes arcadas que hicieron que se miraran entre sí.
- ¿Kairon? - preguntó Yaina con ansiedad.
Se escuchaba enfermo ¿Se había enfermado por el brote?
- ¡Don! ¡¿Qué está pasando?!
La voz de su esposa hizo que Kairon activara la visibilidad y Yaina vio lo pálido que estaba ¿Desde cuándo estaba tan enfermo?
- ¿Por qué te fuiste? - le preguntó dolido.
- No puedo explicártelo ahora...No es el momento.
- ¿Te escondiste con tu amante? - le preguntó, enojado.
- ¡No es mi amante, maldición! - le gritó Yaina con los ojos brillando - Eres mi esposo, mi compañero ¡¿El marqués y otros nobles están tratando de matarme y tú me dices eso?! No volveré hasta que dejes toda esa basura. No puedo...
- ¡Voy a atrapar a esos malditos!
- Hablaremos cuando lo hagas...
- Tienes que regresar...
- No lo haré... - dijo Yaina tajante - No podrás obligarme. El archiduque ha ofrecido estadía hasta que lo soluciones
- Yaina...
- Por favor. - Yaina cruzó las manos sobre el pecho en súplica - Nadie sabrá quien soy, me esconderé.
Kairon se pasó las manos por el cabello molesto.
- ¡Casi envío a los caballeros imperiales a buscarte por el Imperio! - le gritó, haciéndola sobresaltarse - Desapareciste del palacio sin una nota. Aprovechaste que estaba en la expedición para marcharte.
- Tenía que hacerlo, tuve una crisis y dormí por seis días ¿Ibas ayudarme después de rechazarme? - exclamó Yaina enojada - No pude hablar con el archiduque después del baile y sabía que era importante para ti poder coordinar esfuerzos. Puedo hacer eso en vez de que me lastimen más...
- Tendrías que haberlo hablado conmigo. - gruñó Kairon haciendo que la joven apretara los puños impotente.
No la escuchaba.
- ¡Lo hice y no me escuchaste! Soy tu esposa, pero puedo tomar mis propias decisiones. - le dijo poniendo los brazos en jarras que casi hizo reír a Saros quien estaba en su asiento freante al escritorio de trabajo - He entrado y salido de la mansión desde niña. Lo sabes.
- Pero estabas en Odea. - respondió Kairon molesto - Además, tenías a Alex y a Maya cerca o a los magos.
-Y aquí te tenía a ti. - replicó Yaina.
- Pero no puedo estar contigo todo el tiempo.
- ¡Por eso me quedaré aquí!
- ¡Eres la Emperatriz de Yamain! - argumentó Kairon quedándose sin respuestas
- Primero soy Yaina Derk de la casa Corelia, hija del Guardián de viento y hielo, un mago y Yaina Peck como tu esposa. Seas emperador o plebeyo eres con quien me casé, pero no me escuchas. - apretó los puños enfadada - ¡Eres un tonto, Peck! - le gritó, haciendo que Don y Arak se miraran preocupados.
Estas discusiones se habían vuelto frecuentes desde la llegada al palacio y solo podían ver como Yaina se estresaba más perdiendo su energía y carisma. Sin contar que Kairon parecía igualmente estresado por el trabajo y el gobierno.
- ¡Y tú no escuchas tampoco! - le gritó a su vez - Si haces esto no puedo protegerte. Te alejas de tus compañeros.
- No necesitas protegerme. Puedo protegerme sola y tú ya no me necesitas. - Yaina indicó al caballero imperial a su lado - Arak está conmigo.
- ¿Cómo que no te necesito? - le preguntó, incrédulo.
- Si lo hicieras no me habrías alejado como lo hiciste. Tú y Cal, no puedo...ya no...Duele demasiado... - le dijo bajando la cabeza a punto de llorar.
- ¿Y si soy responsable de ella mientras está en el territorio, majestad? - intervino Saros de repente, al verla a punto de quebrarse, sorprendiendo a su primo.
No sabía que estaba pasando, pero la emperatriz no se veía bien. No podía dejarla a la deriva.
- Me encargaré de su estadía por algunos días. - le dijo mirando a Yaina quien lo miró agradecida - Estará con sir Arak y mis propios caballeros si es necesario.
- Por favor, majestad. -dijo Yaina - Permítelo.
Kairon miró a su primo y movió la cabeza derrotado, la expresión de Yaina ante la expectativa de regresar al palacio, lo estremeció. En vez de ser un evento feliz, parecía estar cargado de otro significado.
- ¡Está bien! - contestó, haciendo sonreir a Yaina quien pudo ver hacer un gesto de victoria a Don a su lado - No canten victoria aún. - advirtió el emperador - Debes dejar que Sir Arak pueda hacer su trabajo. No quiero escapadas, ni portales a ningún lado si el duque o Arak no han sido informados
- No soy una niña. - se quejó Yaina.
- No, pero eres mi esposa y te conozco… - recordó Kairon - Esa es mi condición.
- Creo que es una buena alternativa, majestad. - le dijo Arak a Yaina.
- Será aburrido. -murmuró.
- Le aseguro majestad que escoltarla nunca es aburrido. - le dijo sonriendo, haciendo que lo mirara sorprendida - El duque está garantizando su seguridad, majestad.
- ¿Y bien, esposa? - le preguntó Kairon - Debes decidir.
- Tengo nombre, majestad. - dijo molesta - Está bien, les informaré todo lo que haga y no usaré portales sin que alguno de ellos me acompañe.
Eso le daría tiempo para lograr que Saros cooperara antes de irse a la Torre. Tenía que lograr que ésta dejara de reconocer a su esposo como escudo o tendría que ocultarse en otro lugar como fugitiva. Podía desaparecer, Mark les había enseñado bien.
- Bien, está decidido. - dijo Kairon - Excelencia... - lo miró directamente - Dejo a la Emperatriz a su cuidado.
- Es un honor, majestad. - dijo inclinándose formalmente -Me encargaré.
- Arak, - pidió - apoya a Su Gracia con mi esposa. Creo que se sorprenderá.
La frase hizo que Yaina hiciera una mueca, Don soltara una risita y Arak tosiera, ocultando la risa. Saros se inclinó y el dispositivo se apagó.
- Gracias, alteza por ayudarme. - le dijo Yaina con una reverencia.
- Por favor no haga eso, majestad. - le dijo deteniéndola - No sé que está pasando, pero no puedo dejarla sola.
- ¿Puede llamarme por mi nombre? Si me llama por mi nombre de pila y evita mi apellido, nadie me reconocerá.
- Eso es difícil, majestad. - le indicó sus ojos - Su color de ojos no es común en Yamain y su cabello, le indicó el mechón blanco.
- Entonces puede decir que soy un mago que contrató en la posada y se quedará por unos días. - pidió, haciendo el gesto que le hizo a Kairon en súplica - Ayudaré en lo que sea.
- Eso podría servir. - reconoció Saros - Los magos son raros en el territorio y muy difíciles de conseguir. - miró a Arak - Ciro, - le pidió a su escolta - consigue ropa de caballero para Sir Arak, sin emblemas. Aún con esas ropas, parece un noble de la capital. Diremos que viene como seguridad para proteger a la maga.- Tiró una cuerda bellamente bordada y el mayordomo entró.
- Alteza, - murmuró el hombre inclinándose.
- Puedes llevar a nuestros huéspedes a las habitaciones del segundo piso. La maga y el caballero que la escolta harán un trabajo en el territorio. - miró a Yaina - Ayúdala con ropas acordes por favor. Viene sin equipaje.
- Como ordene, alteza. - hizo un gesto a Yaina y a Arak para que lo siguiera.
- Señorita. - le dijo Saros antes de que se fuera - La espero para que me acompañen a cenar.
- Sería un honor, joven maestro. - le dijo inclinándose y guiñándole el ojo divertida
¿La emperatriz de la que había escuchado era de esa manera? Conocía a Jaim Derk, su hermano (habían tenido algunos cursos juntos en la academia) un joven serio y estricto y los rumores que sabía de ella eran que era una joven inmadura y dependiente. Si no hubiese descubierto su identidad en el pueblo, nadie lo habría sacado de tal prejuicio.
Saros miró la pila de documentos de su escritorio y suspiró.
- Siento que me estoy perdiendo de algo. - dijo más para sí mismo que para su escolta.
- Sugiero observarlos, alteza. -dijo Ciro con tranquilidad - Eso le dará tiempo de saber qué planean. Tanto el emperador como la emperatriz parecen no estar en buenas condiciones.
- Avisa al mayordomo y la jefa de criadas que vengan. - le pidió.
- A su orden, alteza. - dijo, inclinándose antes de salir.