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1703 Words
Condiciones Para Quedarse Saros observó a Yaina con los brazos cruzados negando con la cabeza. - No la dejaré quedarse en el castillo si no habla con el emperador primero, majestad. Después de la situación en el jardín del palacio no quiero otro problema con el león. - ¿No podemos evitarlo? - No lo haré, majestad. Esa es mi condición. Si quiere que la ayude o la escuche. - Lo haré, está bien. - se movió inquieta - ¿Tiene un círculo de comunicación con el palacio? - Sí. - le dijo, indicando una esfera redonda en la esquina de su escritorio. - ¿En serio? Pfft. - se rio Yaina - ¿Quién diseñó esto? ¿Una bruja? No es de un mago registrado en la Torre. Ni siquiera lo dejaría salir del taller de diseño. - Maestra... - llamó Arak. - Oh, cierto...- se excusó, negando con las manos - Soy muy meticulosa al observar herramientas mágicas. Familia de magos, ya sabe...Lo siento. Saros tocó el dispositivo y este se encendió llamando al palacio. - Soy el archiduque Ganhé, necesito hablar con el emperador. - solicitó - Sé que está en expedición... - Ya regresé... - la voz del joven se escuchó, sorprendiéndolos - ¿Qué quieres, Saros?- su voz sonó agotada y ronca, pero no encendió la visibilidad - No es el momento. - Necesito hablar con usted, majestad. - pidió Saros. - De verdad, no es buen momento... - le dijo y luego se escucharon fuertes arcadas que hicieron que se miraran entre sí. - ¿Kairon? - preguntó Yaina con ansiedad. Se escuchaba enfermo ¿Se había enfermado por el brote? - ¡Don! ¡¿Qué está pasando?! La voz de su esposa hizo que Kairon activara la visibilidad y Yaina vio lo pálido que estaba ¿Desde cuándo estaba tan enfermo? - ¿Por qué te fuiste? - le preguntó dolido. - No puedo explicártelo ahora...No es el momento. - ¿Te escondiste con tu amante? - le preguntó, enojado. - ¡No es mi amante, maldición! - le gritó Yaina con los ojos brillando - Eres mi esposo, mi compañero ¡¿El marqués y otros nobles están tratando de matarme y tú me dices eso?! No volveré hasta que dejes toda esa basura. No puedo... - ¡Voy a atrapar a esos malditos! - Hablaremos cuando lo hagas... - Tienes que regresar... - No lo haré... - dijo Yaina tajante - No podrás obligarme. El archiduque ha ofrecido estadía hasta que lo soluciones - Yaina... - Por favor. - Yaina cruzó las manos sobre el pecho en súplica - Nadie sabrá quien soy, me esconderé. Kairon se pasó las manos por el cabello molesto. - ¡Casi envío a los caballeros imperiales a buscarte por el Imperio! - le gritó, haciéndola sobresaltarse - Desapareciste del palacio sin una nota. Aprovechaste que estaba en la expedición para marcharte. - Tenía que hacerlo, tuve una crisis y dormí por seis días ¿Ibas ayudarme después de rechazarme? - exclamó Yaina enojada - No pude hablar con el archiduque después del baile y sabía que era importante para ti poder coordinar esfuerzos. Puedo hacer eso en vez de que me lastimen más... - Tendrías que haberlo hablado conmigo. - gruñó Kairon haciendo que la joven apretara los puños impotente. No la escuchaba. - ¡Lo hice y no me escuchaste! Soy tu esposa, pero puedo tomar mis propias decisiones. - le dijo poniendo los brazos en jarras que casi hizo reír a Saros quien estaba en su asiento freante al escritorio de trabajo - He entrado y salido de la mansión desde niña. Lo sabes. - Pero estabas en Odea. - respondió Kairon molesto - Además, tenías a Alex y a Maya cerca o a los magos. -Y aquí te tenía a ti. - replicó Yaina. - Pero no puedo estar contigo todo el tiempo. - ¡Por eso me quedaré aquí! - ¡Eres la Emperatriz de Yamain! - argumentó Kairon quedándose sin respuestas - Primero soy Yaina Derk de la casa Corelia, hija del Guardián de viento y hielo, un mago y Yaina Peck como tu esposa. Seas emperador o plebeyo eres con quien me casé, pero no me escuchas. - apretó los puños enfadada - ¡Eres un tonto, Peck! - le gritó, haciendo que Don y Arak se miraran preocupados. Estas discusiones se habían vuelto frecuentes desde la llegada al palacio y solo podían ver como Yaina se estresaba más perdiendo su energía y carisma. Sin contar que Kairon parecía igualmente estresado por el trabajo y el gobierno. - ¡Y tú no escuchas tampoco! - le gritó a su vez - Si haces esto no puedo protegerte. Te alejas de tus compañeros. - No necesitas protegerme. Puedo protegerme sola y tú ya no me necesitas. - Yaina indicó al caballero imperial a su lado - Arak está conmigo. - ¿Cómo que no te necesito? - le preguntó, incrédulo. - Si lo hicieras no me habrías alejado como lo hiciste. Tú y Cal, no puedo...ya no...Duele demasiado... - le dijo bajando la cabeza a punto de llorar. - ¿Y si soy responsable de ella mientras está en el territorio, majestad? - intervino Saros de repente, al verla a punto de quebrarse, sorprendiendo a su primo. No sabía que estaba pasando, pero la emperatriz no se veía bien. No podía dejarla a la deriva. - Me encargaré de su estadía por algunos días. - le dijo mirando a Yaina quien lo miró agradecida - Estará con sir Arak y mis propios caballeros si es necesario. - Por favor, majestad. -dijo Yaina - Permítelo. Kairon miró a su primo y movió la cabeza derrotado, la expresión de Yaina ante la expectativa de regresar al palacio, lo estremeció. En vez de ser un evento feliz, parecía estar cargado de otro significado. - ¡Está bien! - contestó, haciendo sonreir a Yaina quien pudo ver hacer un gesto de victoria a Don a su lado - No canten victoria aún. - advirtió el emperador - Debes dejar que Sir Arak pueda hacer su trabajo. No quiero escapadas, ni portales a ningún lado si el duque o Arak no han sido informados - No soy una niña. - se quejó Yaina. - No, pero eres mi esposa y te conozco… - recordó Kairon - Esa es mi condición. - Creo que es una buena alternativa, majestad. - le dijo Arak a Yaina. - Será aburrido. -murmuró. - Le aseguro majestad que escoltarla nunca es aburrido. - le dijo sonriendo, haciendo que lo mirara sorprendida - El duque está garantizando su seguridad, majestad. - ¿Y bien, esposa? - le preguntó Kairon - Debes decidir. - Tengo nombre, majestad. - dijo molesta - Está bien, les informaré todo lo que haga y no usaré portales sin que alguno de ellos me acompañe. Eso le daría tiempo para lograr que Saros cooperara antes de irse a la Torre. Tenía que lograr que ésta dejara de reconocer a su esposo como escudo o tendría que ocultarse en otro lugar como fugitiva. Podía desaparecer, Mark les había enseñado bien. - Bien, está decidido. - dijo Kairon - Excelencia... - lo miró directamente - Dejo a la Emperatriz a su cuidado. - Es un honor, majestad. - dijo inclinándose formalmente -Me encargaré. - Arak, - pidió - apoya a Su Gracia con mi esposa. Creo que se sorprenderá. La frase hizo que Yaina hiciera una mueca, Don soltara una risita y Arak tosiera, ocultando la risa. Saros se inclinó y el dispositivo se apagó. - Gracias, alteza por ayudarme. - le dijo Yaina con una reverencia. - Por favor no haga eso, majestad. - le dijo deteniéndola - No sé que está pasando, pero no puedo dejarla sola. - ¿Puede llamarme por mi nombre? Si me llama por mi nombre de pila y evita mi apellido, nadie me reconocerá. - Eso es difícil, majestad. - le indicó sus ojos - Su color de ojos no es común en Yamain y su cabello, le indicó el mechón blanco. - Entonces puede decir que soy un mago que contrató en la posada y se quedará por unos días. - pidió, haciendo el gesto que le hizo a Kairon en súplica - Ayudaré en lo que sea. - Eso podría servir. - reconoció Saros - Los magos son raros en el territorio y muy difíciles de conseguir. - miró a Arak - Ciro, - le pidió a su escolta - consigue ropa de caballero para Sir Arak, sin emblemas. Aún con esas ropas, parece un noble de la capital. Diremos que viene como seguridad para proteger a la maga.- Tiró una cuerda bellamente bordada y el mayordomo entró. - Alteza, - murmuró el hombre inclinándose. - Puedes llevar a nuestros huéspedes a las habitaciones del segundo piso. La maga y el caballero que la escolta harán un trabajo en el territorio. - miró a Yaina - Ayúdala con ropas acordes por favor. Viene sin equipaje. - Como ordene, alteza. - hizo un gesto a Yaina y a Arak para que lo siguiera. - Señorita. - le dijo Saros antes de que se fuera - La espero para que me acompañen a cenar. - Sería un honor, joven maestro. - le dijo inclinándose y guiñándole el ojo divertida ¿La emperatriz de la que había escuchado era de esa manera? Conocía a Jaim Derk, su hermano (habían tenido algunos cursos juntos en la academia) un joven serio y estricto y los rumores que sabía de ella eran que era una joven inmadura y dependiente. Si no hubiese descubierto su identidad en el pueblo, nadie lo habría sacado de tal prejuicio. Saros miró la pila de documentos de su escritorio y suspiró. - Siento que me estoy perdiendo de algo. - dijo más para sí mismo que para su escolta. - Sugiero observarlos, alteza. -dijo Ciro con tranquilidad - Eso le dará tiempo de saber qué planean. Tanto el emperador como la emperatriz parecen no estar en buenas condiciones. - Avisa al mayordomo y la jefa de criadas que vengan. - le pidió. - A su orden, alteza. - dijo, inclinándose antes de salir.
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