James se levantó de la mesa con una ligera incomodidad en el pecho, desde que habían llegado al club, había estado observando a Hank con cautela, su amigo estaba distraído, ausente y aunque intentaba disfrutar de la noche con los demás, algo en su actitud no estaba bien, decidió que necesitaba un momento para aclarar su mente y, de paso, ver cómo podía hablar con Hank sin presionarlo demasiado, pero también se dio cuenta de que los ojos de su mejor amigo estaban puestos sobre una bailarina en especial. Caminó hacia el baño, dejando atrás el bullicio del club, el sonido de las risas y la música suave que inundaba el lugar, mientras empujaba la puerta del baño, sus pensamientos se centraban en los últimos días, sabía que Hank estaba pasando por un momento complicado con Rachel y que el asunto del investigador privado solo había complicado las cosas más de lo que ya estaban porque confirmaban lo que su amigo estaba temiendo.
Mientras James caminaba de regreso a la mesa, una idea comenzó a formarse en su mente, observó a Hank desde la distancia, notando cómo sus ojos se posaban de nuevo en la misma bailarina, aunque Hank no lo había dicho explícitamente, era claro que estaba fijado en ella, James pensó que quizás esa era la forma de sacarlo de sus pensamientos oscuros, al menos por un rato. Pensó que tal vez un baile privado lo ayudaría a relajarse y pensó en hablar directamente con la aquella bailarina, pero fue primero con el administrador del club, el dinero no era ningún problema y menos cuando se trataba de su mejor amigo. Sabía que Hank no era de los que frecuentaban ese tipo de distracciones, pero también sabía que, en este momento, cualquier cosa que lo distrajera de lo que estaba pasando con Rachel podría ser bienvenida, James se inclinó hacia el encargado.
De mala o buena suerte, encontró a la bailarina en la parte exterior del club, en una zona reservada para ellas y escuchó la conversación que estaba teniendo con una mujer, la mujer era su madre y le estaba exigiendo dinero, era obvio que estaba bajo la influencia algún tipo de sustancias, ver la desesperación en los ojos de la joven bailarina le conmovió internamente y eso lo hizo tomar decisiones impulsivas de las que esperaba no arrepentirse más noche.
Después de haber convencido a la joven bailarina de aceptar su dinero y de hacer un privado decidió volver a la mesa donde estaban el resto de sus amigos, se sintió un poco mal por haberse aprovechado de su situación, prácticamente la sobornó para que aceptara ser dulce con Hank y para darle una bonita noche, esperaba que su mejor amigo disfrutará de ese regalo para la noche. No esperaba que su amigo tomara ninguna decisión precipitada con la bailarina, pero sabía que a veces un poco de distracción era lo que hacía falta para cambiar el ánimo de alguien, además, Hank ya había estado mirando a Emily toda la noche y parecía incapaz de apartar los ojos de ella. De regreso en la mesa, James se sentó al lado de Hank, tratando de no parecer demasiado entusiasta.
— Oye... — dijo casualmente mientras tomaba un trago de su vaso — Pensé que podrías disfrutar un poco más de la noche, así que te conseguí un pequeño regalo. — vio a Hank levantar la mirada, se vio un poco confundido.
— ¿Qué has hecho? — preguntó, aunque su tono no era acusador, más bien curioso.
— Te conseguí un baile privado con la bailarina que no dejas de mirar... — respondió James con una sonrisa traviesa — Solo relájate y disfruta ¿Vale? Necesitas distraerte un poco y olvidarte de lo malo que ha pasado. — le guiño un ojo.
— ¿Te volviste loco? — Hank se enderezó en el asiento — ¿Como se te ocurre pagar un privado? — tomo la botella y se sirvió más licor.
— Quería que te olvides de todo lo que pasó, que por una noche seas un hombre soltero, así como Rachel a fingido ser una mujer soltera por muchos meses. — a esas alturas el resto de los amigos ya los estaban viendo.
— Una bailarina te podría ayudar a que los cuernos pesen menos... — Luke se rio — Aprovecha y pásala bien, deleita tus ojos con una mujer bonita y si la venganza se te presenta en bandeja de plata, nadie se va a enterar, de paso sacas a mojar al gatito que debe estar en abstinencia hace mucho. — se encogió de hombros mientras el resto asentía.
— ¿El gatito? — Hank alzo una ceja — ¿Has vuelto a tener quince años? — rodó los ojos mientras los demás se reían.
— Necesitas acción. — dijo Tommy.
— Los cuatro están bien desubicados... — negó con la cabeza — Tengo una hija, no puedo andar metiéndome con cualquiera ¿Se imaginan contraer una enfermedad? ¿Qué pasaría con mi hija si la contagio por accidente? No puedo exponerla a peligros por andar de p**o caliente. — volvió a rodar los ojos al tiempo que los escucho soltar carcajadas.
— Hank, no sé si sabias que existen los condones... — Mario le tomo la mano y le puso una caja — Esto te lo pones en tu amiguito y puedes meterlo donde quieras sin preocupación ninguna, ha sido el mejor invento de la humanidad desde tiempos inmemorables. — se rio de forma burlona al ver la expresión de su amigo.
— ¿Le contrataste una acompañante? — preguntó Tommy que no había escuchado bien la conversación inicial.
— No... — los cuatro voltearon a donde estaban las mujeres — Cuarto número veinte... — tomo la otra mano de Hank y le puso la llave — Ve y siéntate a disfrutar de un baile especial con la mujer a la que no le has quitado los ojos de encima desde hace un rato. — esperaba que aceptara ir.
— Llévate los gorritos, los cumpleaños se festejan mejor con ellos. — Mario se sirvió más licor.
— Deberíamos mandarlo con una acompañante... — Luke levantó la mirada — Mientras la bailarina mueve las caderas para él, la otra le sirve el licor y le calienta las orejas con palabras dulces... — aquello hizo que todos se rieran — O si quieres también podemos buscar una dominatriz, por si tienes gustos más especiales. — le guiño un ojo.
— ¿Por qué solo para él? Creo que a mí también me está dando depresión y necesito un baile privado. — Tommy estiró los brazos mientras veía hacia las mujeres.
— Pueden hacer la colecta y pagarse un privado mientras yo voy al mío. — Hank se puso en pie bebiéndose el resto del licor de un solo trago.
— Hank... — James lo llamo — Olvídate de Rachel esta noche, la venganza a veces es buena para curar el alma. — le guiño un ojo antes de verlo irse.
Por un momento, Hank pareció dudar, no estaba seguro de si esa era una buena idea, especialmente con todo lo que tenía en mente, pero algo en su interior le decía que tal vez dejarse llevar por un rato no sería tan malo. Hank sintiendo una mezcla de anticipación por lo que iba a pasar y duda en su interior, no estaba seguro de si aquello era lo que realmente necesitaba en ese momento, pero decidió seguirle el juego a James, cualquier cosa que lo distrajera de los pensamientos sobre Rachel y el dolor que le había causado sería bienvenida, al menos por un rato.
Uno de los meseros del club lo guio hacia una escalera discreta en la parte trasera que conducía al segundo piso, a medida que subía, el ruido del club comenzaba a disiparse y el ambiente se tornaba más íntimo, más silencioso. Las luces en el pasillo del segundo piso eran más tenues y las puertas de los cuartos privados estaban marcadas con pequeños números dorados, cada una prometía un breve escape de la realidad
Al llegar al cuarto número veinte, se quedó de pie frente a la puerta con la llave en su mano dudando en si debería entrar o no, al final decidió entrar, abrió la puerta revelando una habitación decorada con cortinas rojas y doradas, un sillón de cuero oscuro en el centro y una suave música que flotaba en el aire, la pequeña mesa redonda al lado del sillón tenía una cubeta dorada con una botella de buen champán dentro de ella. Hank entró, observando el espacio que era mucho más acogedor que el bullicioso club de abajo, se sentó en el sillón, apoyando sus manos en las rodillas mientras intentaba relajarse, el tiempo parecía pasar lentamente y sus pensamientos volvían a flotar hacia Rachel, Eva y la traición que aún lo carcomía por dentro, se preguntaba si realmente podía dejar todo aquello atrás por un momento, aunque solo fuera por la duración de ese baile privado.
Emily permanecía en la penumbra, oculta en una esquina oscura del cuarto, observaba cómo Hank tomaba asiento en el sillón, su postura algo tensa, pero su mirada tranquila, sabía que ese hombre no era como los otros clientes, había algo en su presencia que lo diferenciaba, una energía contenida, como si estuviera allí por razones más profundas que las de la mayoría. Mientras lo observaba, trataba de calmar su propio nerviosismo, había hecho varios bailes privados desde que empezó en el club, pero por alguna razón, esa noche se sentía diferente, tal vez era el hecho de que había chocado con él antes, o tal vez la intensidad de su mirada cuando estaba en el escenario, pero ahora, con el silencio que los envolvía, Emily sentía que ese encuentro tenía un peso mayor de lo habitual.
Finalmente, respiró hondo y salió de la sombra, dejando que la tenue luz del cuarto revelara su silueta, llevaba su habitual máscara de encaje, cubriendo parte de su rostro, como una forma de proteger su identidad y mantener la distancia entre su vida en el club y la realidad fuera de él, sin embargo, sentía que Hank, de alguna manera, veía más allá de esa máscara.
— Buenas noches. — dijo ella en un susurro, rompiendo el silencio mientras se acercaba lentamente.
— Buenas noches. — respondió Hank viéndola fijamente, sus movimientos eran elegantes, controlados y el roce de sus tacones era casi imperceptible.
— Tiene dos horas de baile privado, una botella de champaña y puros por si desea fumar... — se acercó un poco más a él — ¿Gusta que le sirva? — señaló la botella.
— Gracias, pero creo que he bebido lo suficiente y no quisiera ver bailar a dos de ti. — la vio sonreír.
— ¿Le gustaría escoger las canciones? — fue hacia otra mesa para tomar una tableta.
— Las que tú quieras están bien, no soy un hombre muy exigente, aunque si me gustaría pedir que te quitaras la máscara, me gusta el encaje, pero quisiera verte. — pensó que su petición no sería mucho.
— Lo siento, esa es una petición que no puedo cumplir, es parte de mi atuendo y de proteger mi identidad. — lo vio sobre su hombro mientras escogía las canciones.
Hank la miró fijamente y aunque no dijo nada tras su respuesta, Emily pudo notar que sus ojos la seguían con una intensidad que pocas veces había sentido antes, estaba acostumbrada a ser observada, a ser el centro de atención en su trabajo, pero algo en esa mirada era diferente, no era solo deseo, había algo más, como si él estuviera buscando algo en ella, algo que no se podía explicar con palabras. Emily comenzó a moverse al ritmo de la suave música que llenaba el cuarto, antes de subir había ido por una bata de seda translúcida y era lo que la estaba cubriendo en esos momentos, acercándose lentamente a Hank comenzó a quitarse la prenda, estaba buscando sorprenderlo y vaya que lo hizo.
No podía evitar sentir que ese baile no era como los demás, que había una tensión palpable entre ellos, una curiosidad mutua, pero también sabía que no podía permitirse involucrarse más de lo necesario, ese era su trabajo y debía mantener su distancia, emocional y mentalmente. A medida que sus cuerpos se acercaban, ambos parecían conscientes de que algo estaba a punto de cambiar, Emily comenzó el primer baile con una coreografía cuidadosamente planeada, cada movimiento fluyendo con la música en perfecta sincronía, a pesar de la tensión que sentía al estar tan cerca de Hank, se mantenía profesional, ejecutando cada giro, cada inclinación con precisión, sin embargo, no podía ignorar la intensidad con la que Hank la observaba, sus ojos fijos en ella, sin apartarse ni un segundo, no era la mirada común de los clientes del club.
El segundo baile fue aún más íntimo, Emily se acercó un poco más, moviéndose alrededor de Hank, pero manteniendo una ligera distancia, sabía que esa cercanía era parte de la coreografía, parte del espectáculo que debía ofrecer, pero con Hank, se sentía diferente. Sus ojos seguían recorriendo cada uno de sus gestos, pero no con lujuria, sino con algo que Emily no lograba identificar del todo, mientras bailaba, su mente se distraía por momentos, preguntándose qué pasaba por la mente de Hank ¿Qué buscaba? ¿Qué lo había llevado hasta esa habitación privada, solo, mientras sus amigos seguían abajo disfrutando de la noche? ¿Habrá sido verdad lo que dijo el hombre que la contrato? Emily, acostumbrada a mantener una barrera emocional con sus clientes, sentía que con Hank esa barrera comenzaba a desmoronarse lentamente.
A medida que el baile continuaba, la tensión en la habitación crecía, Emily podía sentir que ambos estaban atrapados en ese momento, cada uno con sus propios pensamientos y secretos, para Hank, era una distracción de todo lo que había sucedido en su vida recientemente, de la traición de Rachel y del caos emocional en el que estaba inmerso, para Emily, era una sensación de vulnerabilidad que no había experimentado antes en su trabajo y de paso era para ayudar a su madre. Cuando terminó el segundo baile, se quedó unos segundos quieta, aún frente a él, respirando suavemente mientras lo miraba, Hank no dijo nada, pero su mirada lo decía todo, estaba inmerso en algo más profundo de lo que Emily podía imaginar.
— ¿Está inconforme con mis bailes? — pregunto mientras se quitaba la falda del traje.
— No, para nada... — Hank negó con la cabeza — Me gusta mucho como te mueves, pero estaba pensando en una cosa, una loca idea... — se puso en pie para acercarse a ella — Quizás puedas concederme una pieza, un simple baile. — extendió la mano una vez estuvo lo suficientemente cerca.
— ¿Puedo saber que lo trajo a este lugar esta noche? — preguntó con cautela tomando la mano de Hank.
— Hoy me entere que mi esposa me lleva engañando desde hace unos meses... — sonrió mientras comenzaba a bailar con ella — Mis amigos no tuvieron mejor idea que traerme a este lugar para que me distrajera y en cierto modo se los agradezco, hubiera hecho un desastre y posiblemente hubiera terminado en el calabozo si llegaba a casa esta noche. — hizo girar a Emily antes de volver a tomarla por la cintura y pegarla a su cuerpo.
— Lo siento mucho, imagino que debe estarse sintiendo terrible por saber eso ¿Tienen hijos? — lo vio fijamente a los ojos.
— Si, una niña y todo comenzó a raíz de que ella nació, por protegerla a ella es que esta noche me quedaré en un hotel, no merece ser testigo de nuestra pelea. — bajo la cabeza y sus ojos se quedaron fijos en los de ella, bajo la tenue luz y tan cerca, se veía mucho más hermosa.
— ¿Qué planes tiene para su matrimonio? — Emily era curiosa por naturaleza.
— Por el momento no tengo idea, esta noche no quiero pensar en eso y menos teniendo a una mujer tan hermosa entre mis brazos. — ambos giraron y la tiró hacia atrás sin soltarla provocando que ella se riera.
Emily respiró hondo después de que Hank la levantara, sus pensamientos corriendo a mil por hora, sabía que eso estaba fuera de lo común, pero también había algo en Hank que la hacía sentir que no estaba simplemente buscando un contacto físico, la música seguía sonando en un suave susurro mientras Emily continuaba moviéndose al ritmo de Hank, aunque algo rígido al principio, poco a poco se dejó llevar por el momento. No era un baile común, no era parte del espectáculo que Emily estaba acostumbrada a ofrecer, era algo más íntimo, más real, a medida que se movían juntos la distancia que había mantenido cuidadosamente parecía desvanecerse y por primera vez en mucho tiempo, Emily no se sentía como una bailarina en un club, sino como una persona compartiendo un momento genuino con alguien que también estaba lidiando con sus propios demonios.
— ¡Cuidado! — dijo Emily cuando Hank tropezó con la pata del sillón — Creo que debería sentarse, el alcohol está comenzando a hacer efecto en su cuerpo. — lo guío hacia el sillón para que se sentara.
— Lo que está haciendo efecto en mi cuerpo no es el alcohol, es la idea odiosa que se ha cruzado en mi cabeza. — Hank se dejó caer y arrastró a Emily para sentarla en sus piernas.
— ¿Que idea es? — apoyó la mano sobre el pecho del hombre mientras se quedaba sentada en su regazo.
— Tengo un fuerte deseo de besarte. — suavemente pasó el pulgar por el labio inferior de Emily.
— Pero esa no es una idea tan odiosa que se diga y si tanto lo desea ¿Por qué no lo pregunta oficialmente? Hay deseos que no merecen quedarse en el aire. — se inclinó un poco más hacia él, sus labios casi se rozaban.
— ¿Puedo besarte? — preguntó con cierta timidez.
Hank no era un hombre que se mostrará tímido con frecuencia, era un empresario que comenzó su imperio desde muy joven y tenía un temple muy fuerte al momento de enfrentarse a los posible socios o compradores de sus servicios, sin embargo, en ese momento, parecía casi un adolescente, inseguro de cómo su petición sería recibida. Emily lo miró, sorprendida por su tono y por la petición misma pues no pensó que realmente lo haría, había esperado muchas cosas de aquel encuentro, pero no eso. No respondió con palabras, ni tampoco lo pensó demasiado, sus reglas en el club dictaban mantener una distancia clara entre bailarina y cliente, pero algo en Hank había derribado las barreras de Emily desde el principio, era más que su mirada intensa o su vulnerabilidad, había algo en él que conectaba con las partes más ocultas de ella, las que rara vez dejaba al descubierto.
Así que, sin decir una palabra, Emily se inclinó más hacia él, acortando la distancia que quedaba entre ellos, su corazón latía con fuerza, pero no titubeó, en un gesto cargado de silencioso entendimiento, posó sus labios sobre los de Hank. El beso fue lento, delicado, casi como si ambos estuvieran probando un terreno que no se atrevían a explorar por completo, no fue un beso apasionado ni impulsivo, sino uno lleno de una extraña mezcla de ternura y melancolía, ambos compartían un dolor que no necesitaba ser expresado en palabras, se comunicaba en ese breve instante, en ese contacto fugaz.
Cuando se separaron, Emily permaneció quieta, mirándolo a los ojos, Hank la observaba como si ese pequeño gesto hubiera sido más de lo que esperaba, más de lo que se había atrevido a imaginar, ninguno de los dos dijo nada, había una comprensión tácita entre ellos, un entendimiento de que ese beso no era simplemente parte de la coreografía de la noche, fue un reflejo de sus heridas, de su soledad y en ese momento, ambos encontraron un poco de consuelo el uno en el otro.
— Será mejor que continue con mi trabajo, se le puede acabar el tiempo que sus amigos compraron para usted. — Emily se quiso levantar, pero él la tomó por las caderas para evitarlo.
— No quiero que continues bailando, acompáñame esta noche al cuarto de hotel donde me estoy quedando, pasa conmigo esta noche. — le tomó ambas manos previniendo que ella le fuera a pegar una cachetada porque era obvio que ella no se dedicaba a vender su cuerpo.
— Yo no trabajo como prostituta ni como acompañante, que lo haya besado no es sinónimo de que voy a venderme... — se levantó sin hacerle nada — Todavía me queda un poco de dignidad y no estoy tan desesperada por dinero. — se abrazó a sí misma.
— Se que no eres prostituta y no era mi intención insinuarlo... — Hank se levantó también — Me gustas, eres una jovencita muy hermosa y no sé si es por mi dolor, no tengo idea si mi deseo de estar contigo solo es el resultado de querer un poco de venganza silenciosa en contra de mi esposa, o porque eres alguien que me ha despertado muchos sentimientos. — le tomo la mano suavemente.
— ¿Será solo esta noche? — alzo una ceja mientras lo observaba fijamente.
— Solo una noche. — asintió levemente dudando un poco si esa sería la respuesta correcta.
Emily sintió cómo su corazón dio un vuelco cuando escuchó la invitación de Hank, no había esperado que ese encuentro fuera más allá de lo que ya había ocurrido, pero ahora, con sus palabras, él había abierto una puerta que ella no estaba segura de querer cruzar, aunque una parte de ella lo deseaba.
Emily parpadeó, sorprendida, nunca antes había sentido ese tipo de tentación en su trabajo, siempre había sido estricta consigo misma en cuanto a mantener los límites, sin embargo, algo en Hank la hacía sentir diferente, había sido un cliente como cualquier otro hasta que su mirada se cruzó con la de ella tras el choque y ahora, después del beso, todo había cambiado, no solo era él el que buscaba algo más, ella también se encontraba en un dilema emocional, como si ambos estuvieran atrapados en ese momento de vulnerabilidad.
Una parte de Emily se sentía atraída por la idea, la vida que llevaba, siempre dividida entre sus estudios, el trabajo y las tensiones familiares con su madre denigrándola cada vez que necesitaba una nueva dosis, estaba agotada de sentirse miserable y pensó que una aventura le daría una chispa de intensidad diferente. Nunca se permitía disfrutar de momentos como ese, siempre estaba alerta, cuidándose de no mezclar sus emociones con lo que hacía en el club, pero el hombre frente a ella, con su mirada melancólica y sus palabras tímidas, había despertado en ella algo que no había sentido en mucho tiempo, el deseo de escapar, aunque fuera solo por una noche.
— No es algo que hago normalmente. — dijo Emily, su voz suave, pero firme, mientras luchaba internamente con la decisión.
— Lo sé... — respondió Hank, inclinando ligeramente la cabeza — No estoy pidiendo nada más que tu compañía, esta noche, solo quisiera no estar solo, no tiene por qué pasar lo que tú no desees. — sus palabras fueron claras.
La sinceridad en su tono la desarmó por completo, Hank no parecía un hombre que buscara lo fácil o lo superficial, todo en él, desde su mirada hasta sus palabras, mostraba a alguien que estaba perdido, buscando algo más que placer momentáneo. Emily lo miró a los ojos, buscando una respuesta en su propia confusión, sentía un deseo creciente de romper con sus propias reglas, de permitirse ser alguien más, aunque fuera solo por unas horas, había algo en la propuesta de Hank que la llamaba, una aventura que, de algún modo, parecía más auténtica que cualquier otra interacción que hubiera tenido en mucho tiempo.
Finalmente, respiró hondo, sabiendo que esa decisión cambiaría algo en ella, no sería una noche más en el club, tomó la decisión en un instante, dejándose llevar por el impulso que sentía, por la tentación de vivir una aventura.
— Está bien... — dijo en un susurro, inclinando ligeramente la cabeza — Pasare esta noche con usted. — lo vio sonreír ampliamente.
Emily no sabía qué esperar de esa noche, pero sabía que sería diferente a cualquier otra que había vivido, Hank, por su parte, la miró con una mezcla de alivio por haber aceptado con tranquilidad y de no haber recibido una paliza por atrevido, había algo en esa decisión, algo que los unía de manera sutil, pero poderosa. Sin decir más, ella dio un paso hacia él, cruzando la distancia que los separaba una vez más, pero esta vez, no era como bailarina y cliente, sino como dos personas que estaban dispuestas a dejarse llevar por lo desconocido, al menos por esa noche, Emily lo acercó a ella para besar sus labios nuevamente de una forma suave y un poco más extensa.