De no saber qué hacer con mi vida y sin saber cuál sería mi rumbo, decidí optar por hacer ejercicio en mi casa. No solo en la caminadora, sino también alzando pesas. Pues confieso que en pandemia, a mi persona le habían regalado dos mancuernas, las cuales nunca usé antes y después de haberme ido al Vaticano a trabajar. No dudé entonces en desarrollar mi potencial físico y mi fuerza haciendo ejercicio en la casa. Lo confieso, mientras hacía ejercicio, decidí también ponerme los guantes para practicar boxeo, y fue lo mejor de lo mejor. De esa forma, golpeando cierta cosa como boxeador, se deja claro que todo lo que tenía miedo de que me pasara y me pasó, lo destruía en pleno entrenamiento. Por cuanto más ejercicio hacía, toda la grasa que me había comido había desaparecido, haciendo que me viera esbelto y sin barriga por primera vez en 15 años desde la pandemia. Pues, no fue nada fácil tener que lidiar con algo así, pues golpeaba bien duro cada vez que hacía boxeo.
¿Y saben cuáles fueron los respectivos resultados? Finalmente, después de casi 15 años pesando entre el rango de los 80 kg hasta el punto de llegar a los 100 kg, llegué a pesar al menos 60 kg. Algo completamente inusual entre personas de 30 años en adelante. Sin embargo, confieso estar bastante alegre durante este periodo prolongado dentro del rango de los 60 kg. Pues, ¿cómo lo hice? No hice ninguna clase de dieta, pues la que estaba ofrecida por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no era del todo viable, era así de idéntica a los programas nutricionales provenientes de gurús excéntricos que sacan bastante humo y, claro, no pasa lo del efecto rebote. Jah, jamás creí que eso iba a ser algo completamente desilusional conmigo mismo, pues aunque estuviera comiendo bastante comida chatarra, confieso quemar toda esa grasa haciendo ejercicio. Particularmente, me tomaba un tarro completo de L-carnitina, el cual me ayudó mucho a bajar de peso hasta el punto de llegar al rango mencionado. Me sentía contento, ya que alzando pesas, así como practicando el deporte de la calistenia, me sentía en las nubes. La fascitis plantar, que durante toda la vida estuvo presente cada vez que trotaba, había desaparecido del todo ya que San Sebastián, patrón de los deportistas, he aquí, me lo había sanado, en alianza con San José Gregorio Hernández. Mera Diosidencia, dígase.
Mi piel, mi cara, los músculos, todo comenzó a cambiar de manera drástica, ya que toda la grasa que me comía: salchipapa, perros calientes, hamburguesas, así como la mayoría de los dulces y chocolates que se me antojaban, lo confieso aquí, los quemaba con un plan hecho por mí. Cada vez que me comiera algo dulce, lo quemaría al día siguiente en la caminadura: 40 minutos de cardio en dicho implemento deportivo, 15 minutos de mancuernas y 5 minutos de calistenia. Fue lo mejor de lo mejor (lo confieso).
Pero, si estaba haciendo deporte sin necesidad de contar con dietas bastante rígidas, ¿por qué los recuerdos y traumas del pasado no me dejaban en paz? Muy buena pregunta, lo confieso, ya que no tiene respuesta. En fin, pasé al menos todo un mes haciendo ejercicio, y en solo ese mes llegué a pesar los 60 kg, rapidito y sin dolor. Comenzando el próximo mes, he aquí recibo el w******p de Álvaro Julian Restrepo Rodríguez, un compañero mío del curso de Excel en una institución de formación para el trabajo aquí en Barranquilla. Este me comenta que me necesitaría para un trabajo del cual sería muy bueno. "Mi familia te pagará" (con un acento bastante autista de su parte, Álvaro me ofrece trabajar para su familia a cambio de dinero, pues confiesa mi persona que no se había jubilado del Vaticano del todo, pues me habían liquidado una millonada, la cual se había perdido en mi maleta al momento de haberme sido sacado del InDrive los corronchos de los capellanes esos).
Al encontrarme en la casa de Álvaro, la cual quedaba en el barrio Providence, me encuentro también con algunos alumnos del colegio donde yo había estudiado aquí en Barranquilla durante mis últimos años de bachillerato. Entonces, ¿cuál era la misión y el trabajo? La misión era ponerme a trabajar como un "jack of all trades" en múltiples facetas: mecánico, electricista, cocinero, dibujante, etcétera. No lo podía creer, ¿cómo podría ser yo un todero que no sabe hacer nada a sabiendas de que trabajé en Europa en un trabajo rutinario no exigente? Bueno, afortunadamente tenía el poderoso libro del Sr. Falkenrath, usando a Santa Hildegarda de Bingen para estos nuevos trabajos. Algo tan impactante de este trabajo, de hecho, es que a mí no me iban a pagar los clientes por ser todero, me pagaría la familia de Álvaro y un compañero suyo del colegio. Pues, ¿saben cómo se habían adinerado las familias de Álvaro y su compañero de colegio? Pues yo mismo le había comprado una copia del libro del Sr. Falkenrath a fin de que este pudiese comunicarse con San Thorlak de Islandia (patrón de los autistas católicos), por lo que cedió, y entonces, este santo lo hizo prosperar de manera excesiva. De ahí el porqué su familia estaba propensa a colaborarme económicamente como un jack-of-all-trades trabajando para ellos.
Sinceramente, me fue muy bien, ya que Santa Dimpna, la santa patrona de los neurodivergentes, se había asociado con San José para poder colaborar en todo lo que pudiera yo mismo hacer como un todero. Muchos de mis clientes me daban bonificaciones exuberantes, por lo que no dudé en seguir en esta labor única y eficaz (lo confieso). Viajé por toda Barranquilla como todero, pues lo único que tenía que gastar era la compra de materiales en ferreterías y demás para el desarrollo efectivo de mi trabajo como tal. Ciertamente, está en que yo podría seguir laborando como todero. No dudé en seguirlo haciendo diariamente.
Pero también las chicas discapacitadas del colegio tenían un profundo interés en mí. No amorosa ni sentimentalmente, sino que estas estaban bastante interesadas en mi trabajo de todero a iniciativa de Álvaro. Jah, qué cosa, pues confieso que no me sobrecargaba emocionalmente gracias a Santa Dimpna. Si no hubiera sido por esta santa, con la cual me comunicaba a través del idioma místico por excelencia, de seguro me mantenía sobrecargado. Un día me había encontrado con Dhabi Palta, una chica que, cuando yo estaba en décimo y undécimo, ella estaba apenas en quinto de primaria. Esta me pregunta si podría salir con sus amigas, y que todo lo pagaban ellas. Bueno, de no tener mi cuenta bancaria con el saldo vaticano, acepté. Y fue así, ellas y yo salimos a bacilarla un rato, hasta inclusive la noche, por lo que yo me preguntaba qué dirían sus padres. Y en medio de su bacile, ¿saben quiénes habrían llegado al lugar donde estaba yo con las chicas? Bueno, los mismos capellanes, pero esta vez no eran los de la IPS y el colegio que estaban trabajando como capellanes en la Alcaldía y en la Gobernación, al contrario, eran capellanes de las empresas sociales del Estado colombiano, con el mismo uniforme de la Guardia para La Restauración Divina (sí, esta es la organización benéfica evangélica, con sede en Escocia, a la cual estoy refiriendome, tras haber donado montos excesivos en euros de manera anónima. En mis cartas decía que los capellanes a ser escogidos iban a ser seleccionados de manera privada por esta organización benéfica evangélica, ya que aparentemente, no se podría contratar personal religioso en el Estado colombiano por ser este mismo un Estado laico. Pues, eso fue lo que sucedió al respecto, lo confieso). Lo más impactante es que la patrulla policial estaba dirigida por las capellanas de la Guardia para la Restauración Divina para poder limpiar el desastre que supuestamente las chicas tenían para dar un pujo al orden público (sí, claro).
"Vaya, un muchacho vaticano, que aparentemente, no parece católico. Está acompañando a unas niñas a ser promiscuas, está tomando alcohol y, aparentemente, en sus r************* , le da like a videos impropios de un católico." (Una de las capellanas, bogotana por cierto, comenzó a cuestionarme: "¿¡Qué quieren?! ¡¿Qué se les ofrece?!" (Sin necesidad de exaltarme, comencé a responderles de la manera que estas me hablaban). "Jah, usted molesta bastante, y todo lo que dice de usted mismo se refleja bastante, las palabras tienen poder, ¿sabe usted eso?" (Una de las capellanas, de nombre Sheyla Mora, cuyo hijo tenía parálisis cerebral y en vísperas de mi viaje laboral a Europa, esta ya había formado su propia fundación cristiana en Cartagena, se había desconcertado conmigo al yo engañarla) "Yo sé, claro que lo sé, pues trabajé por cinco años en el Vaticano, ganaba en euros y, además, me gané el respeto de todos los ciudadanos de ese país, y por mí, se creó la Comisión Pontificia para el Bienestar Social. Mire usted misma lo que la Iglesia Católica ha hecho, tratando de arreglar su imagen; esa es la religión pura y sin mácula descrita por Santiago Apóstol" (para poder salir del aprieto, decidí confesarle lo orgullosamente católico que era yo). Sin embargo, estas cogieron la bebida que estaba bebiendo, la cual era una Julmust, una bebida fermentada, y, confundiéndola por una cerveza, estas cogieron una pistola y me la destruyeron. Es ahí cuando Alison Marquez, una chica autista no verbal,quiso explicarles que esa no era una cerveza, y con todo su conocimiento, esta comenzaba a hablarles directamente desde su tableta digital acerca del estado compuesto de la bebida, que contenía, cómo estaba formada, su origen y demás, todo para poder defenderme. Sin embargo, las capellanas le gritaron de lo más duro, más que todo, la cartagenera) "¡¡OIGAN, HAGANME EL FAVOR Y NO LE GRITEN!!" (Exclamé bien duro, y sin la intención de hacerlo, tenía ganas de golpearlas. Sin embargo, Alison es quien las golpea con una silla, dejando inclusive a una de las capellanas en minusvalía partiéndole la cabeza). Al final, las chicas y yo terminamos en una comisaría. Y justo cuando los papás de las chicas llegan a recogerlas, en lugar de golpearme e insultarme, se compadecen de mí, en sabiendas de que yo las estaba acompañando. Una de ellas era la Dra. Eunice Ortiz, que era nada más y nada menos que la madre de Alison Marquez.
Según me cuenta la doctora, al momento de yo irme al Vaticano, mi pastor (Miguel Mejía) había regresado a los Estados Unidos, dejando el liderazgo a un hermano cartagenero. Ya que aparentemente, el Ministerio Juan 9 se había implementado como una Entidad Sin Ánimo de Lucro (ESAL) que convertiría a la congregación en una entidad religiosa próspera. Bueno, confieso que había anunciado por f*******: mi conversión a la fe católica, desatando una ola de indignación en la comunidad evangélica. Justo antes de anunciarlo, confieso que me había ganado la fama como director de este ministerio. Gracias a eso, muchas iglesias montanistas y no montanistas comenzaron a implementar un ministerio de discapacidad en sus congregaciones, comenzaron a aliarse con Robin and Pals (RAB) y demás. Me amaban mucho, pero cuando había anunciado mi conversión a la fe católica, he aquí, comenzaron a odiarme. No más me acuerdo cuando yo mismo, en vísperas de alistarme para irme al Vaticano, un grupo proveniente de un ministerio de jóvenes de una iglesia pentecostal, he aquí, se había disfrazado del Papa, haciendo inclusive mofa a la persignada (lo confieso), y hasta humillarme en público. Afortunadamente, yo los ignoré, ya que estaba protegido por un católico que, de hecho, trabajaba en un call center bilingüe.