A pesar de todo eso, yo seguía batallando internamente con mis demonios. Puesto que después de casi un largo tiempo de haber comprado el libro del Sr. Falkenrath, comencé a tomar acción, haciendo los rituales en la Lingua Ignota que en él estaba inscritos. Pues, cabe destacar que habría comprado la cadena con mis ingresos. Pues, tenía dos trabajos: uno como contratista en la Secretaría de Educación de Barranquilla y el otro como embajador de una empresa de tecnología educativa con sede en Estados Unidos. Pues, hablando claramente del segundo trabajo como embajador, esta empresa, de hecho, poseía un programa muy innovador para su época: Aula de Clase Remunerada. “ClassHub” era el nombre del producto que ellos ofrecían. Según su página, entre los beneficios que tendría como embajador estarían puntos que podría convertir en dinero real, parte de mi desempeño como embajador de la plataforma. No dudé en aprovechar el ser embajador de la plataforma.
Cuando habría comprado esta cadena, no dudé en pensar que, si le pedía muchos favores a Dios, me condenaría aparentemente al fuego eterno. Pues, al momento de comprar la cadena de San Miguel Arcángel, decidí usarla no como un amuleto sino como un accesorio, llevándola colgada en todos mis pantalones hasta que llegase el día en que pudiese tomar con seriedad el adivinar con la cadena. Sin embargo, cuando el CEO de ClassHub me dijo que cambiar el aire dependía de mí, es decir, de si podrían emplearme como trabajador remoto desde Colombia para ofrecer la plataforma en los colegios oficiales del distrito de Barranquilla. Esa fue la mejor propuesta que habría obtenido cuando tenía 25 años. No dudé entonces en empezar a comunicarme con Dios, así como con los santos de la Iglesia católica, a través de la Lingua Ignota.
Y fue así, empecé a comunicarme con los Santos de la Iglesia Católica. En especial, con San Carlo Acutis. Este santo era considerado el patrón del internet. Y es que él me designaba con éxito los colegios en donde debería tocar puertas como embajador de ClassHub. Gracias a él, muchos colegios públicos en Barranquilla (y en el Atlántico en general) comenzaron a utilizar ClassHub para ofrecer incentivos monetarios a los estudiantes con mayor desempeño académico (esta idea, de hecho, me la había dado San Carlo Acutis). Fue un éxito tremendo que todos los niños, niñas y adolescentes residentes del distrito de Barranquilla y del departamento del Atlántico mejorasen académicamente, lo que incluso llevó a la Administración Johnston, dentro del gobierno de los Estados Unidos, a firmar un convenio único con el gobierno local para movilizar a muchos estudiantes a realizar intercambios en ese país. No como Au Pairs, sino como pasantes. Algo muy notorio e innovador en medio de tensiones tan fuertes de la segunda administración de Johnston.
Y fue tan así que empecé a comunicarme con los santos de la Iglesia Católica. En especial, con San José, quien aparentemente me advirtió que, si llegase a trabajar en el Vaticano o algo, de seguro la influencia que tenía en ese momento a través de mi trabajo como embajador de ClassHub International desvanecería, ya que este pensamiento tan intrusivo y ambicioso de trabajar en ese país era lo más importante para los niños de mi ciudad y departamento. Él me advirtió que, si seguía así, asumiría la responsabilidad de que mis padres y mi abuela materna desaparecerían de mi radar al momento de regresar a mi país. "Ya es hora de que tomes el control de tu vida mediante la práctica del pensamiento positivo, con el fin de cambiar las circunstancias de tu vida. Como un hombre piensa en su corazón, así es lo que verdaderamente es. El pensamiento positivo puede incluso cambiar la salud corporal”. (San José, percatado del potencial que tenía yo, me advirtió que siguiera adelante en Colombia y que ni se me ocurriera de alguna forma migrar a otro país, y menos al Vaticano).
Fue tanta mi obsesión con Jehová y su comunión celestial que había designado a los ángeles guardianes de todas las familias afectadas por el autismo, en especial de aquellas personas que habían sido diagnosticadas como Mistis, a fin de darme habilidades sobrehumanas que, de alguna manera, me perjudicarían en caso de que me saliera de Colombia.
Sucedió un día, cuando me encontraba visitando a mi abuela paterna en Bucaramanga (Santander, Colombia) durante unas vacaciones, que, al levantarme de la cama dentro del recinto donde dormía, literalmente vi sin las gafas. “¡Qué raro!” (decía yo atónito), “rarito”. Empezaba a ver las cosas de otra forma, diferente a la que tenía desde finales del 2016; parecía un personaje de videojuego en el que el jugador era un santo. Literalmente, Jehová, bajo la designación de San Thorlaco de Islandia, así como de los ángeles guardianes de los chicos autistas místicos, había respondido a una de mis oraciones en Google Keep, en la que pedía que los santos de la Iglesia católica tomaran decisiones por mí. ¡Esto, literalmente, fue producto de la adivinación con la cadena de San Miguel! De ahora en adelante, cada decisión que hiciera la tomarían los santos en mi lugar. Y fue así: Santa Lucía (patrona de los optómetras) eliminó por completo la miopía que tenía en los ojos, haciéndome más bello sin gafas. Literalmente, empezaba a sentir las cosas como un autista severo. Aun así, los ángeles guardianes, comandados por San Thorlaco, comenzaron a usar mi cuerpo, alma y espíritu como el personaje de videojuego que yo mismo le había pedido a su amo. Mi abuela paterna, la Sra. Jermina Lance Merchan, quien era una católica devota y analfabeta, había pensado que, por estar metida bastante en la iglesia evangélica, estos me habían invocado a un ángel del cielo que me predicaba un evangelio diferente al que ella creía (conforme a lo que ella interpretaba de Gálatas 1:8-19).
“¿Acaso qué le está pasando hoy? ¿Se embobó?” (decía ella de una manera muy fuerte, ya que era una paciente oncológica con bipolaridad y esquizofrenia) “Por estar metido bastante con esa gente [evangélica], es que usted se está alterando”
Pues yo, teniendo un corazón parecido al verdadero Jesucristo, y considerando que trabajaría en el Vaticano algún día, dejé que me dijera un poco de cosas, ya que de todos modos, me seguía congregando en la iglesia del pastor Moses Jones, un misionero estadounidense en Santander (Colombia) del cual aparentemente, yo estaría implementándole un ministerio de discapacidad en su obra misionera en Bucaramanga luego de que este se había percatado de que yo estaba asociándome con una organización paraeclesial que trabajaba con personas con discapacidad alrededor del mundo y con sede en EE. UU. (su país natal). Lo que mi abuela Jermina no sabía era que antes de que yo trabajase en la Santa Sede, dicha organización me pagaría a mí y a mi familia todos los trámites migratorios para que pudiésemos viajar finalmente a los Estados Unidos, dejándose recibir la salvación paulina. Este tema, sin duda alguna, quiero profundizarlo bastante al final de este capítulo.
“Papi, hoy vamos para un encuentro campesino-urbano y no quiero que hables tanto del pastor Moses, ¿entendido?” (mi tío, Simón Constantino Monterroza Lance (hermano menor de mi padre), sabiendo como era mi comportamiento cada vez que iba a Bucaramanga, y era en congregarme en la iglesia del pastor Moses, me advertiría que, si lo hiciera, no volvería a Bucaramanga nunca más y hablaría con mi madre…) “Cada vez que usted va a aquí a Bucaramanga, siempre es con el mismo cuento de ir a la iglesia, y eso, esta vez, no va a ser así”
Bueno, lo que mi tío tampoco sabía es que yo ya quería romper ese vínculo eclesial con los montanistas. Y volverme un comunicador espiritual era uno de esos procesos tipo “Paso a paso” (este modelo me lo introdujo mi tío materno, Alonso Suarez, que a diferencia de mi tío Simón, este sí se congregaba con los montanistas durante cinco años, ahuyentándose después).
De hecho, los ángeles guardianes de los autistas místicos, así como el Espíritu de San Thorlaco, ya habían comenzado a gobernar mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Mi cuerpo empezó a usarse como un personaje prototipo de videojuego; mi alma (mente, emociones y voluntad) comenzó a forjarse con mayor disciplina gracias a la intervención de estos santos, y mi espíritu ya se preparaba para ir al cielo (bueno, este último dudaba mucho sobre tener la salvación Paulina). Empezaba a sentir sensaciones, tactos y demás, como si el hombre araña existiera. Pero quiero aclarar que no era un superhéroe, sino un ser humano con poderes.