Capítulo 2

4080 Words
El hecho de que nosotros, los autistas, no tengamos nada de vidas pasadas es algo único. Hay una cierta minoría de personas autistas que poseen el síndrome del sabio (Savant), y la gran mayoría está bastante interesada en los números, la matemática, la biología, la música, el arte, el deporte, la ciencia, la medicina y más allá. Sin embargo, mis intereses, que son la religión y el ser humano, van más allá de estos intereses típicos de los autistas, ya que no satisfacen el descubrir quién soy yo como persona. ¿Quién soy yo realmente? Quizá sea el Mirabel Madrigal del autismo. Lo más determinado que hice y con convicción, poniendo a prueba mi fe como cristiano montanista, fue dejar vivir su vida a las congregaciones independientes y autónomas a las cuales pertenezco. Según cuenta mi madre, tras haber visto el reel del cual hice referencia, ella me habría dicho que yo era un elegido. Por lo tanto, irme al Vaticano era sinónimo de perdonar al colegio montanista donde estudié en Bogotá, así como perdonar a mi iglesia montanista local aquí en Barranquilla. Quizá mi padre tenga razón, ellos le pidieron perdón a mi padre (siendo él salvo en la fe, pero un católico consagrado al Sagrado Corazón de Jesús), y el profesor de matemáticas (el cual se avergonzó de haberme lastimado sin él tener la intención de hacerlo, asumiendo que fue una de las mejores experiencias que pudo haber tenido en su vida) me perdonó a la vez. Pero tal vez las demandas legales contra el colegio fueron un truco de la izquierda cristiana para confundirme al punto de estos exaltarse contra mí por mis temas, a fin de supuestamente, sin importar mi condición psiquiátrica (autismo misti), maltratarme y querer expulsarme para siempre del colegio, aunque la IPS los monitoreaba. Bueno, todo eso tenía un propósito: querían que me perdonara con el Señor y saber de dónde me había sacado... pero, de todos modos, los dejé vivir. Quizá mi abuela materna, la Hna. Celmira Valdierre, tenía razón. Escogí la carrera universitaria de teología por solo complacer a Antonella Reyes, una gamina dentro de la localidad de Suba, (Bogotá, Colombia) que había entrado al colegio en el 2014, y hablaban a mis espaldas delante de ella; se fue para México, a estudiar teología en un seminario montanista, y por el trato que ella me hacía, quise complacerla estudiando teología en una universidad secular. A ella también la dejé vivir. Dejé vivir al pastor Gabriel Mejía, quien con todo su esmero implementó conmigo el Ministerio Juan 9 en la IMIB (su ministerio de discapacidad) y lo monetizamos sin convertirlo en negocio mediante una alianza con el ministerio de streaming, Canal de Bendición. A todos los dejé vivir, para que, de todos modos, pudiese vivir yo también. Al trabajar en el Estado eclesiástico, aparentemente rompí todo el ostracismo hacia mí por parte de los montanistas. “¿Cuál, pues, es mi galardón? Que, predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él” (1 Corintios 9:18-23). Aparentemente, monetizaba el evangelio de Cristo de manera gratuita, tanto como director del ministerio de discapacidad de la IMIB como aprendiz de la Arquidiócesis de Barranquilla. Y siendo el Vaticano una nación, se dejaba claro que trabajaría predicando el evangelio de Cristo de manera gratuita sin abusar del cargo al cual había aspirado (1 Corintios 9:18). Asimismo, siendo libre de los montanistas, me había convertido en siervo de los mismos para ganar a mayor número en el sentido de congregarme en una iglesia montanista en Roma (Italia) y servir a los cristianos evangélicos italianos en condición de discapacidad (1 Corintios 9:19). Me había hecho a los católicos como un adivino consagrado, para ganarlos; a los que están bajo el derecho canónico, como si estuviese sujeto a las leyes canónicas, para ganar a los que están sujetos a esta ley. Lo mismo con los que estaban bajo el amparo de las leyes europeas y canónicas (1 Corintios 9:20-21). Me he hecho un autista severo con bajo coeficiente intelectual (CI) a los autistas severos, a los savants como si fuera un savant (asumiendo, de facto, que había adquirido una inteligencia sobrehumana por medio de los ángeles guardianes de los mistis comandados por San Thorlaco) (1 Corintios 9:22). Literalmente, esto lo hacía por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él bajo el amparo del Altísimo, cumpliendo el propósito de Dios que tenía aquí en la Tierra (1 Corintios 9:23). Pues, las preguntas del millón abundan y, entre ellas, se encuentran las siguientes: Cuando empecé a trabajar en el Vaticano, ¿dónde vivía? ¿Qué le pasó a la fortuna que yo mismo había generado tanto con la fe montanista como con la fe católica? Lo confieso aquí, para la fecha de mi contrato laboral con el Vaticano, había generado casi 38 mil millones de pesos colombianos en tres monedas extranjeras (el dólar estadounidense, el euro y las libras esterlinas) creando contenido explícitamente religioso. ¿Y qué hice con esa plata? El 70% lo repartí a las iglesias montanistas, un 20% lo repartí a las personas con discapacidad que vivían en zonas de escasos recursos, mientras solo un 10,5% lo entregué a mi familia como herencia, principalmente a mi madre Mandira y mi abuela Celmira (mi abuela materna), haciendo entender a todos los atlanticenses y barranquilleros que era un ingrato con mi familia al repartir el 70% de los ingresos a las iglesias, haciendo que el evangelicalismo se volviere más y más avaricioso. En cuanto a la vivienda, cabe destacar que el Papa Miguel me había concedido una vivienda subsidiada cerca del Vaticano, dentro de la capital italiana, y hasta me había ofrecido transporte laboral. Todo gracias a un rescripto de su autoría que promovía la inclusión laboral en la Santa Sede y el Estado vaticano. Bueno, no dudaba en aprovechar la adivinación con la cadena de San Miguel Arcángel (nombre del cual el sumo pontífice habría escogido como sucesor de San Pedro). Y este mismo le había solicitado al Santo Padre que me ofreciera vivienda subsidiada y transporte laboral en medio del escepticismo de mi madre y el racional-raciocinio de los demás. Y es que la ofrenda que le había repartido a los montanistas del 70% de los ingresos que había generado, los había vuelto corruptos (sin yo ser tan malintencionado, ¿eh?). Es más, para las elecciones presidenciales del país en el 2030, un candidato presidencial de un partido político que reunía a todas las confesiones cristianas evangélicas del país había ganado la presidencia. De hecho, se crearon programas de capellanía dentro del Ministerio de Defensa Nacional, eliminando así toda la cultura católica que por años había formado el carácter del Ejército Nacional, así como de la PONAL. Lo único que resalta en lo positivo dentro del primer gobierno evangélico en la historia de Colombia es la contratación y capacitación laboral de personas con discapacidad cognitiva en la función pública, a través de las convocatorias públicas de Libre Nombramiento y Remoción (LNyR). De hecho, para el año en que yo habría decidido volver a Colombia, ya había varias personas con discapacidades intelectuales y del desarrollo trabajando para el Estado colombiano. Pues, la gran mayoría poseían empleos públicos LNyR. Todo era gracias a ese presidente evangélico, sin experiencia política, el cual había ido hasta Alemania a predicar el evangelio de Jesucristo. Sin duda alguna, le iba muy bien académicamente, y siempre era empleado del mes en los call centers bilingües (se deja claro que, para predicar el evangelio a los alemanes, tenía que aprender alemán, y lo logró trabajando en un call center alemán, en Bogotá, durante muchos años). El nombre de este man era Richard Mateo Mendoza Jaramillo (a menudo abreviado como RMMJ), el cual había procedido de una familia humilde, pero con su disciplina y compromiso con el Señor, logró salir adelante. Es más, Dios lo premia patrocinándole la visa religiosa americana (EB-4) a Estados Unidos, país en donde estaría trabajando permanentemente en las iglesias de Cristo (una denominación procedente del movimiento restauracionista del siglo XIX), y viajaría con frecuencia a Alemania. Todas estas cosas lo inspiraron a lanzarse a la presidencia en Colombia, adaptando el estilo de vida estadounidense en el país, así como colombianizando la plataforma política del Partido Republicano estadounidense, basándose plenamente en los dos mandatos de Eugene Johnston. Bueno, acontece el hecho de que, sin duda alguna, era la primera vez que Colombia se había inclinado fuertemente al protestantismo, justo cuando la población religiosa católica se había vuelto una minoría al momento de las elecciones de ese año, cuando apenas iba a empezar a trabajar para el Papa Newman, quien habría sido elegido como el sucesor de Pedro después de la renuncia del Papa Miguel. La cosa es que ambos eran estadounidenses. Bueno, uno era más latinoamericano que norteamericano, mientras que el otro era más tradicionalista y británico (porque tenía doble nacionalidad). Durante el periodo del conclave, resulta y pasa que yo me había convertido en el empleado favorito del Vaticano, dada mi inteligencia sobrehumana y el trabajo virtual que tenía con el orfanato de Samuel Nguyen en la Guinea Ecuatorial, teniendo así dos empleos en diferentes contextos culturales, pero en una sola moneda: el euro. Me desempeñé muy bien como empleado vaticano. Cada vez que tenía una crisis, un meltdown o ganas de autolesionarme, la lingua ignota se convirtió en mi refugio. Había veces en que, en mis días libres, por mi buen desempeño laboral, me llevaban a la guardería vaticana para que les enseñase a los niños (hijos de los empleados vaticanos) toda mi sabiduría sobrehumana. De hecho, me había encariñado con los niños, quienes me decían a mí muy frecuentemente: “Setón, ¿quieres conocer a mi familia?” Bueno, esa era una pregunta muy complicada. Se deja claro que no quería estorbar a nadie, y menos a hijos de desconocidos, ni quería ser abusivo, ¿eh? Por lo tanto, invoqué a mi Círculo de Fuego preadivinatorio al Sagrado Corazón de Jesús, a fin de que este me guiase a cómo debería responder a la pregunta tan complicada que frecuentemente me hacían los pequeños. Y en lugar de Él mismo, Dios había enviado a Santa María Goretti y a Santa Inocencia, quienes me decían claramente que aceptara su invitación a conocer a sus familias, cuya mayoría residía en toda Europa y en Angloamérica. De hecho, dos hermanas mayores de un chico de la guardería cuya escolarización era subsidiada por el Vaticano, sin duda alguna, eran de origen estadounidense. Y la gran cosa es que estos tres provenían del estado de Wyoming (EE.UU.), estado en donde la Sra. Isabelle Litchfield (una señora de la edad de mi abuela materna, la cual había conocido en un foro virtual de conversos católicos) residía. Literalmente, durante mi estadía vaticana, comunicarme con Santa Hildegarda de Bingen fue bastante efectivo. Viajé por casi toda Europa: en España, me había reunido con Salvador Martínez, un muchacho contemporáneo conmigo, perteneciente a las comunidades neurodivergentes y l***q+ de ese país, pero que, a la vez, era explícitamente antiaborto, abogando por la criminalización de la práctica en su amada nación. Y aunque este era un queer, se había vuelto un escritor exitoso cuyas obras eran monetizadas de manera gratuita. En Irlanda, por medio de una familia británica, conocí al CEO de una prestigiosa plataforma social de educación gratuita, llamada sais.net. En un principio, yo quería ser un creador de cursos para su plataforma; sin embargo, ya muy recientemente habían lanzado un programa de asistente de contenido. Me volví reluctante al ofrecerme esta opción, pero dándome cuenta de que tenía dos fuentes de ingresos en euros entre África y el Vaticano, acepté su oferta para ser asistente de contenido. Inclusive, debido a mi inteligencia sobrehumana, me habían invitado al primer colegio católico en Finlandia (el país más feliz del mundo) como profesor de literatura latinoamericana. Lo aproveché bastante, ya que muchos de mis estudiantes comenzaron a escribir ebooks para su publicación en la plataforma donde Salvador Martínez publicaba su obra. En Hungría, no dudé en ir desde acá hasta la Guinea Ecuatorial, ya que el programa humanitario Europa Ayuda tenía su sede principal en Budapest (la capital húngara). Y así, mi fama anónima comenzó a expandirse por toda Europa. Inclusive, aprovechando que Samuel Nguyen tenía un podcast en la plataforma católica Electi, que lo hizo disfrutar más de su libertad, no dudé en hacer un vlog aprovechando que la plataforma estaba ofreciendo videos para sus creadores, lo que significaría mucho para su orfanato en ese país africano. Pues, esos videos los resubía a YouTube, pero bueno, aquí los videos no tenían casi visitas, pero como estaban monetizados ya con Electi, dejé que pasara un tiempo. “CUANDO TE SIENTES a comer con algún señor; considera bien lo que está delante de ti, y pon cuchillo a tu garganta, si tienes gran apetito. No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso. No te afanes por hacerte rico; sé prudente y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo. No comas pan con el avaro, ni codicies sus manjares, porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; más su corazón no está contigo. Vomitarás la parte que comiste y perderás tus suaves palabras. No hables a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de tus razones. No traspases el lindero antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos; porque el defensor de ellos es el Fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra ti. Aplica tu corazón a la enseñanza y tus oídos a las palabras de sabiduría. No rehúses corregir al muchacho, porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara y librarás su alma del Seol. Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también a mí se me alegrará el corazón; mis entrañas también se alegrarán cuando tus labios hablaren cosas rectas. No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo; porque ciertamente hay fin, y tu esperanza no será cortada” (Proverbios 23:1-18). Prudencia era, sin duda alguna, lo que debía tener cada vez que me tocaba asistir a los banquetes de solidaridad del Vaticano. Y ciertamente, gracias a que era un adivino consagrado, además de los santos de la Iglesia católica, me comunicaba con los santos bíblicos, quienes a menudo me deshuesaban aquellos libros, pasajes, capítulos y versículos de la Biblia para aconsejarme, ciertamente, lo que debía hacer. Pues, queda claro que trabajar como redactor en los medios de comunicación vaticanos era una tarea muy ardua. Y no solamente era ardua, sino que era una tarea bastante así, en donde debías ser lo suficientemente prudente y tener una ética superior a la tuya. No obstante, dado que yo no prestaba atención a las charlas y demás, habría cumplido con no codiciar las charlas pastorales del país. Bueno, a pesar de no prestarles atención a los banquetes de solidaridad, había veces en las que yo prestaba una atención muy explícita, ¿eh?, más que todo en cuestiones de inclusión (Proverbios 23:1-3). El no darme pobreza ni riqueza, sin duda alguna, era algo superior a mí (Proverbios 30:7b-9). Como una persona con discapacidad, me era muy difícil mandar y ordenar, pero se deja claro que había hecho una fortuna en euros trabajando en el Vaticano, e inclusive como asistente virtual del orfanato de Samuel Nguyen en la Guinea Ecuatorial, aunque ser profesor invitado de la primera escuela católica finlandesa había sido en una sola ocasión e_e. Sin duda alguna, la fortuna provenía principalmente de mi trabajo como asistente virtual de Samuel y como redactor vaticano. Había generado una segunda fuente de ingresos parcial con las ediciones católica y amplificada de mi tesis sobre el autismo misti y las comunidades de fe, las cuales eran vendidas en una plataforma de autopublicación en línea de libros físicos con sede en mi país, que utilizaba impresión bajo demanda, así como en la redacción espontánea de ebooks de ficción mediante una alianza estratégica con una plataforma de monetización de trabajos de investigación. De hecho, justo antes de haber iniciado el ministerio de discapacidad en mi iglesia montanista en Barranquilla, tenía la mera ansiedad de contar con una segunda fuente de ingresos, además de ser contratista de la alcaldía, ya que el candidato que me había apoyado para insertarme laboralmente no quedó. Sin embargo, lo que buscaba era una forma de hacerme rico, por lo que decidí cogerla suave. Y puff, en seguida había generado dos fortunas en dos diferentes contextos nacionales (Proverbios 23:4-5). Se deja claro lo muy ávaros que eran los pastores promedio en Latinoamérica, pues casi toda parte de mi fortuna en euros como redactor vaticano y asistente virtual del orfanato de Samuel la donaba a sus organizaciones religiosas y entidades sociales sin ánimo de lucro. Hubo de hecho un pastor del Perú que era más fundamentalista que los montanistas, pues en su canal de YouTube pedía donaciones por PayPal. Así, yo logré donarle al menos parte de mi sueldo vaticano a su ministerio dentro de su país. ¿Se podría saber cuánto doné? No lo voy a decir; sin embargo, se deja claro que, gracias a la escritura automática, de la cual Dios designaba una energía espiritual para cada informe que mis superiores me mandaran a hacer, la Gobernación me pagaba exuberantes bonificaciones por mi desempeño. Y no dudé en aprovechar estos aumentos para enviarle euros a mi familia en Colombia, ofrendar a la iglesia montanista de Roma, al capítulo italiano de Robin and Pals, y a varios ministerios paraeclesiales en Latinoamérica. Conforme a mi ética espiritual, las donaciones las hacía de manera anónima, amplificando así lo que ya eran por dentro los pastores y sus comunidades apacentadas. Pues, ciertamente, dejándome llevar por lo que decían los mundanos sobre los pastores, los hermanos y sus iglesias, no comía de sus banquetes cada vez que estos me invitaban a sus templos. Debo ciertamente confesar que siempre que podía ir a Cartagena de Indias (Bolívar, Colombia) a visitar las iglesias montanistas locales (sobre todo la iglesia fundada por el tío de mi pastor, Gabriel Mejía), aprovechaba para ungir con aceite consagrado y el aceite de San Miguel Arcángel (el cual fue manualmente hecho por mí) los almuerzos de la congregación. Es más, también repartía el ajo del arcángel Miguel a las hermanas cocineras de la iglesia. ¿Y en su efecto? Todos los varones montanistas cartageneros comenzaron a bajar de peso poco a poco, hasta el punto de llegar a pesar 50,7 kg. Pues lo que ellos no sabían era que todas las iglesias montanistas de Cartagena habían recibido (de manera repartida) un monto de EUR 2.0M con mucho cariño (pero de manera anónima) a través del orfanato de Samuel Nguyen, el cual recibía apoyo espiritual y socioeconómico por parte del banco vaticano. Bueno, esos dos milloncitos de euros reflejaron lo que eran estas comunidades por dentro, pues esa cantidad de dinero extranjero no se repartía, sino que era la misma cifra para cada iglesia, lo que amplificó sus sepulcros blanqueados, pues muchos católicos que eran invitados a sus congregaciones fueron tan astutos como para rechazar esas invitaciones (Proverbios 23:6-8). Lo barro de mí, de hecho, era mi imprudencia. Literalmente, me faltaban dos cosas (digo yo, es mi opinión, ya que el extraño debe alabarme y no mis propios labios): la prudencia y el respeto a los demás. Afortunadamente, San Salomón de Israel, entrando a mi círculo de fuego cada vez que invocaba al Espíritu Santo y a Santa Hildegarda de Bingen todas las noches en mi habitación vaticana, me orientaba de la misma manera que los ángeles guardianes de los autistas mistis, comandados por San Thorlaco de Islandia, durante mi vida en Colombia. Me había vuelto bastante prudente en mi labor como oficinista de la gobernación vaticana. Y por cuanto más me ganaba el respeto de los vaticanos, más respeto tenía hacia los demás, algo que sinceramente no tenía en mi país (Proverbios 23:9). Fui bastante respetuoso con el tiempo de la gente, tanto de mis compañeros de trabajo como de mi jefe (en este caso, un cardenal). Y aunque tenía acceso gratuito a varios lugares excusivos del Vaticano por ser empleado del mismo, quería respetar bastante la cultura, los protocolos de seguridad y la leyes de ese país tan pequeño (y sin necesidad de querer traspasar el lindero antiguo que por años ha tenido la Santa Sede, puesto que había sido yo mismo quien había invocado al Espíritu Santo, que es bien Fuerte, y si llegase a irrespetar la cultura y leyes de la nación, el propio Señor juzgaría la causa de los ciudadanos vaticanos en contra mía, ¿eh? (Proverbios 23:10-11). Teniendo yo mismo mi propia experiencia en un colegio cristiano fundamentalista en la capital colombiana, no dudé yo mismo en hacer algo completamente diferente concerniendo a los niños vaticanos (quienes, en su mayoría, procedían de diferentes partes del mundo). De hecho, siendo yo empleado de la Gobernación, no dudé en aliarme yo mismo con ClassHub Education (sí, la empresa de tecnología educativa cuya plataforma remunera a sus estudiantes por aprender), a fin de que se implementase un programa de asesorías académicas para los niños y adolescentes vaticanos que asistían a la educación regular de manera que se les pagase por las asesorías de estos. Aunque la Biblia misma afirma que los azotes son necesarios para sacar el alma de los niños del seol, claramente está en que yo, Setón Monterrosa, quería hacer algo diferente, puesto que a los chicos vaticanos en condición de discapacidad se les daría una excepción simplemente por ser discapacitados, los castigos eran algo típico tanto de los colegios como de los padres, yo le mandaba las quejas a los papás de estos chicos. Algo justamente bien estructurado para evitar los traumas de una generación de cristal (lo confieso), pues, yo mismo en mi corazón decía: “¿Quién soy yo para juzgar?” Confieso que durante años mi persona solía juzgar a la gente, pero a medida que iba creciendo en edad y estatura, esto dejó de formar parte de mi ser. Aunque políticamente soy de derecha y religiosamente soy montanista, queda claro que el valor y el respeto hacia la nación vaticana (y, más que todo, el respeto a la nación colombiana, obviamente mi país) aumentaban más en mi ser al ser empleado de la Gobernación del Estado Eclesiástico (Proverbios 23:12-14). Al final, al hablar cosas rectas (según las dictadas por San Pablo Apóstol en asociación con San Carlo Acutis), cabe destacar que me había ganado el respeto de toda la nación vaticana. Lo confieso, les empecé a caer bien a todas las personas (algo que en Bogotá y Barranquilla era lo mismo). Pues, confieso yo mismo que mi madre decía que a cualquier parte a la que voy, comienzo a caerle bien a la gente. Puede que este proverbio bíblico jamás lo practiqué cuando estaba en Colombia, porque aquí en el Vaticano (y claramente está en Europa), mi persona se había convertido en algo ejemplar en el mero sentir. Siendo vaticano, pensaba muy bíblicamente sobre Israel, llegando hasta el punto de no tener envidia ante los sionistas, pues yo perseveraba bastante como trabajador vaticano hasta el punto de ser ascendido a un puesto dentro de la recién creada comisión pontificia para el bienestar social (Pontifical Commission for Social Welfare). Así, mi esperanza nunca fue cortada de lo que me sobraba como empleado de una nación muy lejana a la mía (Proverbios 23:15-18).
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD