Capítulo 7

1915 Words
Mientras dormía, he aquí sueño con un flashback del cual yo había descubierto que estaba irrespetando a mi profesor de matemáticas en el colegio cristiano donde estudié en Bogotá, remedándolo (sin saber que lo que estaba haciendo era también remedo). Y en lugar de quedarme parado como exigencia por él, logré darle una paliza partiéndole la poca, la nariz, hasta el punto de casi dejarlo inconsciente. Tanto el director como la rectora de la institución se habían exaltado contra mí, de manera que el pastor trataba de calmarme, yo logré destruir casi la parte de la oficina de la cual me habían castigado. Al momento de llegar mis acudientes (mi padre, a quien le habían llamado de su trabajo, así como mi madre y abuela materna). Lo que resultó y pasó fue que yo intenté de alguna manera desvelar al profesor, a mis compañeros y hasta al personal docente de la institución educativa cristiana el hecho de engañar a mis espaldas a la fundación en la cual estaba haciendo mis terapias. Sin embargo, nunca aprendieron la lección, puesto que la rectora me empezó a hablar delante de mis acudientes muy horrenda, por lo que yo a la defensa, viendo videos de YouTube con Loquendo durante mi niñez, le devolví su desespero y exaltación contra mí, tachándola con un vulgarismo español. Mis padres se avergonzaron, incluyendo mi abuela materna, la señora fingía ser una víctima hasta demostrar su lado siniestro, haciendo que mi propia madre me devolviera los golpes que le di al profesor de matemáticas hasta llegar a la casa. En medio de sus golpizas en mi cabeza, desperté de mi lecho, olvidando el mero hecho de que lo que había soñado, por mi propia prudencia, nunca pasó. Por lo que decidí volver a dormir. En el segundo sueño, aquí fui con mi abuela materna a un comité en donde estaban todos los especialistas de la EPS de la Policía Nacional, los cuales, de hecho, me tenían una estima. Allí, en el acmé de mi depresión y ansiedad, dije abruptamente que detestaba a la familia de mi mamá. Que preferiría estar más con mis paternos que con mis maternos y si se me hubiera hecho realidad la cosa, estaría haciendo brujería a toda la familia de mi mamá, cueste lo que cueste. A partir de allí, mi abuela materna decidió entonces no salir más conmigo ni escuchar mis fijaciones, "Mira Seton, eso que le dijiste a los médicos me dolió mucho, así que de ahora en adelante, no cuentes conmigo". A pesar de todo eso, y estando ella lastimada y ofendida por mí, me empezó a ir de manera estupenda en el colegio. Comencé a sacar buenas calificaciones (salvo con el profesor Berner Velázquez, del cual estoy haciendo referencia, pues aunque me seguía haciendo bullying y humillándome, ya no me enseñaba matemáticas). Sin embargo, a pesar de irme bien, a aquella doncella, que se había graduado un año antes y que presenciaba cómo me trataban los profesores por mi "mal testimonio", comenzaba, he aquí, a humillarme. Después de un año, ella sería la que me humillaría por un buen tiempo. No duró tanto, porque cuando yo izé bandera, ese mismo día me fui para la Ciudad de Nueva York para no volver nunca más a Colombia, costame lo que me costara... No volví a experimentar en el sueño la fortuna que me sucedería en Estados Unidos tras lo anteriormente contado, sino que me desperté de mi lecho de nuevo. Esta vez, según veía, ya eran las doce del día. No había desayunado y no tenía dinero para poder comprar almuerzo, ya que todo el saldo que tenía en mi cuenta vaticana se perdió tras haber sido capturado por la policía bajo la guía de los capellanes de la Guardia para la Restauración Divina. Fue entonces que me bañé, hice ejercicio en la caminadora, comencé a alzar pesas... Sin embargo, al momento de ponerme a leer el libro "St. Hildegard of Bingen's Lingua Ignota Incantations" del Sr. Falkenrath, a fin de que la santa mística por excelencia pudiese darme pasajes de la Biblia para leer, he aquí que recibí una llamada por parte del Sr. Hensley, con el acento típico de un estadounidense al español. Este me dice que él, su esposa Lily, el pastor Quintero y parte del personal docente, terapeutas y cuerpo estudiantil de la Fundación Instruirse ABA IPS me esperarían en una sucursal de la cadena de restaurantes "Los Increíbles Restaurantes de Gumball". Jah, una caricatura de la cual cogí zipote fijación, ¿eh? Pues jamás pensé que en mi país (Colombia) he aquí que existiría una cadena de restaurantes basada en esta exitosa serie animada de Cartoon Network. Pues, yo mismo me preguntaba: ¿por qué están allí? La única solución era que yo fuera hasta allá. Estando allí, me encuentro con un poco de niños con discapacidad intelectual, autismo y síndrome de Down. Bueno, también había niños neurotípicos y demás, resultando ser una farsa de las más brutales contra mi persona. "Miren, allí está el cura" (un niño de unos 10 años avisó a sus compañeros a fin de testificar contra mí por ingrato) "Hola, ¡Padre Seton!" (sus compañeritas, escuchando lo que hablaban los profesores y las directivas de mí delante de ellas, comenzaron a seguir al niño). "Ash, por favor, ya déjenme en paz". (Tan solo yo comencé a responder; los niños enseguida me fastidiaban cada vez más) "Vaya, vaya, vaya" (respondió una de las docentes, la cual era terapeuta ocupacional) "Eso es lo que se gana por ingrato con la fe a la cual usted creció y le ayudó bastante, para irse a un país donde la mayoría es hipócrita". "¿Y qué, padre Seton? ¿Va a bautizar a mi hermanita? ¿Va a darnos una homilía ? ¿Dónde está su sotana?" (Un niño con síndrome de Down, muy religioso y literal con la Biblia misma, comenzaba a atosigarme) "Escúchame, yo no soy sacerdote, soy laico; además, todo lo que usted pregunta nunca lo hice porque eso no era mi asunto" (Para tratar de salir del aprieto, intenté clarificarle algunas dudas sobre la fe católica, dando a entender que yo no era un religioso del todo, sino un laico trabajando para el Papa de la Iglesia Católica y soberano del Estado Vaticano. Y en fin, queriendo yo estar bien con la gente de la Fundación Instruirse, estos aun así no aprendían la lección.) "Seton, aquí te entrego una carta de un grupo criminal que se hace llamar 'cristiano', pero que en realidad son idólatras, criminales, ¡como tú!" (un oficial de la PONAL me entrega la supuesta carta de un grupo extorsionista que supuestamente estaba extorsionando a los pastores y a sus familias. ¿Mi objetivo? Acabar con una de sus fábricas de estupefacientes en donde estos hacían rituales vinculados al vudú y la santería para atrapar a sus víctimas). Fue entonces que yo me andaba preguntando por qué me estaban haciendo esto, y enseguida me acuerdo de que, tras recibir una oferta laboral por parte de la Gobernación del Estado Vaticano, ya había dejado atrás todos los proyectos que tenía como teólogo UniConcordia. Entre esos estaba el Ministerio Juan 9, que, a pesar de ya ir avanzando mucho con el proyecto, al momento de salirme la oferta laboral, dejé en ascuas al pastor Miguel Mejía y a toda la congregación entera, inventándome yo que sería la luz en la oscuridad que por años había abundado en el Vaticano, pues no era así, ya que tenía la intención de convertirme a la fe católica ante tanta incredulidad por parte de las iglesias montanistas. En fin, mi objetivo era destruir lo más pronto posible la fábrica de estupefacientes de aquella banda criminal de extorsionistas, la cual quedaba específicamente en Malambo (Atlántico). Al momento de llegar allí, ¿con qué me encuentro? Me encuentro con un grupo de santeros y espiritistas preparándose para hacer los rituales propios de su ministerio satanista. Algo bastante perturbador ver eso de mi parte. Justo antes de ir a Malambo, uno de los capellanes de la Gobernación del Atlántico (empleado de Office for Evangelism, una organización paraeclesial estadounidense que ofrece estudios bíblicos a líderes políticos de Estados Unidos y el mundo) había ocultado en la frontera Soledad-Barranquilla un aceite mágico-consagrado llamado "el aceite de San John Henry Newman", el cual, según él, convertiría a todo el mundo al catolicismo a tan solo ungir y benedecir los lugares en donde se invocase el Espíritu Santo (pues, para eso era su fin). Al encontrarme en aquel lugar, me doy cuenta de que no hay nadie allí (bueno, sí, solo una figura humanoide, la cual me entrega aquel aceite consagrado extraño, con instrucciones específicas de cómo usarlo y qué hacer en caso de la Segunda Venida de Cristo). Bueno, volviendo a Malambo, entonces la idea era "exorcizar" toda la fábrica con ese aceite, usando exorcismos en latín. "Ah, ¿y si uso la Lingua Ignota para rápidamente sacar los demonios de este horrible lugar" (con el entendimiento que había adquirido de la gramática propia de dicho idioma místico, opté por usar el idioma de la mística alemana para exorcisar todo ese establecimiento, ¡y qué bien que me salió! Comenzaron a salir culebras de la tierra, inclusive las comidas que sus trabajadores comían se habían vuelto ranas y sapos. Eww! Fue ahí cuando estos se enteraron de que yo estaba exorcisando el lugar, por lo que no cabe duda de que tenían armas de fuego y demás, pues lo único que poseía yo para la defensa era un machete. En fin, cuando estos comenzaron a disparar con sus armas de fuego, afortunadamente la protección de San Miguel Arcángel, invocado por mí justo antes de ir a Malambo, sobreesquivó el impacto que podría tener con las armas, haciendo que los demonios invocados por los santeros y espiritistas se frustrasen, llevando a casi todos los santeros (que de hecho, eran capellanes propios de la fábrica) a los infiernos que estos mismos habían invocado. Sin embargo, al ver la fábrica incendiándose, vi a una familia pidiendo socorro y ayuda, por lo que yo, viendo extintores amarillos por todos lados, los malgasté intentando salvarles la vida (me lucí como un superhéroe). Al haber salvado a la familia, estos me agradecieron por haberlos salvado de aquellos santeros y espiritistas que los habían estafado. Sin embargo, lo que había resultado era que estos eran miembros de la Orden de San Sebastián, con sede en Mónaco, la cual consistía en tres hijas atractivas y un apuesto hijo con un six pack de hierro, mientras que sus tres hijas: la mayor tenía un pelo brillante y sedoso, la medio tenía una piel porcelana, mientras que la menor tenía unos glúteos metálicos producto de un ejercicio brusco con un entrenador de origen indonesio. Los papás de los cuatro chinos tenían un negocio de joyería... En fin, los dejé en su casa, la cual quedaba en el Paseo Bolívar. Y sin más apuro, estos me ofrecieron trabajar en su joyería. ¿De qué? Como asistente administrativo. De hecho, habiendo tomado tantos cursos de Excel, ya me había vuelto un c***k en esta herramienta ofimática. Pues, trabajando en la Comisión Pontificia para el Bienestar Social del Vaticano, específicamente en el área administrativa de dicha comisión, me había vuelto un c***k. Una vez más lo reitero, todas mis pertenencias y bienes monetarios y materiales se perdieron por culpa de aquellos capellanes infelices y medio amargados conmigo mismo.
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