—Bah, la edad es un número —replica divertida. —Ya sabes que ese es mi lema. Además, sigues pareciendo de veinte, aunque te empeñes en disimularlo con ese aire de profesora seria. Miro mi reflejo. El vestido n***o, con un solo hombro descubierto, se ciñe a mis curvas con una elegancia inesperada. No es vulgar, pero sí atrevido… demasiado para una mujer que se acostumbró a esconderse detrás de sus responsabilidades. —Tal vez es mucho. Ni siquiera sé a dónde va a llevarme. —Empiezo a dudar, y mis manos juguetean nerviosas con la tela. Serena me da un golpecito en la cabeza. —A donde sea que te lleve, incluso si es a comer bajo un puente, debes tener su atención por completo, hermana. —Su voz se quiebra un poco, cargada de emoción y culpa.—Tú mereces ser feliz. Roger también. Dale una op

