Enciendo la lámpara de noche y me dejo caer sobre la cama. A mi alrededor, todo luce normal, como si el mundo no hubiera cambiado en la última hora. Pero lo ha hecho. ***** Estoy recostada, con los audífonos puestos y la mirada perdida en el techo, dejando que la música me envuelva. Las notas se mezclan con mis pensamientos, hasta que una vibración corta el ritmo y me devuelve al mundo real. La notificación del teléfono resuena en mi cabeza como un eco insistente. Con pereza, estiro la mano y tomo el móvil. Al desbloquearlo, la pantalla ilumina la habitación. Un mensaje: “Boletos para el cine. Terror puro. Puedo abrazarte si te da miedo. Mañana a las nueve. Puedes conducir.” Ruedo los ojos. Cínico. Y, sin embargo, una sonrisa se dibuja inevitablemente en mis labios. Intento manten

