Subo los escalones uno a uno, sin dejar de pensar en lo que acabo de oír. ****** —¿Por qué tenemos que venir disfrazadas así? —Hazel me mira de arriba abajo con una mezcla de diversión y reproche, mientras se ajusta la bufanda que le cubre la mitad del rostro. —Porque no quiero que me reconozcan —respondo, ajustando la gorra y las gafas oscuras que me cubren media cara. —Ya sabes cómo es la prensa cuando huele un apellido Saint-Claire. Hazel resopla con dramatismo. —Lo dices como si fuéramos estrellas de cine y no dos chicas que parecen sospechosas huyendo de un atraco. —Exactamente —murmuro, intentando contener una sonrisa nerviosa. Le pedí que me acompañara al hospital a ver a Xander, aunque todavía no estoy segura de haber hecho bien. Han pasado dos días desde el accidente, y la

