—Ven, vamos a que comas algo, o antes de que ella despierte vas a colapsar. Sé que no podré pasar bocado, pero tengo que esforzarme o de lo contrario, es verdad que también terminaré en una cama de hospital. Me ayuda a ponerme de pie para seguirlo. Tomo mi bolsa, la que había dejado en la banca y busco mi teléfono. Aún no hay llamadas de Desmond. Ahora soy consciente de que no puedo apoyarme en él. A fin de cuentas, es mi madre, no la suya. Es mi problema, y no le corresponde estar a mi lado siempre. Suelto un gran suspiro y lo vuelvo a guardar. En este momento me doy cuenta de que estoy sola pero al menos, Roger está a mi lado o de lo contrario, ya me habría derrumbado. ***** A la mañana siguiente, después de la revisión de rutina, la doctora me informa con voz tranquila

