Conocí el camino

679 Words
La mano se abrió paso entre sus nalgas y se encaminó a su v****a. Metió un dedo mojado por su saliva y cuando vio que había espacio, metió el otro. Ella se sorprendió de que lo hiciera tan suavemente, como pidiendo permiso. Alguien la violaba gentilmente. sin quererlo, empezó a lubricarse, y cuando él sintió que el camino estaba preparado, acercó su m*****o lentamente y le abrió más las piernas, apoyando parte del cuerpo de ella en el pupitre. La sostuvo de la cabeza para evitar que se diera vuelta a ver de quien se trataba. Ella ni siquiera intentó gritar. Aunque lo hiciera, nadie vendría en su ayuda. El recreo duraba unos veinte minutos y el aula quedaba sola en el segundo piso. Todos iban a la sala VIP a comer panecillos, sandwiches o frutas y jugaban un rato al pool o simplemente charlaban. El que sea que estaba intentando meterle algo en su v****a por la forma en la que le iba abriéndola sabía esto. Era obvio que era alguien del colegio, un alumno...o un maestro!!!  Él iba preparándola para que pudiera recibir su gran pene. Notó lo estrecha que ella estaba ahí abajo y por eso le llevó más tiempo del que pensaba. En realidad, no lo había pensado. Simplemente se dio la oportunidad. Hace tiempo que la deseaba pero sería una vergüenza decírselo a sus amigos o que las demás chicas del colegio lo vieran con ella. Sabía que si se lo proponía ella no aceptaría porque ella no hablaba con nadie. Desde el día que la vio por primera vez hubo algo que no podía describir ni entender que le pasó con esa muchacha de grandes anteojos y siempre despeinada. Caminaba por los pasillos en silencio y agachada la cabeza mirándose los pies. No miraba a nadie, mucho menos a él. Eso le molestó un poco, no conocía a ninguna que se resistiera a sus encantos. Se sorprendió que ella empezara a mojarse lentamente a medida que introducía más y más sus dedos. También le pareció extraño que no se resistiera, pensó que debía amordazarla en un primer momento si empezaba a gritar, pero ella estaba en silencio. Igualmente se sorprendió que estuviera esperándola a ella, pensaba embestir y salir corriendo antes que ella lo viera, pero una vez allí, al oler su cabello y la piel de su cuello quiso detenerse. Pudo palpar el cuerpo de ella debajo de la ropa ancha que siempre usaba y se sorprendió porque su cintura era pequeña y anchas sus caderas. Había mucha carne en sus nalgas y estaban firmes al tacto. Se enloqueció con la suavidad de su piel y creció su lujuria cuando la tocó abajo. Había tocado a muchísimas allí, pero esta le pareció que era especial, se dió cuenta que nunca antes ninguna mano anduvo por ahí y se sintió un ladrón además de violador, pensó. Pero poco podía pensar en realidad, esa muchacha lo traía loco. Intentó varias veces contactarse con ella sin que nadie lo notara pero era inútil pues nunca se juntaba con nadie y él siempre estaba rodeado, así que solo se conformaba con verla de lejos. No iba a ninguna fiesta que hacía ni participaba de ningún evento. Se convirtió en una obsesión para él, se levantaba eyaculando por las mañanas después de tener sueños eróticos con ella. Sabía que tenía que hacer algo antes de enloquecer de todo. Por eso empezó a estudiar sus movimientos y se dio con que nunca salía al recreo largo. Se quedaba sola en el salón de clases leyendo sus libros o escuchando música con auriculares. Sería la oportunidad perfecta para sacarse las ganas locas que tenía. En un momento de lucidez, optó por detenerse. No quería lastimarla y por un momento quiso que ella también lo sintiera a él. — ¿Puedes sentirme? — le dijo impostando la voz en su oído. — ¿Q-quien eres? — preguntó con un hilo de voz. — ¡Contesta! — le dijo tironeándole un poco los cabellos. — S-si...puedo sentirte... — le dijo temblando. 
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