Es algo muy sencillo...¿adónde fuiste?

708 Words
Maia estaba nerviosa sentada en el hall de espera. Se sorprendió al no ver a las demás aspirantes al puesto. En su experiencia laboral siempre tuvo que luchar con una tanda de mujeres que como ella solo buscaban progresar y abrirse paso en la vida. Ella sabía lo que era esforzarse al máximo...no sólo por lo laboral sino porque tenía muchas más responsabilidades que la mayoría de chicas de su edad. Volvió a revisar la convocatoria con miedo de haberse equivocado de fecha y hora. No, en efecto, era ese mismo día y a esa hora. Aún faltaba un minuto, se dijo...pero nadie llegaría tarde a una entrevista laboral tan importante. Pasaron otros quince minutos antes de escuchar su nombre en la voz de la secretaria pelirroja y sexy sentada detrás de la mesa de entrada. —Señorita Low, sígame por favor. El señor Nigel la espera. Sintió escalofríos cuando escuchó ese apellido. El señor Nigel tenía fama de ser muy estricto con sus empleados. Decían que con su voz podía paralizar a cien personas en una sala y su presencia era temible. Se acomodó los anteojos de montura negra y se alisó la falda que aún usaba dos dedos por debajo de la rodilla, solo que esta era de un estilo más moderno y de un color más vivo que las que usaba cuando aún estudiaba. A pesar de la experiencia vivida en el pasado, no cambió mucho, no permitiría que un tipo cualquiera que ni siquiera conocía le trastocara la vida. Por supuesto que se la cambió de una manera que ella jamás imaginó, pero su esencia seguía siendo la misma. La secretaria le hizo un ademán de que pasara a la oficina. Había un hombre parado de espaldas con las manos cruzadas que miraba por el gran ventanal que tenía vista a la mejor zona de la ciudad. —Hola, Maia —le dijo dándose vuelta. —Hace tiempo que no nos vemos... Ella quedó muda. Era la primera vez que se quedaba sin palabras en una entrevista. Con que este Nigel sería su jefe. Pensó que tal vez estuviera en alguna isla afrodisíaca revolcándose con una rubia con tetas plásticas. Nunca se le pasó por la cabeza que fuera el "señor" Nigel. —Hola, Josh. No esperaba encontrarte. Pensé que el señor Nigel era tu padre. —Y así es...pero la secretaria aún no se acostumbra a tutearme. Tal vez le falte un poco de intimidad conmigo para que aprenda, ¿no te parece?  —le dijo con sorna.  Ella se ruborizó. Siempre supo que él era un patán con las mujeres...y pensar que hubo un tiempo en el que soñaba con él... —Al parecer sigues siendo la misma Maia del instituto, ¿verdad? —le dijo de repente, sacándola de sus ensoñaciones. —Y yo pensé que estaba aquí por motivos laborales, "señor" Nigel...no para que me contara chistes —le dijo molesta, con el ceño fruncido pero aún colorada.. Él aprovechó para mirarla más de cerca. Ya había visto sus ojos aquel día que chocaron en el pasillo cuando él se dirigía tarde a un entrenamiento y ella iba toda cargada con libros. Y se le quedaron grabados para siempre. Ahora observó la forma de su boca, de su nariz, de sus pómulos. Lo hizo descaradamente mientras ella buscaba un pañuelo en su bolso para limpiarse las finas gotas de sudor de su frente. —Bueno, entonces nos concentremos ahora en lo que nos convoca, señorita Low...¿o debo decir señora? —le preguntó al pasar. —Señorita para usted, señor Nigel —le dijo sin levantar la mirada y resaltando el "señor". Ya se sentía molesta por la forma en que él la miraba a la cara. Sabía que tenía muchos defectos por lo que no le gustaba que se detuvieran a observarlos, en cambio, desviaba la atención en sus ocurrencias brillantes y charlas amenas. Sabía que debía compensar la falta de gracia física con la intelectual, aunque había aprendido que a los hombres eso no les interesaba. —Esta es la propuesta de trabajo, señorita Low. los horarios, la paga y las tareas asignadas. Puedes analizarlas y darme tu respuesta mañana a primera hora.. —le dijo altaneramente.
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