Maldigo mientras voy caminando, moviéndome un poco para esquivar a las parejas de baile, a los idiotas que me desean conquistar y por lo mareada que estoy, no es mucho pero si, ya el alcohol está comenzando a hacer efecto. Y si se preguntan qué fue lo que sucedió conmigo, pues bueno, el maldito con el que bailaba y con quien estaba diciendo terminar mi noche, tiene los mismos ojos que el hijo de puta de Alexander y no, no podía seguir ahí. O bueno, ojos parecidos porque como los de Alexander, no los tiene nadie, al menos así yo lo creo. Niego con la cabeza al darme cuenta de que he vuelto a pensar en él. En el baño me refresco, arreglo mi maquillaje, vestimenta y cabello para volver a la barra a beber un poco más, ya que al parecer, esta noche no conseguiré lo que ando buscando y eso

