Alice observó a cada uno de los líderes presentes mientras el hombre de cicatrices la evaluaba con una mezcla de curiosidad y escepticismo. Su corazón latía con fuerza, pero su rostro permanecía inquebrantable. Sabía que no podía mostrar miedo o duda, no frente a aquellos que decidirían el destino de su manada. —Así es —respondió Alice con firmeza—. Soy Alice, y venimos aquí para advertirles del peligro que enfrentamos todos. Gerard no solo es una amenaza para mi manada, sino para cada uno de los presentes. Si no nos unimos, caeremos uno por uno. El líder de cicatrices, llamado Fenrir, cruzó los brazos sobre su pecho, su postura rígida y desconfiada. A su lado, otros líderes observaban en silencio, esperando que él tomara la palabra. —¿Y por qué deberíamos creerte? —preguntó Fenrir, su

