Benedict Cavendish La rabia es un ácido concentrado que me quema las venas, un veneno n***o que me ciega hasta convertir mi visión en un túnel de color carmesí. Mis manos, crispadas en puños, tiemblan con una intensidad que apenas logro contener. Savannah está frente a nosotros, desnuda, un lienzo expuesto a nuestra absoluta voluntad. Siento el aire denso, cargado con el rastro metálico de nuestra intimidad, pero eso no basta. Nada basta. La sola idea de que otro hombre, ese tal Emmanuel, se haya atrevido a mirarla, a desearla, a intentar reclamar una atención que es exclusivamente nuestra, me hace querer incendiar los cimientos de esta mansión. Lo vi en sus ojos en el restaurante. No era una cita casual; aquel sujeto tenía hambre, una hambre voraz que yo reconozco porque es la misma q

