1.3

1451 Words
Tyler salió a la misma hora de siempre rumbo a la escuela. Se montó en su motocicleta, una hermosa Yamaha V-Star 650 Classic de color dorado y se colocó unas gafas oscuras. En la parte trasera de su asiento estaba amarrado su casco n***o con blanco que había usado sólo una vez desde que su madre lo obligó a comprarlo luego de ceder a que usara esa máquina de muerte, pero el 46 lo odiaba así que lo usaba si su mamá estaba viéndolo y casi siempre, como en esa ocasión, no había nadie en la casa por lo que encendió el motor y avanzó por las calles. Su escuela estaba a veinte minutos, él podía llegar incluso en cinco si se lo proponía, pero ese día se colocó los audífonos y llegó a la escuela treinta minutos tarde. Aparcó la moto debajo de la sombra de un árbol, frente a la entrada de la escuela, se echó la mochila escasa de libretas y libros al hombro y entró con paso tranquilo. Por los pasillos había algunos chicos que lo felicitaban por su trabajo en el último partido, pero la mayoría sólo lo ignoraban. La maestra de su primera clase ni siquiera notó cuando el pelinegro se acomodó en una de las bancas de en medio, la señora estaba demasiado ocupada escribiendo problemas en el pizarrón, ecuaciones que a ningún alumno le importaba responder correctamente y que a ella tampoco le importaba, pues al terminar el ciclo todos los reprobados eran transferidos a mejores escuelas que esa. Durante la clase, Tyler platicaba con los chicos alrededor de su banca sobre el partido, no consideraba a ninguno de ellos como su amigo, tan sólo eran personas que hacían su existencia universitaria algo más tranquilo y fácil de sobrellevar. — ¿No te preocupan los daños de ese chico? Escuché que fue a dar al hospital, dicen que aún no lo dan de alta. Rivera se encogió de hombros. —Era mi trabajo evitar que llegara a la zona de anotación. A demás, este deporte es así. —Vaya, no me gustaría encontrarme contigo en una situación igual. — ¿Y qué vas a hacer ahora? — preguntó otro—Dicen que van a eliminar el equipo porque la mayoría se va a ir. —No hay nada qué hacer. Sinceramente, es un alivio. Necesito tiempo libre para mí, sin las prácticas todo sería mejor. Y Tyler no mentía, era muy perezoso y tener que practicar por las tardes le causaba un increíble malestar. Si deshacían el equipo entonces su padre no podría culparlo porque él no había renunciado, eso era algo que estaba fuera de su poder. Se saltó un par de clases para quedarse en la cafetería escuchando música. No importaba mucho si entraba o no porque el nivel de aquella escuela era de los peores. A Rivera no le gustaba estar ahí pero no tenía otra opción. Allison tenía que ir a una escuela especial, una muy costosa que consumía casi todo el dinero que sus padres tenían y por eso el pelinegro no tenía muchas escuelas a cuáles ir. A la hora de la práctica dejó su mochila en uno de los casilleros mientras se colocaba el equipo necesario. Los demás chicos seguían hablando del último partido y de como todos se irían a escuelas mejores, con equipos que pudieran ganar los encuentros. El maldito 46 les seguía la corriente porque él no se iría nunca de ahí, lo había aceptado hacía mucho tiempo. Durante la práctica apenas ocupaba su fuerza para taclear a los contrarios, era difícil tomarse en serio el entrenamiento cuando sabía de antemano que no llegarían de nuevo a la final. Lo único que no podía comprender era por qué el entrenador se concentraba tanto en él, era a quien le daba más lugares dentro del juego amistoso y le exigía que se concentrara mientras todos los demás platicaban cerca de las bancas. Cuando terminó el entrenamiento Tyler fue el último en cambiarse la ropa. Le gustaba más la tranquilidad del gimnasio cuando no había ningún chico escandaloso diciendo chistes pervertidos sobre las porristas de otras escuelas. —Parece que tienes fuerza, chico— dijo el hombre que estaba recargado en los casilleros. Rivera dejó de amarrarse las agujetas para mirarlo. Usaba un traje n***o y parecía ser una persona amable. —La necesaria— respondió desinteresado regresando a su tarea. — ¿Te gusta estudiar aquí? —No es la mejor escuela— se encogió de hombros— pero supongo que si. — ¿Y qué hay del equipo? ¿Te gusta jugar con ellos? — ¿Qué es todo esto? — se levantó y tomó su mochila— ¿Eres alguna clase de policía? El hombre rió. —Lo siento, soy Dante Villanueva — extendió su palma, Tyler dudó antes de estrecharla— se podría decir que soy el representante de Los Lobos Azules. — ¿Pasa algo con ese chico? No es mi culpa si está herido, sólo hacía mi trabajo. —Tranquilo, Tyler. Lucas está bien, no es por eso que estoy aquí. — ¿Entonces? — ¿Te gustaría ser transferido a ese equipo? — ¿Qué? —Nos gustó mucho como jugaste el partido anterior y nos encantaría en tenerte con nosotros—Rivera lo pensó un momento, esa era una de las mejores escuelas del país, pero era demasiado costosa y él no podía darse ese lujo —tendrías una beca escolar completa—eso llamó la atención del chico—sólo tendrías que mantener un buen promedio y jugar como lo hiciste en ese partido. Seamos sinceros, este equipo va a desaparecer pronto y ¿No sería un alivio económico para tu familia? Considerando la situación de tu hermana pequeña. — ¿Cómo sabes eso? —Es mi trabajo saberlo— dio una palmada en su hombro— piénsalo, Tyler. Tienes un gran futuro por delante, no lo desperdicies aquí— se dio la vuelta y comenzó a caminar. — ¿Hasta cuándo puedo responder? —Mañana preséntate en la dirección a las ocho en punto, te estaré esperando ahí. Buena noche, Tyler. El pelinegro no contestó. Salió de la escuela conduciendo con calma, no podía creer que eso de verdad estaba sucediendo. Ser transferido a una escuela mejor con una beca completa le parecía algo demasiado bueno para ser verdad. Aunque no todo era perfecto, él odiaba las cosas nuevas, odiaba tener que llegar a una nueva escuela, con nuevos compañeros que ya se conocen entre ellos, odiaba cambiar lo que ya tenía seguro por algo nuevo, pero era una grandiosa oportunidad. Y ese hombre tenía razón, sería un alivio económico para sus padres. Aparcó la moto al frente de la casa y le colocó el candado en la llanta delantera. Cuando entró lo recibió el aroma de la carne asada que su madre preparaba en la cocina. En la sala la televisión encendida era ignorada por Ángel y Allison que estaban sentados entre los sillones con tazas de plástico. A excepción de las voces procedentes de la tele, todo estaba en silencio, era uno al que estaba acostumbrado, uno que incluso le traía paz. — ¿Qué hacen? — preguntó a los pequeños cuando dejó la mochila en el sillón junto con la chamarra. —Estamos tomando té— respondió Ángel. "Mira, Tyty. Te hice un té especial de arándanos con zarzamora" Allison le entregó una taza rosa vacía. Tyler fingió que tomaba algo de su interior y luego sonrió sorprendido. "Sabe muy bien" —Llegas tarde— dijo su madre sin enojo. —Perdón. —Ayúdame a preparar la mesa— Rivera asintió y la siguió de vuelta a la cocina. Su mamá se ocupaba de cortar pan mientras el chico sacaba los platos del estante superior. — ¿Mi pa va a llegar tarde? —Sí, llamó hace rato diciendo que tenía trabajo pendiente el 46 volvió a asentir. —Ma, me ofrecieron una beca completa. — ¿Qué? — ella se detuvo y lo miró— ¿Quién? —Un sujeto de parte de los Lobos Azules, al parecer les gustó como jugué y me quieren en su equipo. — ¡Tyler, eso es fantástico! — su mamá lo abrazó y besó su mejilla— Tu padre va a estar orgulloso de ti. El pelinegro volvió a asentir y llevó los platos a la mesa. Cuando terminaron de cenar regresó a su habitación, arrojó la mochila al suelo junto al montón de ropa. Deshizo la enorme esfera de cobijas para poder taparse y se quedó horas imaginando cómo serían las cosas en un futuro. Pero nunca imaginó lo que pasaría en realidad.
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