Mercedes llevó el borde de la copa de vino a sus labios y bebió un sorbo con gesto pensativo. —Siento que esta gente me mira como un bicho raro, y claro eso es algo que me tiene sin cuidado, pero… ¿no te importa que te vean en mi compañía? —preguntó, enfocando sus ojos en los de Miguel—, observa a tu alrededor, esas mujeres son muy elegantes, y yo… Miguel interrumpió su preocupación tomando suavemente su mano. —¿Crees que si me importara el qué dirán te habría traído a este lugar? —cuestionó, mientras su mirada se perdía en los enormes y preciosos ojos color del café que la hacienda producía—. Tú eres una mujer maravillosa, sin poses e hipocresía, eso me fascina. El corazón de Mercedes dio un vuelco, pero decidió abordar el tema que la inquietaba. —Miguel, sé que nos estamos conociend

