Miguel se tuvo que ir a sus cosas después de almuerzo. Nosotros nos fuimos a la casa, yo estaba cansada y quería acostarme. Además, estaba triste. Miguel había conversado muy cordial, nos reímos y todo eso, pero, en forma personal, no dirigió su atención hacia mí en ningún momento, como si no hubiese pasado nada entre él y yo. Daniel intentaba subirme el ánimo y Martina creo que no sabía muy bien lo que hacer, me dio la impresión de que le molestaba la actitud de su hermano y a la vez, no le molestaba tanto la actitud de su primo. ―¿Miguel no te dijo nada? ―me preguntó mi amiga por la noche. ―No, no, ¿por? ―Porque pensé que podría haberte llamado, haber hablado contigo, por último los dos solo, cuando nos adelantamos con Daniel. ―No, no me dijo nada. De hecho, cuando se fueron para

