En la siguiente parada, volví a cambiar de automóvil, pero esta vez, nadie se cambió de coche. Carlos se subió al asiento del conductor, Rossana a su lado y yo quedé entre Daniel y Julieta, quien parecía feliz de sentarse conmigo. ―Pareces enojada ―me dijo Daniel al rato. ―No. ―No me mientas, no a mí ―suplicó. ―Nada. Lo hablamos más tarde. ―¿Te dijeron que te fueras con ellos a su casa? ―inquirió Carlos. ―Sí. ―¿Y? Me di unos segundos de silencio y tomé aire. ―Les dije que no, que Daniel me había abierto las puertas de su casa y que no le iba a dejar ahora. Además, yo voy a trabajar en el fundo de ustedes y nada que ver que yo viva en otro lado. ―Si quieres ir a vivir con ellos, por mí no es problema. ―Pero dime, Daniel, si yo fuera otra persona, supongamos que tú hubi

